¿Cuáles son los retos de la educación superior en México?

¿Cuáles son los retos de la educación superior en México?
Encuesta Rafael Vidal

Rafael Vidal

Coordinador general de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior.

 

El gobierno federal estableció (creo que acertadamente) dos grandes metas para la educación superior (ES) en el Programa Sectorial de Educación 2013-2018 (PSE). Estas metas son las siguientes: la de cobertura, que fue fijada en 40% de cobertura bruta al grupo de edad de 18 a 22 años, y la de calidad, establecida en 72% de estudiantes inscritos en programas reconocidos por su buena calidad. Estas metas corresponden, a mi juicio, a dos de los tres principales retos que hoy por hoy enfrenta el sistema educativo mexicano en el nivel superior. En mi opinión, de estas dos metas del PSE una se va a lograr (cobertura de 40%) y la otra no se va a lograr (72% de matrícula en programas reconocidos por su buena calidad). El reto de la cobertura seguirá y un nuevo gobierno deberá establecer una meta en este sentido (¿ahora será 50%?). El desafío de la calidad también continuará y la meta probablemente será la misma. Además, será necesario establecer una meta en el rubro de pertinencia.

En mi opinión, los retos actuales de la educación superior son los siguientes.

Primero: cobertura

La primera condición de la calidad de un sistema educativo es, sin duda, la cobertura. México tenía en 1950 alrededor de 32,000 estudiantes en educación superior y en 1960 apenas rebasaba los 50,000. El país ha hecho un esfuerzo muy grande y ha pasado de esos números tan exiguos a más de cuatro millones de estudiantes matriculados en la ES en la actualidad; sin embargo, la matrícula actual representa apenas 36 o 37% de cobertura bruta al grupo de edad de 18 a 22 años. En otros países la cobertura a ese grupo de edad es de más de 50% y en algunos países avanzados esas cifras pueden llegar hasta 70%. Dado que la absorción de jóvenes que terminan sus estudios de bachillerato en la educación superior es de más de 80%, esto quiere decir que una cobertura mayor no es posible, en parte debido porque muchos jóvenes no logran terminar el ciclo inmediato anterior (educación media). En este sentido, es necesario reducir la deserción en secundaria y en bachillerato para que más jóvenes terminen el ciclo previo a la ES y, al mismo tiempo, producir una mayor oferta de ésta en todo el país.

Segundo: pertinencia

Las instituciones de educación superior (IES) deben ofrecer una educación que a los jóvenes egresados les permita insertarse en el mundo del trabajo, ya sea porque son contratados en empresas o instituciones privadas y públicas ya establecidas o, mejor aún, con las capacidades para convertirse en emprendedores. Las IES no solo deben ofrecer la formación en las competencias idóneas para que eso ocurra sino que deben mostrar a las partes interesadas (estudiantes, padres de familia, gremios profesionales y la sociedad en general) que han hecho los estudios y las investigaciones adecuadas para demostrar que efectivamente los programas que ofrecen son pertinentes en sus propósitos y en sus contenidos.

Tercero: buena calidad

En México hay más de 30,000 programas de educación superior; sin embargo, actualmente sólo un poco más de 4,000 cuentan con una evaluación reciente y vigente (menos de cinco años). Esos poco más de 4,000 de ES tienen una matrícula que apenas rebasa 50% de la población inscrita; es decir, la mitad de la población de ES se encuentra en programas de los cuales no sabemos su calidad (probablemente no muy buena). Es un reto encontrar los caminos para garantizar que una gran proporción de los estudiantes se inserten en programas de buena calidad.

 

Encuesta Adrián de Garay

Adrián de Garay Sánchez

Profesor investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, de la que fue rector (2005-2009).

 

México sigue siendo un país que no logra avanzar consistentemente en la ampliación de su cobertura educativa si se le compara con países del mismo o menor nivel de desarrollo en América Latina. Este tema requiere una evaluación y el diseño de una política nacional, porque la apuesta por las universidades tecnológicas y politécnicas, así como por la Universidad Virtual de la Secretaría de Educación Pública, ha mostrado sus limitaciones como opción educativa para atender la creciente demanda. Y muchas de las instituciones privadas de atención a la demanda, además de su cuestionable calidad, ya llegaron a su límite de absorción porque la población no puede pagar sus costos.

Por lo anterior es necesario:

  • Aumentar la cobertura de becas de manutención, así como el monto de las mismas para la población estudiantil de escasos recursos.
  • Los mecanismos de evaluación de la calidad de los programas educativos deberían someterse a una evaluación nacional para transitar a una evaluación de carácter institucional y no por programas, considerando con más precisión la diversidad y la heterogeneidad de las instituciones y ampliando los indicadores con los que se mide la calidad.
  • Construir una política de Estado de financiamiento a la educación pública que sea más equitativa entre los estados y las instituciones, con presupuestos multianuales que den certeza a las instituciones.
  • Desarrollar estrategias articuladas y eficaces para impulsar nacionalmente la vinculación de la investigación científica, humanística y tecnológica con las necesidades del desarrollo nacional con responsabilidad social.
  • Establecer una política general nacional para la renovación de la planta académica y para una jubilación apropiada del personal académico de tiempo completo.

 

Encuesta Carlos Fernández Collado

Carlos Fernández Collado

Profesor investigador del Instituto Politécnico Nacional. Fue rector de la Universidad de Celaya (2000-2010).

 

A partir del inicio de este siglo se ha ido extendiendo por América Latina y el Caribe una reflexión sobre lo que es y lo que debe ser la educación superior, sobre su razón de ser y sobre sus asuntos prioritarios. Las visiones cortoplacistas de la universidad se han aminorado, dando paso a un pensamiento renovador, crítico y de mayor aliento. Con la restauración de la democracia en la región, la preocupación de la universidad por su reputación se convierte en una tendencia de suma importancia. Las IES comienzan a gestionar sus intangibles, buscando alinear sus valores con los de la sociedad en la que actúan para intentar lograr un equilibrio entre su razón de ser, el poder político, el medio ambiente, la estructura económica y social, la tecnología y la generación y aplicación social del conocimiento. Se sitúan, por decirlo de alguna manera, en el “más allá”, sin ignorar el “más acá”. Interrogan al orbe volteando a ver las obras puramente locales que, en ocasiones, sólo son residuos de construcciones o “destrucciones” anteriores.

La reputación universitaria constituye el concepto más emergente de las IES actuales. La reputación es tanto el fruto del cultivo del conocimiento en su más amplia acepción como de un comportamiento socialmente responsable donde la reflexión sobre sí misma y sobre la sociedad en su conjunto constituye la tarea esencial. Las universidades reputadas suele disponer de una amplia matrícula estudiantil, mejores docentes y programas de estudio, creciente participación de inversión pública y mayor participación del sector privado, del mismo modo que despiertan una cierta atracción emocional entre sus alumnos y profesores o entre aquellos que aspiran a serlo.

La reputación universitaria requiere una amplia dimensión axiológica traducida en una normatividad clara y autorregulada que garantice la coherencia institucional, las mejores prácticas en materia de enseñanza e investigación, la equidad y la inclusión y, por último pero no menos importante, la proactividad en la gestión reputacional.

Más allá del bricolaje innovador y de la reforma inacabable, que carecen de un plan previo, considero que en la actualidad la reputación es uno de los conceptos educativos más importantes porque nos ayuda a revalorizar los activos intangibles de las IES, que son los más, fortalece la vida universitaria y consolida la responsabilidad social de las instituciones de educación superior tanto públicas como privadas.

 

Concepción Barrón Tirado

Concepción Barrón

Profesora investigadora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

El gran reto es la falta de utopías para la formación del ciudadano del siglo XXI, en el marco de una sociedad permeada por la inequidad, la segregación (por sexo, clase social, etnia y capacidades), la exclusión (negación de otras culturas), la naturalización de ambas y los reduccionismos.

Es menester la recuperación de un paradigma humanista, lo que implica depositar la confianza en los seres humanos y la búsqueda de alternativas para abatir la pobreza y la desigualdad social y cultural. Entre las acciones significativas de los educadores se encuentran la reflexión y el análisis en torno de lo que sucede en su contexto y el compromiso y el respeto por la dignidad humana.

Según Tünnermann, “las universidades, desde sus proyectos educativos, y comprometiendo todo su quehacer docente, de investigación y de servicios, deben contribuir al diseño consensuado de verdaderos proyectos de nación, que permitan una inserción favorable en el contexto internacional e influyan en la promoción de una globalización capaz de superar el paradigma neoliberal imperante”.1

Se requiere:

  • Contribuir a la identificación de las principales oportunidades, amenazas, fortalezas y debilidades del desarrollo en la región y de las localidades y desarrollar estrategias de transformación, así como establecer vínculos entre la universidad y las empresas para acelerar la transferencia de conocimientos.
  • Modificar los modelos tradicionales de universidades y diversificar los sistemas de educación superior.
  • Flexibilizar los currículos e impulsar la formación centrada en el aprendizaje.
  • Generar sistemas de evaluación con base en procesos y no en resultados.
  • Recuperar las tecnologías de la información en las diversas modalidades.
  • Consolidar una cultura digital.
  • Instrumentar una mayor vinculación con la sociedad a través de programas de extensión universitaria, con la participación de estudiantes y profesores para intervenir y participar en las acciones de salud, educación y divulgación.
  • Finalmente, se requiere del compromiso y la participación de todos los actores involucrados en los diversos procesos educativos.

 

1 Carlos Tünnermann Bernheim, La autonomía universitaria frente al mundo globalizado, UDUAL, Santo Domingo, República Dominicana, 2005, p. 34.

 

Encuesta Juan Carlos Silas

Juan Carlos Silas

Profesor-investigador del ITESO.

 

Los retos de la educación superior en México son tres:

  1. Relevancia. Que la formación que se da en las aulas universitarias tenga una alta concordancia con las necesidades de la sociedad en general. No sólo con una parte (industria) sino que se centre en los problemas que aquejan a la sociedad: salud, contaminación, educación ciudadana, pensamiento crítico, seguridad, etcétera.
  2. Cobertura. Que se incremente la cantidad de jóvenes (y no tanto) que asisten a la educación superior a formarse. Esto se relaciona con lo anterior: si la educación superior es relevante socialmente, las decisiones y las estrategias individuales y colectivas (familiares) de seguro se orientarán más hacia la participación en los estudios terciarios.
  3. Producción de conocimiento. El papel de la educación superior debe trascender la instrucción y orientarse a la generación de conocimiento (que posteriormente se difundirá).

Estos tres retos son enormes. Las inercias institucionales se convierten en grandes obstáculos pero no son insalvables.

 

Encuesta Carlos Ornelas

Carlos Ornelas

Profesor de educación y comunicación en la UAM Xochimilco.

 

Hay muchos tipos de universidades y cada una tiene su personalidad y su perspectiva propias. En términos generales, pienso que el problema principal sigue siendo la calidad de la enseñanza y los aprendizajes de nuestros estudiantes. Esto último tiene que ver con cómo vienen preparados a la universidad. Hay estudiantes de maestría con faltas de ortografía, con desventuras numéricas, con rezagos y deficiencias que tenemos que subsanar con talleres de lógica, lectura, redacción y composición, porque la tarea no se hizo en el bachillerato, porque tampoco se hizo en la secundaria. Tenemos entonces un problema severo de calidad y el reto principal es cómo subsanar, en el corto plazo, las deficiencias con que llegan nuestros estudiantes. Otro problema es cómo reclutar a profesores más competentes, porque si bien es cierto que en grandes universidades federales hay concursos de oposición y se toman en cuenta las calificaciones académicas, siguen prevaleciendo en muchas instituciones de educación superior los favoritismos y los compadrazgos. Otro reto es disminuir los índices de abandono o deserción, que son muy altos. Muchos estudiantes descuidan los estudios por necesidades económicas, contexto familiar y falta de preparación anterior. Pero otros, por la falta de pertinencia que encuentran en lo que estudian, así como por las fallas de los docentes que dan clases aburridas y presentan un alto índice de ausentismo. Los estudiantes se quejan con razón, porque los profesores no leen sus trabajos ni los motivan. Desde luego éste es un tema tabú, porque hablar mal de los profesores universitarios es un pecado. Éstos, pues, son los desafíos: equidad, calidad y formación magisterial.

 

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Revista El Mundo del Abogado