José Antonio Lozano Díez

“El modelo actual de universidad necesita renovarse”

José Antonio Lozano Díez

El modelo de universidad como hoy la conocemos necesita renovarse, afirma en esta entrevista José Antonio Lozano Díez, rector general de la Universidad Panamericana y del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), al reflexionar sobre los antecedentes históricos de la universidad en la Edad Media, las funciones sustantivas que debe desempeñar en la actualidad y el papel de las instituciones privadas de educación superior en nuestro país.

 

¿Cuáles son las funciones sustantivas de la universidad?

La universidad es una institución que se crea en la época medieval, en Europa, como un espacio donde se dialogaba el conocimiento, pero no era propiamente un centro de formación profesional. Siglos después, la universidad napoleónica se vuelve un centro que se utiliza desde el Estado para la formación de las personas.

La otra función es la investigación académica. En las universidades se genera gran parte del conocimiento que hace prosperar a los países. Ahí surgen las ideas que permiten a una sociedad desarrollarse y dar saltos cualitativos en su modo de vivir. Educación e investigación son las dos funciones sustantivas.

 

En el escenario social y económico actual de nuestro país, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta la formación profesional? Tomando en cuenta que con frecuencia se menciona que determinadas carreras tienen una gran demanda y que se dejan de lado ciertas profesiones técnicas o especialidades que también son vitales para el desarrollo de un país.

En México y en el mundo hay un gran reto por lograr que los alumnos estudien las carreras que son más productivas para el país. Pero en México el reto es anterior. No es que haya muchos profesionistas solamente de una o de otra carrera, sino que esos profesionistas no están preparados para satisfacer las necesidades que demanda la sociedad.

Por mencionar un ejemplo, hace tiempo los despachos transnacionales de abogados en México padecían una severa crisis que les impedía encontrar pasantes. ¿Cómo era posible que en una carrera con tantos estudiantes no hubiera pasantes? Los despachos disponían de muy pocos candidatos que hablaran inglés y que tuvieran los conocimientos técnicos requeridos, y además eran pocos los que tenían la disciplina de trabajo necesaria.

Así que no basta con sólo mirar cuántos profesionistas se están formando en las universidades, sino que hay que ver si esos profesionistas están respondiendo a las necesidades del sector.

 

¿Considera que el esfuerzo podría hacerse en paralelo, es decir, que al tiempo que se procura un mejor nivel de los egresados, también se pueda apoyar aquellas carreras que no son tan socorridas en México?

Sin duda. Existe la necesidad de generar en los jóvenes una mayor claridad de orientación vocacional. He notado que muchas personas no tienen claro a los 18 años qué quieren ser. Es imposible que a esa edad sepan qué supone ser ingeniero o ser contador, y entonces se van con clichés que están alejados de la realidad. Por ejemplo, a muchos jóvenes les gusta estudiar la carrera de comunicación porque suponen que estarán en las pantallas y podrán volverse famosos.

En México escogemos una vocación que es para toda la vida a los 18 años. En Estados Unidos y en algunos países anglosajones existe un sistema mucho más sensato, en el cual los estudiantes escogen la carrera a los 22 o 23 años. Hay que construir un sistema educativo en el que se tome esa decisión más adelante.

 

5¿Por qué considera que es necesario que en México existan universidades privadas? ¿Cuál es la gran aportación de las instituciones privadas a nuestro país?

Desde el siglo XIX en América Latina padecemos una seria confusión cuando pensamos en qué es público y qué es privado. Por ejemplo: ¿la universidad de Oxford es pública o es privada? ¿Es del gobierno británico? ¿Es de Inglaterra? ¿Es de particulares? En realidad la Universidad de Oxford es de las asociaciones, que son los colleges que alimentan esa universidad. Lo público es superior a la disyuntiva que tenemos desde hace 200 años entre lo público y lo privado, como si lo público fuera solamente lo estatal y lo privado fuera únicamente de los particulares. Lo público es superior, el Estado y el gobierno sólo son una parte de lo público, y lo público tiene pretensiones mayores y supera lo meramente estatal.

Hecha esta aclaración, la educación que imparte el gobierno es muy importante; en el siglo XX prácticamente fue mayoritaria. Pero a mediados de los años noventa tuvimos una crisis y no había dinero para dotar a las universidades públicas. Entonces, a través de convenios administrativos el gobierno facilitó la creación de universidades privadas. Por lo tanto, en una cochera y con unos cuantos libros se podía hacer y se puede hacer todavía una universidad. Esto es lamentable. México es el país del mundo con más universidades.

No obstante lo anterior, las universidades privadas han hecho un gran papel en este país. Al día de hoy, uno de cada dos alumnos que estudian una carrera lo hacen en una universidad privada.

 

En ese sentido, ¿qué temas tienen pendientes las universidades privadas para ser más eficientes en la labor educativa?

Sin duda, la calidad de la educación. Hemos buscado que más personas accedan a la universidad descuidando la calidad. En México sólo tenemos dos universidades en el ranking de las primeras 100 a nivel mundial: una pública y una privada. No hemos atendido la calidad porque una universidad en nuestro país sigue pareciéndonos un sitio al que llegan las personas que van a estudiar una profesión y que con ella se colocarán en un lugar para trabajar. Se trata de una visión bastante limitada. La universidad tiene que generar conocimiento y destacar a nivel internacional, para lo cual requiere apostar por la calidad. Es un cambio de enfoque de la educación privada, de la movilidad social hacia una influencia social, para que las universidades privadas sean vistas fundamentalmente como agentes sociales, no como un negocio individual.

 

¿Qué puede hacerse en México para evitar que universidades con poco sentido social y con falta de calidad sigan proliferando?

Dos cosas. La primera es brindar un apoyo más directo del Estado a la educación que imparten particulares, considerando que la educación es un bien público que no solamente pertenece al gobierno. Hoy, por ejemplo, el costo por alumno en una universidad privada de calidad es menor que en una pública. Habría que repensar la distribución de los recursos públicos.

La segunda es que ya entramos a un círculo vicioso y tenemos esas universidades y a esos profesionistas en el mercado. Debemos diseñar mecanismos de control que nos permitan vigilar la calidad de los alumnos de esas instituciones. La Secretaría de Educación Pública se ha planteado calificar a las universidades dependiendo de su calidad, para auditar a las que tengan menores calificaciones. Otros mecanismos son lograr estándares más altos y exigir un claustro académico y un mínimo de investigación científica.

 

Hay quien menciona frecuentemente que los alumnos que egresan de las preparatorias tienen serias deficiencias académicas. ¿Coincide usted con esta visión? ¿Qué puede hacerse para tener un mínimo nivel académico en los alumnos?

Sin dejar de mencionar que en México hay distintos niveles de preparatorias, creo que tenemos un problema de enfoque en la educación media y media superior, que han abandonado aspectos que hacen que la persona sea mejor profesionista. Dichos aspectos tienen que ver con un razonamiento básico: si una persona sabe usar la tecnología, es algo que cuenta, pero que se puede ir aprendiendo; si sabe más o menos de biología, también cuenta, pero en menor medida; pero si una persona no sabe lógica, es una persona que no sabe razonar, por lo tanto no sabe escribir, y en consecuencia no sabe leer. He tenido alumnos que no saben explicar lo que leyeron. Las palabras y el lenguaje son los caminos del pensamiento; si no tenemos herramientas básicas de pensamiento no podremos enfrentarnos a una profesión.

Lo que sí ha mejorado en los estudiantes es el uso de las herramientas electrónicas, que ayuda mucho a adquirir cierto nivel de lógica, y a enfrentarse con determinados problemas de la realidad que son capaces de resolver. Pero eso, sin capacidad reflexiva, hace que su formación sea deficiente.

 

¿Cuál es el perfil de un egresado de la Universidad Panamericana? ¿Cuál es la diferencia entre un egresado de esta universidad y un egresado de otra institución privada del mismo tipo y de otras escuelas administradas por el gobierno?

Si tuviera que señalar un diferenciador del modelo educativo, señalaría dos cosas. Por un lado, que la Universidad Panamericana optó por una educación integral, que busca enseñar no solamente desde un punto de vista técnico, sino que también apuesta a capacitar a la persona para que no sólo sea un ingeniero que sepa de estructuras, sino que a la hora de firmar un contrato no cometa un acto de corrupción; pensamos que el desarrollo de la persona y la ética se integran en una totalidad. Por otra parte, la educación personalizada. Todos nuestros alumnos tienen un asesor académico universitario que los va siguiendo por lo menos el primer año y de manera optativa durante toda la carrera. Es una persona que les proporciona técnicas de enseñanza-aprendizaje, que los ayuda a definir su vocación y a explotar su máximo potencial.

 

En 2017 se cumplen los primeros 50 años de la Universidad Panamericana. ¿Qué distingue al ideario de esa institución educativa? ¿Cuáles son las grandes contribuciones que ha hecho esta universidad a nuestro país?

La misión de la Universidad Panamericana sostiene que la universidad busca la verdad. Aunque conocer la verdad es muy difícil, realizamos un ejercicio permanente de lucha intelectual por acercarnos a ella. La idea de comprometerse con la verdad, que es la identidad cristiana de la universidad, surge de los valores universales que se construyeron en Occidente desde hace dos mil años.

Una segunda característica tiene que ver con un pensamiento optimista hacia el futuro. Nosotros pensamos que si bien vivimos en un mundo con muchos problemas, ese mundo se puede mejorar, porque los problemas del hombre suelen ser constructos humanos, decisiones mal tomadas.

Una tercera característica está ligada a la responsabilidad social. Aunque seamos una universidad pequeña, contamos con decenas de centros que realizan labores sociales, como el bufete jurídico gratuito más grande del país y las clínicas que operan cataratas en zonas pobres, y construimos casas, instituimos una agencia de colocación para gente discapacitada, y así muchas más con las que prácticamente todos los alumnos están vinculados.

Sobre el impacto social que hemos tenido, el IPADE recientemente desarrolló un estudio en conjunto con un experto de Harvard para conocer la trascendencia que ha tenido en estos 50 años, con resultados impresionantes. El IPADE contribuyó a que México pasara de una mentalidad comercial en los sesenta, a una mentalidad empresarial en los ochenta y noventa. No fue la única institución que colaboró en ese resultado, pero sí la que mayor incidencia tuvo. Actualmente muchos rankings consideran que el IPADE es la escuela de negocios más importante en América Latina.

 

Cuando fue nombrado rector general del sistema Universidad Panamericana, ¿cuáles fueron los primeros objetivos que se planteó y en qué medida los ha cumplido?

Cuando se plantea una estrategia no se puede abarcar todo; es necesario encontrar los aspectos de enfoque en los cuales el impacto será mayor, porque los recursos siempre son limitados.

En primer lugar, mi planteamiento fue convertir a la Universidad Panamericana de una institución con un enfoque de movilidad social, a una con un enfoque de transformación del entorno. Para lograr ese objetivo se requiere investigación. En estos dos años y medio hemos duplicado el número de profesores investigadores así como la cantidad de artículos publicados en revistas arbitradas a nivel internacional. Hemos firmado convenios con instituciones extranjeras muy importantes, con la idea no sólo de estar ligados a ellas sino de reunirnos con las 10 mejores de su especialidad, a nivel mundial, para establecer un diálogo entre los claustros académicos.

Otro aspecto fundamental es sobrevivir con base en otras fuentes de ingresos, a través de proyectos de investigación, de fund raising y del apoyo de los ex alumnos; es decir, no depender exclusivamente de las colegiaturas.

Por último, está el nuevo campus de la universidad que, como plantel privado en el Valle de México, será el más grande, y que consta de centros de investigación, dormitorios y un hospital. Es un proyecto que pretende llegar a ser un referente en América Latina.

 

La Universidad Panamericana se ha vuelto un referente en los primeros lugares de los rankings que se hacen en México. ¿Qué factores han sido determinantes para que haya alcanzado esas posiciones?

Dos factores básicos: la educación integral y la educación personalizada.

Por ejemplo, en la carrera de medicina recibimos casi 600 solicitudes anualmente y entran 60 alumnos. En la última década, en el examen general de residencias, los primeros tres lugares a nivel nacional fueron de la Universidad Panamericana.

Otro caso interesante es nuestro campus de Aguascalientes que, a pesar de ser muy pequeño, con cerca de 1,000 alumnos, durante siete años ha sido campeón mundial de robótica.

Y así podríamos hablar del IPADE, de la Facultad de Derecho, entre otros.

 

Según su experiencia, ¿cuáles son los grandes cambios que actualmente se están gestando en el mundo y qué debe tener presentes un estudiante para enfrentarlos?

Las hard skills, es decir, los conocimientos, se tienen que seguir fomentando, y aún más las soft skills. El principal reto es mantener un nivel básico de valores que permita afrontar los desafíos del futuro.

 

¿Cuál es el futuro que vislumbra para la universidad en general?

El modelo de universidad como hoy la conocemos necesita renovarse. Lo que viene es una universidad que empieza a detectar lo que le falta al mercado, donde el empleador de los egresados se vuelve corresponsable de la educación. En México, al tener poco crecimiento poblacional y un alto volumen de instituciones que ofrecen educación superior, se tendrá que hacer un reajuste. Creo que las instituciones que permanecerán serán las que no dependan en su totalidad de las colegiaturas y que ofrezcan educación de calidad.

 


José Antonio Lozano Díez es licenciado en derecho por la Universidad Panamericana y doctor en derecho por la Universidad de Navarra. También cursó el programa de perfeccionamiento D1 por el IPADE.

Se ha desempeñado como profesor de derecho administrativo de la licenciatura en derecho de la Universidad Panamericana; como profesor de metodología de la investigación jurídica en la maestría en derecho fiscal de la misma universidad, así como en los programas de doctorado en derecho tributario y doctorado en libertades informativas de la Universidad de Salamanca y de la Universidad Panamericana. Es profesor invitado de la Universidad Northwestern de Chicago y profesor de la maestría en gobierno y políticas públicas de la Universidad Panamericana, en alianza con Maxwell School de Nueva York.

Ha desempeñado los cargos de subdirector y director de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana y, desde el 20 de noviembre de 2014, es rector general de la misma institución.

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