Enrique Cabrero Mendoza

Innovación: ruta para el desarrollo de México

Enrique Cabrero Mendoza

 

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) es un organismo público descentralizado del gobierno federal mexicano dedicado a promover y estimular el desarrollo de la ciencia y la innovación en nuestro país. Su director general nos habla de los desafíos para articular una política nacional en ciencia y tecnología, y del crecimiento de programas a su cargo, tales como el Sistema Nacional de Investigadores y las Cátedras para Jóvenes Investigadores.

 

 

Durante su periodo 2012-2018, ¿qué logros le gustaría destacar?

Hay logros importantes de los que creo nos tenemos que sentir satisfechos, aunque seis años no son suficientes para concluir proyectos tan ambiciosos. Se lograron cosas interesantes, fundamentalmente porque tuvimos mucho apoyo del gobierno federal; en particular, el presidente se involucró de lleno en la agenda de ciencia y tecnología. Para un director del Conacyt el escenario ideal es que un presidente esté interesado y tener un presupuesto mayor.

Los logros que considero más relevantes son: el programa de Cátedras para Jóvenes Investigadores, el programa de fondos para la investigación sobre problemas nacionales y la creación de consorcios de investigación.

 

¿Qué son las Cátedras para Jóvenes Investigadores?

Es un programa muy innovador porque rompió con esquemas administrativos rígidos, ya que en este país los investigadores pertenecen a las instituciones, son parte de sus plantillas y de su nómina. Con una idea bastante audaz, se buscó que el Conacyt contratara directamente a jóvenes investigadores muy destacados en todos los campos del conocimiento, lo cual nos permitió identificar los talentos más importantes, y permitirles dedicación a la investigación, incluso contratados con mejores condiciones de las que les ofrecen las universidades.

Esto rompió con un mito que hay en la academia mexicana y en otros países, en el sentido de que un científico primero tiene que hacer labores de asistente durante varios años y posteriormente puede tener su propio laboratorio, o ser líder de un grupo y generar sus grandes aportaciones, ya que se ha demostrado que las grandes ideas de los científicos se generan entre los 30 y 40 años. En contraste, la academia, atendiendo a una lógica administrativa, tiende a sobrecargar a los investigadores jóvenes con labores administrativas, justo cuando es el momento de mayor creatividad y genialidad del individuo. El programa nos ayuda a dos cosas: primero, a dar oportunidad a los jóvenes investigadores en México; segundo, a aprovechar sus mejores años de productividad sin que las instituciones los sobrecarguen de tareas administrativas. Este esquema ha sido bien recibido por la comunidad, y aun cuando el número de jóvenes investigadores no ha sido tan espectacular como hubiéramos querido por razones presupuestales, vamos a cerrar el sexenio con más de 1,500. Esperemos que este programa siga creciendo y tengamos científicos de alto rendimiento para el futuro inmediato.

Numeralia cátedras 

También mencionó el programa de fondos para la investigación sobre problemas nacionales…

Así es. Con la convocatoria Atención a Problemas Nacionales, que fue un poco provocadora, buscamos que los científicos atendieran los grandes problemas de la nación: medio ambiente, desarrollo y energía sustentable; en salud, obesidad y diabetes, adicciones a las drogas; educación de alta calidad y reorganización de las metrópolis.

Los temas generaron una respuesta muy interesante de la comunidad; la particularidad de la convocatoria para propuestas de investigación es que no basta con crear un paper para una publicación de los resultados, sino que éstos deben presentarse a un grupo de tomadores de decisiones sobre el problema que hay que resolver.

 

¿Y los Consorcios de Investigación?

Nos permitieron generar sinergias y enfoques mucho más multidisciplinarios con proyectos específicos. Más que crear más centros de investigación Conacyt que requerirían mucha inversión en infraestructura, se invitó a que los ya existentes trabajaran juntos en sus líneas de investigación o en problemas nacionales, generando así mayor conocimiento.

Numeralia Consorcios de Investigación 

¿Qué me puede decir en cuanto al tema del presupuesto? ¿Se concretó la promesa de triplicarlo de 0.45% del PIB; se acercó a lo que se deseaba, esto es, 1%?

Ése es uno de los temas en el que evidentemente no logramos avanzar como teníamos pensado, pero hay que analizar este asunto por partes. Primero, el esfuerzo del gobierno federal: nunca un gobierno había invertido tanto.

Al principio del sexenio decíamos que si lográbamos que el gobierno duplicara su inversión y que el sector privado lo triplicara, podríamos estar llegando al 1%. El gobierno federal casi duplicó su inversión. Si sacamos el promedio de este sexenio veremos que fue el que más ha invertido en ciencia y tecnología; casi se duplicó del punto del que veníamos. Logramos en el mejor momento llegar a 0.54%, y al final volvimos a bajar: ahora andamos en 0.51 por ciento.

Numeralia Gráfica de presupuesto 

¿Qué se debe hacer para tener un mayor crecimiento?

Trabajar con una visión a largo plazo. En otros sectores de política pública los sexenios no estorban tanto, pero en el sector de la ciencia y la tecnología el asunto es más complicado. Para que un gobierno pueda tener una perspectiva clara de inversión en un sexenio tendría que tener una visión de 15 a 20 años, y entonces sí se daría cuenta de que no puede disminuir el financiamiento, porque no es el promedio de un sexenio lo que importa, sino el lugar al que queremos llegar en el futuro.

Esta visión de futuro también debe compartirla con otras instancias; por ejemplo, con el sector privado. Creo que ha incrementado el clima de entendimiento entre instancias como el Conacyt, el foro consultivo, la academia de ciencias y el sector empresarial. La Concamin tiene su iniciativa para la innovación y el desarrollo tecnológico; la Canacintra también ha trabajado mucho, al igual que el Consejo Coordinador Empresarial. Sin embargo, la inversión privada todavía no tiene el despliegue que debería tener.

Empero, logramos una combinación de instrumentos de política pública interesantes; por una parte, tenemos desde el Conacyt un programa de estímulos a la innovación en el que intervienen las empresas. En 2017 se logró introducir un programa adicional de incentivos fiscales, para que las empresas presenten su proyecto de investigación y desarrollo ante un comité del Conacyt y de la Secretaría de Hacienda que evalúa el proyecto de inversión y, si es aprobado, podría conseguir un crédito fiscal hasta de 30%. Pienso que al sector empresarial le serviría mucho que la ciencia y la tecnología tuvieran un plan a largo plazo, porque ellos también invertirían con más confianza.

Numeralia estímulos a la innovación 1 Numeralia programa de estímulos a la innovación

Esta vinculación entre gobierno y el sector productivo ciertamente es muy importante para el impulso de la investigación y la innovación…

Lo que nosotros necesitamos como país es que el sector privado nacional e internacional empiece a entender que México es un país mucho más que una mano de obra calificada y eficiente, y que realmente es un país que genera innovación, talento, nuevos productos, nuevos procesos y nuevas tecnologías, al que que vale la pena apostarle. Muchas veces empresarios nacionales se esperan a ver qué hacen las empresas internacionales en México; en este sentido hay buenas señales, pues al final del sexenio también hemos logrado centros de investigación y desarrollo tecnológico importantes que han traído empresas multinacionales; Audi trajo uno a Puebla; BMW uno a San Luis Potosí; Continental a Querétaro, así como 3M, Coca-Cola y General Electric.

 

En diversas entrevistas mencionó que quería incidir en la articulación de políticas nacionales para ciencia, innovación y tecnología. De los logros que nos ha platicado, ¿cuáles considera que continuarán siendo parte de una política pública?

Creo que todos, porque involucran redes institucionales; por ejemplo, en todo el tema de las cátedras están intercaladas aproximadamente 70 instituciones. En el tema de los problemas nacionales cada vez hay más expectativas tanto en el sector público como en el empresarial sobre los resultados que generen los proyectos. De igual forma, los consorcios están amarrados con gobiernos estatales, grupos empresariales y universidades nacionales y del extranjero.

Veo muy difícil que esto dé un paso hacia atrás; la misma comunidad científica es la que deberá preocuparse por que algunas de estas iniciativas se mantengan, como ha sucedido en toda la historia del Conacyt. Justamente al inicio del año el presidente Enrique Peña Nieto entregó la beca Conacyt número 400,000, y ese evento nos recordó a todos que esta institución, desde 1970, persiste en sus objetivos fundamentales. Creo que el Conacyt es una institución noble, estable y de continuidad.

Numeralia Mapa de México 

Si pudiera aconsejar al próximo presidente de la República y a su equipo de trabajo, ¿qué prioridades le señalaría para el tema de la ciencia, la tecnología y la innovación?

Estoy convencido de que hay que trabajar en incorporar una visión a largo plazo. Podemos ser muy creativos, pero debemos observar la evidencia, y la evidencia internacional es muy clara.

En Corea del Sur sus indicadores de crecimiento económico, de competitividad y de bienestar estaban muy por debajo de los de México hace 30 años, y hoy están muy arriba. Finlandia e Irlanda hace 30 años no eran las potencias que son ahora en liderazgo e innovación.

Historias de países emergentes que en 30 años lograron dar un enorme salto pueden enseñarnos mucho. Estamos en una economía del conocimiento, la cual abre enormes posibilidades a un país que invierte fuerte en conocimiento, que hoy en día se transforma en competitividad y en inversiones.

Lo que recomendaría para el próximo gobierno es que, ante la evidencia internacional, y con los avances y la infraestructura que tenemos, tenga una ruta clara de hacia dónde vamos en los próximos 20 años en materia de ciencia y tecnología, y darle continuidad a ese proyecto. Ninguno de los países que mencioné tuvo dudas; plantearon su objetivo y 30 años después están ubicados como potencias medias en materia de ciencia, tecnología y desarrollo económico a nivel mundial.

Necesitamos tener un liderazgo consolidado, ser un país que ofrece capacidad productiva no por sus salarios baratos sino por generar conocimientos e innovación.

En este año el presidente Enrique Peña Nieto se comprometió a enviar una iniciativa de reforma a la Ley de Ciencia y Tecnología para darle al sector una visión 20-30 y generar un documento transexenal que comprometa a los gobiernos con un proyecto de nación que por lo menos deje mayor claridad.

 

Como investigador, académico y ex director del CIDE, ¿imaginó los retos de estar al frente del Conacyt?

Creo que sí lo imaginaba. El tema de la política de ciencia y tecnología siempre me llamó la atención como objeto de estudio. Claro, nunca pensé que iba a tener la oportunidad de incidir en la acción, lo cual ha sido una gran responsabilidad.

La complejidad del sector la tenía muy clara; no fui ingenuo pensando que un plan se iba a lograr rápido. Confieso que cuando tuvieron lugar los ajustes presupuestales, el tema de qué hacer en el cierre de dos años donde todavía teníamos muchos proyectos innovadores fue un reto. Cuando vino el ajuste presupuestal tuvimos que reajustar y apresurar la consolidación de proyectos. No obstante, estoy contento. Ha sido una gran satisfacción y un honor dirigir el Conacyt.

 

Pese al recorte presupuestal, ¿qué otras tareas se pudieron cumplir?

Ahora estamos en los procesos de modernización de nuestros sistemas de registro; lo más cómodo hubiera sido dejarlo para el próximo sexenio, pero no quisimos eludir responsabilidades aunque estamos bajo el bombardeo de nuestros colegas. En la comunidad científica están molestos porque no les gusta el cambio, porque consideran que los sistemas no son suficientemente buenos. Sabíamos que tendríamos esas críticas. Responsablemente, sabíamos que debíamos dejar a un Conacyt lo mejor equipado posible para las funciones que tenga que desempeñar. Por ejemplo, una de ventajas de la captura del currículum vitae único (CVU) es que puede ser único en todo el país, es decir, que las universidades lo utilicen para hacer la valoración de sus investigadores y no tengan que hacer otro diferente.

En el tema de las becas, tuvimos ese apretón presupuestal que nos obligó a ser muy cuidadosos en su asignación y generó nerviosismo en la comunidad estudiantil; incluso hubo algunas manifestaciones; pero aún con el recorte presupuestal logramos seguir creciendo en el número de becarios y hoy tenemos más de 63,000 estudiantes becados activos en México y en el mundo. Ésta es una buena noticia para el sector.

Cada vez hay más demanda de jóvenes para hacer maestrías y doctorados, pero Conacyt sólo apoya los programas de alta calidad. Es una buena noticia, pero es una presión presupuestal muy fuerte. El Sistema Nacional de Investigadores llegó a 28,600 miembros: una cifra muy importante. Esto nos habla de gente que quiere hacer investigación de calidad; nuestro cálculo es que en los próximos 10 años seguirá creciendo la demanda por becas y el número de investigadores prácticamente se va a duplicar. El próximo gobierno tiene que estar preparado para que el presupuesto siga creciendo a un ritmo importante de 10 a 15% anual; si no es así, la sola demanda de becas se acabaría comiendo todo el presupuesto del Conacyt.

 

¿En su libro El diseño institucional de la política de ciencia y tecnología en México queda plasmada su experiencia de estos años?

Ese libro constituyó una reflexión de arranque. Ahora que voy a tener tiempo, quisiera dedicarme a hacer otro libro que recoja una nueva interpretación de lo que es la política pública en general. Haber estado en esta función me proporcionó un aprendizaje importante en términos personales. Por eso quiero generar una reflexión de la política en ciencia y tecnología en este país. Como un interés personal, quisiera que el Conacyt siga teniendo esta ambición de convertirse en el verdadero rector de la política en ciencia y tecnología. Creo que en un futuro se podría convertir en un organismo autónomo. Hay quienes dicen que el Conacyt debería ser una secretaría de Estado, pero eso sería lo peor que le podría pasar a este sector, porque se politizaría y quedaría atrapado en la lógica sexenal.

 

 

  


 

Enrique Cabrero Mendoza cursó la licenciatura en administración en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí; obtuvo la maestría en administración pública por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el Programa de Perfeccionamiento Pedagógico por el Centre d’Enseignement Supérieur des Affaires, Francia, y el doctorado en ciencias de gestión por la Escuela HEC, Francia.

Ha sido profesor-investigador de la División de Administración Pública del CIDE desde 1982, director de esta división, y director del centro de 2004 a 2012. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Investigadores Conacyt, nivel III.

Ha sido distinguido como Caballero en la Orden de las Palmas Académicas por el Ministerio de Educación Nacional de Francia; como miembro de la Academia Mexicana de Ciencias; como miembro del Consejo Nacional de la ANUIES, en representación de los centros públicos de investigación del país; como consejero del Instituto Mexicano para la Competitividad y como miembro del consejo directivo de: Woodrow Wilson Center de Washington, El Colegio de la Frontera Norte, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y el Centro de Investigación en Matemáticas.

 


 

 

* Directora de Posgrados e investigadora de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana.

 

 

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