Claudia Masferrer

Migración, desigualdad y políticas públicas

Claudia Masferrer

 

Con una amplia trayectoria académica que abarca desde las matemáticas aplicadas, la estadística y la demografía, hasta las políticas públicas, Claudia Masferrer, coordinadora del Seminario de Migración, Desigualdad y Políticas Públicas de El Colegio de México, tiene una sólida formación que le ha permitido analizar a profundidad el fenómeno migratorio, un campo de estudio que implica un enfoque multidisciplinario y en el que México —a diferencia de lo que sucede en Canadá y Estados Unidos— tiene una tarea pendiente al momento de implementar mecanismos de inserción educativa para los niños que provienen de otros países.

 

  

El Mundo de la Educación aborda en este número el tema del niño migrante y su escolaridad. Por eso te hemos pedido esta entrevista. Háblanos del seminario que coordinas. ¿Cuándo empezó? ¿Cuál es su propósito?

La migración es un tema central que define a El Colegio mismo desde su fundación, gracias a la acogida que se dio a refugiados españoles y al intercambio que se inició entre México y España. Por otro lado, otro estamento de constante estudio y preocupación ha sido el de la desigualdad y la inequidad. Más recientemente, con la creación de la Red de Estudios sobre Desigualdades (bajo la Coordinación General Académica) buscamos tener una plataforma que retome la larga trayectoria de trabajos en estudios sobre desigualdades educativas, sociales y de género, pero enfocado en tres áreas específicas: migración, trabajo y desigualdad socioeconómica. Por ello, la Red alberga el Seminario de Migración, Desigualdad y Políticas Públicas, que yo coordino; el Seminario de Desigualdad Socioeconómica, coordinado por Patricio Solís, así como el Seminario de Trabajo y Desigualdades, coordinado por Carlos Alba. Todos estos espacios, motivados desde la presidencia de El Colegio de México, buscan el diálogo y el debate alrededor de estos temas.

En el caso del seminario que yo coordino, organizamos coloquios, presentaciones de libros, congresos y entrevistas a expertos donde justamente se discute el tema migratorio con especialistas de distintas áreas. Estoy convencida que, en los temas migratorios, si se busca entender un problema, uno no se puede quedar en una sola área del conocimiento. El seminario busca justamente comprender diferentes dimensiones asociadas a la migración y a la desigualdad, cómo se intersectan desigualdades económicas, demográficas, laborales y educativas, entre otras, dentro del fenómeno migratorio. Además, buscamos comprender cómo las políticas públicas pueden disminuir o ampliar las desigualdades, ya que las políticas públicas muchas veces tienen efectos en ambas direcciones.

 

En su avance en la comprensión de este fenómeno, ¿han llegado a tener un impacto en las políticas públicas de México y de Estados Unidos?

El seminario funciona formalmente desde enero de 2017, y creo que hasta ahora no hemos tenido un impacto tal cual en las políticas públicas, pero sí esperamos que este diálogo sirva para tener más conocimiento y para generar otros documentos y evaluaciones enfocadas a la política pública.

En el seminario tenemos un consejo consultivo formado por dos profesores internos y dos profesores externos; además, en El Colegio de México contamos con un cuerpo académico en migración con profesores del Centro de Estudios Demográficos Urbanos y Ambientales, del Centro de Estudios Sociológicos, del Centro de Estudios Históricos y del Centro de Estudios Económicos.

Reitero, pues, que el seminario es un espacio de diálogo entre académicos y expertos en temas de migración, con actores tanto de organizaciones civiles como tomadores de decisiones desde el gobierno. A partir de este debate se generan publicaciones y notas sobre migración y desigualdad. También participamos en el “Informe sobre desigualdades de México 2018” de El Colegio de México.

Es muy importante tener conocimiento de lo que ocurre. Cuando uno piensa en migración y desigualdad hay muchas aristas; por un lado, hay quienes ven la migración como una causa de desigualdad; por otro, hay que preguntarse hasta qué punto la desigualdad genera migración. Por ejemplo, en el tema de la migración de retorno de Estados Unidos a México lo que se asumía es que habría una reducción en la desigualdad de ingresos entre retornados y no migrantes. Esta ventaja relativa de los que regresaban con los que no tenían experiencia migratoria se ha perdido. Lo que se busca es un cierre de brechas, una reducción de la desigualdad, para lo cual necesitamos precisar el contexto al que regresan los migrantes y apuntar a que sean un motor de desarrollo con oportunidades económicas.

 

Mientras más estudias el tema, se torna más difícil…

Sí, más complejo, pues depende de los contextos específicos. En Estados Unidos el debate sobre migración y desigualdad es distinto a la discusión que nosotros tenemos aquí; cuando uno piensa en las implicaciones de la falta de papeles en la población mexicana indocumentada, vemos claramente que es una fuente de desigualdades educativas, pero también económicas y sociales. Es un tema muy amplio que exige estudiar muchas dinámicas asociadas a la migración. Por ejemplo, no es lo mismo regresar a un área rural que a un área urbana o metropolitana. Es muy diferente la experiencia de un niño que retorna con sus padres a una comunidad rural, donde las redes de apoyo funcionan de una manera, que al regreso y la inserción educativa de un niño a Ciudad Nezahualcóyotl.

 

¿Qué más podrías decirnos acerca de la educación del niño migrante?

Es un tema fascinante porque define a una población verdaderamente binacional. En muchos casos es una población que nació en Estados Unidos y que ahora está en el sistema educativo mexicano; también es una población que incluye a niños que nacieron en México pero que ahora regresan después de una experiencia con el sistema educativo estadounidense. Yo estudio la migración de retorno desde hace 10 años y he visto desde entonces que hay grandes cambios en el componente familiar y educativo.

La migración de niños está fuertemente asociada a la migración de sus padres, donde el flujo de niños de Estados Unidos a México está relacionado con el tipo de retorno de sus padres. Puede ser voluntario, con familias que regresan a nuestro país después de cumplir cierto objetivo. O puede ser involuntario, ya sea por deportación o por dificultades económicas. De cualquier manera, regresa una población que llevaba mucho tiempo viviendo allá y que, cuando llega a México tiene dificultades para insertarse laboralmente, encontrar casa y trabajo, reconectarse con la familia y los amigos, con niños llegando a las escuelas en un contexto muy complicado para sus padres. Niños que han interrumpido su trayectoria escolar en Estados Unidos. Son binacionales y retornados a México y a una escuela a la que se deben adaptar. Se trata de una población heterogénea, tanto por al lugar donde regresan, como por la particular situación de sus padres, o por el nivel educativo al buscan matricularse, pues hay retorno de niños pequeños, de niños de primaria y hasta de estudiantes con high school, que buscan cursar una licenciatura.

 

¿Se ha acrecentado esta situación con las políticas del presidente Trump?

En las administraciones de Bush y Obama fueron deportados más de dos millones de mexicanos; más de los que hasta ahora ha echado esta administración. Sin embargo, Trump ha generado muchísimo miedo en la población mexicana con impacto considerable en sus prácticas cotidianas. Desde 2008 hemos observado un aumento de población que regresa a México por desempleo y crisis económica.

 

Pero, en general, ¿qué problemas adviertes para los niños y los jóvenes sobre el cambio de país para proseguir sus estudios?

El gran problema es la falta de conocimiento del español escrito. Quizá lo hablan con sus padres, pero no saben escribir en español, porque ellos tomaron clases en inglés; entonces regresan y tienen dificultades de aprendizaje por la barrera del idioma. Por un lado, se han quitado barreras institucionales burocráticas como el requisito de la apostille en los certificados de niveles cursados, que antes exigía el sistema educativo mexicano para inscribirse. Pero aunque este obstáculo se ha quitado para facilitar el acceso, estamos viendo problemas importantes en cuanto a la enseñanza y el aprendizaje. Quizás los profesores no saben muy bien qué hacer con el niño que acaba de llegar, que no habla muy bien español o que lo habla pero no lo escribe, y que además no sabe de historia ni de geografía de México.

Además, hay problemas de discriminación asociados con la deportación, y otros relacionados con la integración laboral, económica y social de sus padres. Todo lo anterior afecta a los niños y a los jóvenes. Por eso necesitamos comprender los problemas del entorno al que regresan y las dinámicas que interfieren en la trayectoria escolar de los niños. Éstas varían de acuerdo con las distintas experiencias de adaptación de los padres; desde dónde vivir, si van a rentar o a regresar a la casa a la que mandaban dinero. Los escenarios son muy complejos, pues cuando los padres no tienen cartas de recomendación, ni cuentas de banco, hay complicaciones para la obtención de un trabajo. Esto es muy difícil porque muchas veces las familias llegan sin ahorros a entornos que no conocen. Por eso recalcaría que la inserción educativa se da en un contexto complicado, donde influye mucho la reintegración de sus padres.

 

Pareciera que es más fácil ingresar al sistema educativo de Estados Unidos que al sistema educativo mexicano. ¿Es así?

Hasta cierto punto sí. Los hijos de indocumentados en Estados Unidos van a la escuela con menos problemas; tenemos el caso de los dreamers, de los que se ha hablado mucho en la migración de retorno. Son jóvenes que en muchos casos ya cuentan con high school o con grados universitarios. A veces no se entiende por qué llegaron a graduarse de la universidad si no tenían papeles, y es que, en realidad, para el sistema educativo de allá no se necesita demostrar un estatus migratorio para poder ingresar a la escuela. Incluso hay condados que tienen escuelas donde se imparte educación bilingüe porque hay población hispana. Estados Unidos se ha asumido como un país de emigrantes, con mecanismos de inserción educativa para los niños que vienen de otros contextos. En México hasta ahora no tenemos esto para alumnos que vienen de fuera. Quizás porque los retornados están dispersos por el territorio mexicano y en términos de números se torna difícil darles clases especiales o cursos de regularización, como sucede en Estados Unidos y en mayor grado en Canadá, donde se prevé para ellos un periodo de adaptación inicial y de inmersión en el idioma.

 

Cuéntanos de Canadá, donde tengo entendido que estudiaste tu doctorado.

Mi trabajo de investigación doctoral fue sobre la intersección de familia y migración en Canadá, que explora diversas dimensiones de la relación entre familia y migración, y los diversos procesos de adaptación de los inmigrantes. Me interesaba entender a Canadá como destino, pues estamos acostumbrados a enfocarnos principalmente en la migración de México a Estados Unidos, cuando Canadá es el país con la tasa de migración más alta del mundo, con 20% de su población nacida en el extranjero. Ese país tiene políticas migratorias de integración; no sólo de selección para decidir a quién darle residencia permanente, sino que concibe al migrante como un ciudadano con plenos derechos que se tiene que integrar a la sociedad canadiense. Me interesé por este modelo de integración desde que terminé de estudiar la maestría en Estados Unidos, en la Universidad de Texas en Austin. Creo que ahora es un buen momento para tratar de estudiar estos tres destinos —México, Estados Unidos y Canadá, incluido Centroamérica— y desde luego la migración de retorno a México. Hay mucha discusión sobre el intercambio comercial entre los tres países norteamericanos, pero el intercambio de población y el tema migratorio en las negociaciones del TLCAN es más bien como la piedra en el zapato.

 

¿Qué política o práctica de los canadienses podríamos emular en México?

El sistema de integración canadiense está basado en el multiculturalismo y en celebrar la diversidad. Esta idea no sólo aparece en el discurso, sino que está asociada con el presupuesto para apoyar la integración de los migrantes; va desde organismos que apoyan a los migrantes desde su llegada, con clases de inglés o de francés por un año, con beneficios para los empleadores que contratan a un migrante que acaba de llegar. También existen mecanismos en la burocracia canadiense que apoya a los recién llegados para informarles sobre lo que se requiere para realizar ciertos trámites.

Me duele mucho cuando veo en redes sociales que algunos mexicanos resienten la llegada de los retornados, porque piensan que les van a quitar empleos, en un contexto donde hay pocos empleos y bajos salarios. Sin embargo, sin generar más desigualdades, sí hay que aprovechar estas experiencias y sus conocimientos. Los mexicanos que regresan tienen hijos que también son mexicanos y poseen los mismos derechos laborales, sociales, educativos y de salud; no podemos excluirlos. Es absurdo no aprovechar todo lo que aprendieron.

 

¿Qué opinas de la idea dar trabajo a jóvenes que retornan a México, como profesores de inglés en la escuela pública?

Puede ser una buena idea, pero más bien habría que hacerlo al revés. Primero precisar bien qué oficios, qué habilidades y qué conocimientos adquirieron para ver dónde pueden desempeñarse mejor, sin reducirnos a pensar que como hablan inglés pueden ser maestros.

 

Si pudieras aconsejar a quienes toman las decisiones en este país, ¿qué recomendaciones harías para afrontar mejor los desafíos que has mencionado?

Creo que tenemos que repensar a la migración considerando a México como un país de retorno y donde los migrantes traen un bagaje y unas experiencias que pueden beneficiarnos y de las que podemos aprender. Debemos ser tolerantes en relación con las diferencias de estos mexicano-estadounidenses. Si pensamos sólo en lo negativo, no vamos a poder adaptarnos. La población inmigrante en México, los retornados de los que hemos hablado en esta entrevista, en su mayoría nació en Estados Unidos, y de éstos, 80% es menor de edad. Tenemos entonces que el flujo de Estados Unidos a México formado por menores es el más grande de la migración de norte a sur, con 500,000 niños estadounidenses viviendo en México.

 

Ante estas cifras, ¿crees que la Secretaría de Educación Pública debería tener una oficina dedicada al tema de la escolaridad del niño migrante que retorna a México?

Sí, pero no lo limitaría a los niños retornados que vienen de Estados Unidos, sino a todos los nacidos en el extranjero que vienen al país y se integran al sistema educativo mexicano. Y no sólo en la SEP, sino también en otras dependencias. El problema es que México no ha asumido su papel de receptor de migrantes y no tiene muchas estadísticas del lugar de nacimiento de los migrantes, porque no se pregunta. Si acudimos a las estadísticas de la Secretaría de Salud, no sabemos si los atendidos son mexicanos o no. Es cierto que en su mayoría deberían serlo, porque sólo 1 por ciento de la población que vive en México nació en el extranjero. Para generar políticas públicas es necesario conocer las estadísticas.

 

Finalmente, ¿cuál es la mejor aportación del Seminario en Migración, Desigualdad y Políticas Públicas de El Colegio de México?

Estudiar interdisciplinaria y longitudinalmente el proceso migratorio; es decir, seguir por varios años al migrante desde sus lugares de origen hasta sus lugares de destino. El estudio de las dinámicas familiares y de las dinámicas de grupos y las relaciones étnico-raciales. La aportación de ser puente de encuentro multidisciplinario, diálogo de metodologías; por un lado, la cuantitativa, la estadística aplicada a problemas sociales, y por otro, nutriéndonos del trabajo cualitativo que se hace desde la etnografía, la antropología y otras áreas que nos permitirán entender a fondo la trayectoria migratoria, familiar y escolar, de los migrantes, lo que viven cuando están en Estados Unidos y lo qué pasa a su regreso a México.

 

 

Para saber más

 

 


 

 * Directora de Posgrados, Escuela de Pedagogía, Universidad Panamericana campus México.

 


 

Claudia Patricia Masferrer León es doctora en sociología por la McGill University de Montreal, Canadá, maestra en ciencias en estadística por la Universidad de Texas en Austin y licenciada en matemáticas aplicadas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Se ha desempeñado como subdirectora de Metodologías de Medición de la Pobreza en el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social y analista en la Dirección General de Geoestadística y Padrones de Beneficiarios de la Secretaría de Desarrollo Social. En 2015 realizó una estancia como investigadora posdoctoral en el Institut National de la Recherche Scientifique - Centre Urbanisation Culture Société (INRS-UCS) en Montreal, Canadá.

Sus líneas de investigación se centran en la intersección de la migración, la integración de inmigrantes y las dinámicas familiares, y en cómo las políticas públicas median estos procesos. Es miembro y coordinadora temática del proyecto de investigación Central American–North American Migration Dialogue (CANAMID), miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), nivel I, y profesora-investigadora en el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México desde enero de 2016.

  

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