¿Cuáles deben ser los límites de los sindicatos docentes en cuestiones educativas?

¿Cuáles deben ser los límites de los sindicatos docentes en cuestiones educativas?

 

Javier Loredo Enríquez

Profesor-investigador de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

 

En estos días en que los sindicatos están fuera del tintero, y como consecuencia de la propuesta de ley del actual gobierno, en el marco de la Cuarta Transformación, se está buscando su democratización y hacer evidente la libertad de asociación y de expresión en su seno. Desde su nacimiento, los sindicatos del magisterio han sido un medio de defensa de los derechos de los trabajadores de ese sector, aunque sería deseable que en estos cambios ahora trabajen de manera clara y objetiva reconociendo esa delgada línea que separa los derechos de las obligaciones, que separa la defensa de causas justas de la defensa a ultranza de hechos que no representan la vida ética y legal de un sindicato. Esa falta de claridad ha dañado la honestidad y ha deformado y desvirtuado la función del sindicalismo. Reconozcamos y apoyemos a los sindicatos verdaderamente democráticos y representativos que luchan por el bien del magisterio con base en principios humanistas, solidarios, legales y éticos.

 

Emiliano González Blanco

Profesor de la Maestría en Dirección de Instituciones Educativas en la Universidad Panamericana.

 

Desde finales del siglo pasado y hasta la fecha los sindicatos han perdido poder en México y en el mundo. Una gran excepción es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que no sólo conservó su poder sino que lo incrementó de manera significativa.

El gobierno cedió implícitamente su responsabilidad al sindicato y la política educativa quedó en segundo lugar respecto de los intereses laborales del magisterio y de sus líderes. Con el derecho de picaporte en los Pinos y con una potente capacidad de veto, el sindicato impidió y neutralizó todo intento de mejorar la educación en el país.

El SNTE tiene una función fundamental: velar por sus agremiados en todo lo que tiene que ver con sus derechos laborales, pero no posee ni atribuciones legales ni una responsabilidad en el diseño, la implementación y la evaluación de la política educativa. Artificialmente, el sindicato se posicionó como el interlocutor de los maestros en temas meramente técnico-pedagógicos cuando en realidad deberían ser precisamente los maestros quienes asumieran ese papel.

Sin lugar a dudas, los maestros deben participar en la política educativa, pero no como trabajadores de la educación, representados por su sindicato, sino como profesionales de la educación expertos en el tema. Para ello, lo que falta es pensar en otro tipo de arreglo o de organización. Un Colegio de Profesionistas de la Educación, por ejemplo, con reglas verdaderamente efectivas para mantener separados claramente los ámbitos de intervención. Un buen ejemplo son los médicos, quienes tienen sindicatos que los representan en sus temas laborales, pero también cuentan con colegios profesionales para todos los temas técnicos de su profesión.

Infortunadamente, con el empoderamiento que la actual administración y la nueva legislación le dan al sindicato, la política educativa seguirá ocupando un lejano tercer lugar detrás de la política laboral y de la política electoral.

 

Roberto Rodríguez Gómez Guerra

Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM

 

El sindicalismo magisterial acompañó, brindó legitimidad y condiciones de operación a las políticas educativas posrevolucionarias. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación surgió bajo el auspicio del Estado y funcionó como engrane del gobierno en materia educativa. El sindicato operó como corporación al servicio del Estado, pero también viceversa. Esta trama simbiótica entró en conflicto al modificarse las condiciones que le dieron razón de ser. Una nueva forma de relación la remplazó: transita de una imbricación orgánica entre sindicato y autoridad, a una solución de alianza pactada durante los gobiernos de Acción Nacional. En el sexenio anterior, marcado por el retorno del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia, se experimentó un modelo distinto, que buscaba acotar el dominio sindical sobre el control del sistema. Lo anterior dificultó las transformaciones previstas, aunque propició el diseño de reformas de mayor calado, con el costo, sobre todo político, de erosionar el sistema de relaciones entre el productor de las políticas y la agencia tradicionalmente encargada de las condiciones de implementación: el sindicato. Además, brindó espacio para la consolidación de fracciones sindicales disidentes con la capacidad de oponerse frontalmente a los nuevos diseños de cambio educativo emergentes, como ha sido el caso de la resistencia a la evaluación docente abanderada por la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación. En el nuevo gobierno se requiere construir renovadas fórmulas de interacción con el magisterio, que no se limiten al diálogo y a la negociación con la representación sindical. Si eso no ocurre, el objetivo de rectoría del Estado en la educación volverá al territorio de la retórica y las buenas intenciones.

 

Alpha Guillermina López Alanís

Profesora de la escuela primaria Rafael Ramírez de Monterrey, Nuevo León

 

Al hablar de límites entre autoridades sindicales y docentes se podría entender como un “hasta aquí”; pero es importante que este binomio educativo mantenga lazos tanto para velar por las condicionales laborales como para ser voz de la profesión docente; una mancuerna en beneficio de la educación. Es de suma importancia que mediante la gestión sindical se busque proporcionar las herramientas necesarias y óptimas para que los docentes desempeñen sus funciones. Considerando que la labor docente está en manos de profesionistas, y que éstos pertenecen a una red institucional, es importante que se otorgue la libertad de ejercicio dependiendo de los factores (geográficos, culturales, etcétera) o las necesidades que se vayan presentando durante su carrera, ya que el docente es el vínculo directo con los educandos; por lo tanto, ese arraigo le permite identificar las debilidades y las prioridades de aquéllos. Si bien es deber de la autoridad educativa vigilar y garantizar el cumplimiento del artículo tercero constitucional, también es deber del gremio exponer la realidad educativa, ya que el trabajo del docente se refleja en el aprendizaje de los alumnos.

 

Patricia Neri Islas

Directora de la escuela primaria Primero de Mayo en Valle de Chalco, Estado de México

 

Dada la importancia de ser parte integrante de un sindicato y de la función docente que desempeño, es importante señalar que una de las funciones del sindicato no sólo es gestionar las condiciones laborales de sus agremiados, sino la tutela de los intereses de los trabajadores que representa con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida y laborales.

El sindicato debe buscar en todo momento homogeneizar las prácticas, las políticas y la investigación educativa, promover la defensa de la escuela pública y exigir que el Estado cumpla con sus obligaciones en materia educativa. También es necesario que actúe ante cualquier medida en que se perciba un sentido que soslaye el aprendizaje integral de los estudiantes.

Sin embargo, como en todo sistema, la democracia debe ser la condición de su existencia; por lo cual es necesaria una base jurídica que garantice todos esos derechos y garantice en todo momento prácticas como las siguientes: impedir la permanencia de líderes sindicales por largo periodos; pactar o convenir de manera personal con el gobernante en turno; impedir que el movimiento sindical sirva a una amplia variedad de beneficios materiales, organizativos y políticos; eliminar la influencia política para no responder únicamente a los intereses del partido en el poder; no restringir el proceso competitivo para adquirir una plaza ni permitir la venta de plazas; dejar de presentarse ante el gobierno como instrumento para el control de los maestros agremiados; no poner a gobernar a quien no esté legitimado para eso. Los sindicatos deben pelear por los trabajadores y el gobierno por el interés general.

 

Nadia Leonor Gutiérrez López

Profesora de la escuela primaria Benito Juárez de Cuatro Ciénegas, Coahuila

 

El sindicalismo ha sido un gran actor en la defensa de las condiciones en que los profesores realizan su trabajo y confiamos a él la defensa de diversos factores, desde laborales hasta educativos. El límite de las funciones del sindicato, entre temas educativos y temas laborales, es una línea muy delgada, ya que la mejora de las condiciones de trabajo está directamente asociada a los procesos y a los materiales para promover el aprendizaje de los alumnos. El único límite que no debe pasarse es la libertad de cátedra con que cada docente se desempeña en el aula. En este sentido, el sindicato debe llevar a la autoridad educativa las necesidades del magisterio y ser puente para la solución de sus problemas. Por otra parte, debe permitir a las autoridades realizar propuestas educativas para que los docentes realicemos nuestro trabajo; el mejor trabajo que hay: lograr que las personas sean buenas, con valores y aptitudes de alta calidad.

 

 

Arturo Evencio Velázquez González

Vicepresidente del Colegio Nacional de Economistas

 

El papel del sindicato consiste en revisar las facultades que se le otorgan y a partir de allí coadyuvar en la revisión del modelo educativo y saber si es pertinente llevar a cabo una evaluación. Pero debemos reiterar que, si ésta se lleva a cabo, antes debe tener un diagnóstico fundamental.

Creo que la opinión de los sindicatos debe darse en el tema laboral y en el académico, fundamentalmente. La evaluación debe tener indicadores de carácter técnico, y no debe combinarse con la actividad política, porque eso hace que un elemento clave, que es la evaluación, finalmente se politice, y se vuelva sesgada; esto es, que no sea objetiva.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación podría aportar mucho, por medio de sus propuestas, para mejorar la evolución y, principalmente, la calidad educativa. Sin embargo, creo que en la instrumentación y en el diseño de la política educativa en el SNTE se ha politizado la actuación en el tema del modelo educativo. De allí la trascendencia de separar la parte política de la parte académica, sobre todo para que los indicadores de evaluación sean objetivos y no con carácter faccioso.

Aún no se visualiza el futuro de la reforma educativa, porque al día de hoy no existe un diagnóstico objetivo de la reforma anterior, ni tampoco un dictamen imparcial del nuevo modelo educativo en relación con la calidad.

 

Óscar A. Zapata Zonco

Coordinador de la maestría en administración y políticas públicas del Instituto Politécnico Nacional

 

Al hablar de las políticas educativas es fundamental analizar el nivel y el desarrollo de las prácticas docentes que existen en el país. Y a partir de allí se deben establecer grupos de trabajo que permitan implementar cambios y modificaciones, pero siempre en coordinación con los docentes, nunca desde un escritorio con base en políticas educativas que los maestros no entienden y que quieren imponerles.

Se necesita que en este país se produzca una verdadera reforma educativa. No como la que impulsó Enrique Peña Nieto, que tuvo más visos de una reforma laboral punitiva.

Además, no puede existir una reforma sin un diagnóstico adecuado de los procesos educativos. Por carecer de ese diagnóstico, las políticas educativas del sexenio anterior tuvieron un carácter globalizador e imperialista. Por otro lado, en la cultura posmoderna la política de la globalización ha sido de un perfil positivista lamentable.

 

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