Al margen - Enero 2018

Al margen - Enero 2018

Mucho se habla de redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, pero poco se mencionan aquellas que están enfocadas a la investigación científica. ResearchGate, con más 11 millones de usuarios, y Academia.edu, con 36 millones, son ejemplos de redes sociales que se dedican exclusivamente a facilitar la investigación a nivel mundial. En ellas, los investigadores pueden publicar sus artículos, hacer estadística sobre éstos y rastrear qué personas los citan, en aras de estrechar la colaboración mundial. Recientemente se lanzó ScholarlyHub, una opción que asegura no tener fines de lucro, aunque cobrará membresías de 25 euros al año para poder sostenerse. Este precio parece alto cuando se compara con ResearchGate, pues éste no cobra, pero es relativamente bajo comparado con Academia.edu, que cobra, como mínimo, 1,000 pesos al año para tener acceso a la búsqueda completa de artículos.

 


 

El uso educativo de las realidades virtual (RV) y aumentada (RA) ha crecido considerablemente durante los últimos años. En la Rush University en Chicago y en la Case Western Reserve University se está utilizando la RV para que los alumnos practiquen cirugías que no impliquen un riesgo. De manera similar, el Southwest Virginia Community College usa la RA para practicar la investigación de escenas criminalísticas y la Pennsylvania State University simula virtualmente caminatas por sembradíos, donde los alumnos de agronomía se pueden ir familiarizando con el aspecto de plantas enfermas. Es claro que estas nuevas tecnologías tienen aplicaciones que van más allá de los videojuegos.


 

Los MOOC (massive open on-line course) son cursos muy populares; sin embargo, hay que tener en cuenta sus límites. Esta forma de enseñanza, al ser dirigida a una gran cantidad de personas, tiene contenidos estáticos: videos pregrabados, lecturas ya establecidas y exámenes pensados con anterioridad. El problema es que la educación, en este momento, se está pensando como generadora de habilidades y no como dadora de conocimiento. En ese sentido, los MOOC fallan, pues es esencial la interacción humana para la adquisición de aptitudes. Pensemos, por ejemplo, en la adquisición de idiomas. Para el correcto aprendizaje de una lengua, el alumno debe ir construyéndola por medio de su uso; debe ir reconociendo las intenciones de otro hablante y esforzarse por hacerse entender: debe habitar la lengua. Aquí es donde la instrucción masiva y genérica se encuentra con sus límites.

 


 

Ashok Goel es profesor de ciencias de la computación en el Georgia Institute of Technology. Mientras que su clase presencial cuenta con un par de docenas de alumnos, la versión en línea de su curso tiene más de 400 estudiantes. Las dudas que éstos tienen por semestre ascienden a unas 10,000, afirma Goel. La situación era insostenible para él y sus asistentes, por lo que creó una inteligencia artificial para que le ayudara a resolver las dudas más sencillas. Se llama Jill Watson y actualmente ayuda a Goel en ambos cursos.

 


 

Para promover la educación en línea las escuelas públicas del condado de Horry en Carolina del Sur han impuesto un sistema de compensación para los profesores, el cual consiste en hacer que la paga de los maestros esté en función del número de alumnos que finalizan los cursos. Edi Cox, director ejecutivo del programa, afirma que este modelo de compensación ha sido bien aceptado por la comunidad académica. Sin embargo, debería tenerse en cuenta que muchas veces la deserción de los alumnos no se debe al mal ejercicio de la docencia, sino a la negligencia estudiantil. Los profesores ahora serán responsables por la mala actitud que tengan algunos de sus alumnos.

 


 

Internet es una herramienta muy útil. Antes, si uno tenía una duda, la respuesta se encontraba al consultar un libro especializado o un diccionario, ya sea que estuviesen en el hogar o en una biblioteca. Ahora basta con hacer una búsqueda en internet y encontrar una fuente confiable para solucionar el problema. Sin embargo, esta inmediatez que surge con el internet también tiene implicaciones negativas. Plagiar se ha hecho una práctica común y sencilla desde el boom de las tecnologías de la información. De acuerdo con un estudio del Centro Internacional para la Integridad Académica, de 70,000 alumnos de preparatoria, 58% acepta haber hecho plagio. Más aún, la profesora de la Universidad de Notre Dame, Susan Blum afirma que 68% de sus alumnos universitarios admitieron “cortar y pegar material de internet sin ningún tipo de citación”.

 


 

 En estos días, la investigación puede hacerse más eficientemente gracias a la existencia de internet. Antes los investigadores tenían que realizar odiseas en búsqueda de un texto en específico que era fundamental para su trabajo. Estas largas indagaciones han disminuido gracias a la existencia de las bases de datos, las cuales contienen miles de publicaciones y artículos académicos. Hay algunas que son multidisciplinares, como Springer Link; otras que se dedican sólo a una rama del conocimiento, como PhilPapers, u otras que se caracterizan por sólo tener publicaciones en un idioma, como Dialnet. Algunas cobran la descarga del documento y otras son completamente gratis. Pero generalmente todas tienen convenios con universidades para que a sus alumnos no se les cobre. Gratis o no, sin duda facilitan la investigación.

 


 

 La compañía india Educational Initiatives comenzó a desarrollar un programa en línea de aprendizaje adaptativo en 2009 llamado Mindspark. Actualmente, posee un banco de 45,000 preguntas sobre matemáticas y lenguaje divididas en 10 niveles. La aplicación va aprendiendo de las respuestas que va proporcionando el alumno, de manera que si reconoce que el pupilo está incurriendo en un error en particular, entonces le recomendará ejercicios específicos que remedien la problemática. En una investigación hecha por Karthik Muralidharan, Abhijeet Singh y Alejandro Ganimian se encontró que el progreso de estudiantes que habían usado la aplicación durante cuatro meses y medio era superior a cualquier otro método utilizado en países pobres. Cabe mencionar que este método es económico en relación con otros, por lo que podría ayudar a reducir la brecha en la educación que existe entre los países de escasos recursos y las naciones ricas.

 


 

Tiene razón Javier Soto Nadal, ex ministro de Educación de Perú, cuando afirma que la implementación de las TIC en la educación no consiste sólo en poner computadoras en colegios; además, los profesores deben estar capacitados, se tiene que preparar material educativo y deben crearse comunidades virtuales.

 

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Revista El Mundo del Abogado