José Sarukhán

“Urge educar en la biodiversidad”

José Sarukhán

 

Para José Sarukhán, biólogo por la UNAM —institución de la que también fue rector—, ganador del Premio de Investigación de la Academia Mexicana de Ciencias y del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales, y actual coordinador nacional de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), educar poniendo énfasis en nuestra biodiversidad es fundamental para cuidarla y aprovecharla sustentablemente.

 

 

¿Qué hace la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO)? Y quisiera enfatizar la palabra conocimiento con su connotación de saber, educar, aprender.

El propósito de la creación de la CONABIO fue tener un mecanismo que sintetizara el conocimiento existente, ya que de ninguna manera la comisión empieza de cero, sino que se apoya en el conocimiento que ya había sobre la flora y la fauna mexicana, pues México es uno de los países de Latinoamérica con mayor tradición en los estudios del entorno natural. Desde la época prehispánica hubo jardines botánicos y códices sobre el tema. A finales del siglo XVIII, naturalistas importantes como José Mariano Mociño ya hacían exploraciones en todo nuestro territorio, llegando hasta Alaska con el naturalista español Martin Sessé. En el siglo XX surgen entidades muy importantes como el Instituto de Biología de la UNAM, uno de los tres primeros institutos de investigación de la universidad, junto con el de Astronomía y el de Geología. Éstos aparecen a partir de instituciones fundadas en el siglo XIX, como la Dirección de Estudios Médico-Biológicos y la Comisión Geográfico-Exploradora. De manera que cuando se crea la CONABIO, en 1992, es para sintetizar, continuar y ampliar el conocimiento generado no sólo por el Instituto de Biología de la UNAM, sino por el Instituto Politécnico Nacional, a través de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, y por diversas universidades estatales, como la Universidad de Guanajuato y la Universidad de Querétaro.

Este conocimiento, generado en su mayoría con fondos públicos, ofrece una información invaluable, que sólo era accesible a los especialistas, y hasta a ellos muchas veces se les dificultaba. Cuando fui director del Instituto de Biología me tocó ver que para que un estudioso viera una colección, tenía que gestionar, casi convencer al curador, para que le prestara las llaves. Esto resultaba inaceptable y para mí siempre fue muy claro que había que poner el conocimiento a disposición de todos los interesados.

Fue una suerte que después se alinearan muchas cosas. Y en 1992, siendo yo rector de la UNAM, fui consultado por el presidente Carlos Salinas de Gortari sobre la posibilidad de llevar una contribución mexicana notable a la Cumbre de la Tierra en Brasil. Propuse entonces la creación de la CONABIO, no solamente para que se cumpliera este aspecto de recopilar y dar accesibilidad al material que ya existía, sino para avanzar el conocimiento, impulsando más estudios y más expediciones en el país.

 

¿Cuáles han sido los principales logros de la CONABIO?

El primero, conjuntar toda la información bajo un solo techo institucional. Esta base de datos —actualmente con 14 millones de especímenes— es la columna vertebral para generar inteligencia y conocimiento sobre la biodiversidad de nuestro país. Así, en estas primeras tareas de conjuntar y completar colecciones sobre la biodiversidad del país, acudimos al Smithsonian, al Jardín Botánico y al Museo de Historia Natural de Nueva York, al de Chicago, de California y de Texas, que tienen estudios y colecciones muy importantes sobre distintas regiones de México. Al principio se alarmaron porque pensaron que queríamos repatriar los especímenes; pero al explicarles que simplemente queríamos recopilar y complementar información, su colaboración fue amplísima.

Después de conjuntar este conocimiento se ha digitalizado y hecho accesible a los investigadores y a personas de ciertas áreas de gobierno que lo requieren para trabajar. Pero además se impulsan nuevos estudios, ya que con el tamaño y la diversidad de nuestro país, aún tenemos huecos, áreas por conocer, por lo que la CONABIO se ha convertido en una especie de CONACyT para las ciencias naturales.

Otro logro importante consistió en convertir ese conocimiento en un bien cultural, en un bien social, al digitalizarlo y ponerlo a disposición del público para su consulta en internet, pues ya pasó el tiempo de que, para conocer sobre el tema, se acudía exclusivamente a las gavetas o a un herbario. Ahora todo puede consultarse en internet. Hay que recalcar que se ha trabajado no solamente para hacerlo mecánicamente, sino conceptualmente accesible a todo el público. Y aquí es donde está la parte educativa, ya que en la última década la CONABIO ha traducido esta invaluable información a un lenguaje común, que puedan entender desde los niños hasta los adultos con interés en conocer la biodiversidad de su país.

Se ha hecho un esfuerzo fundamental, principalmente a cargo del doctor Carlos Galindo, nuestro director de comunicación de la ciencia. Un ejemplo de lo anterior es el sitio web Enciclovida para el conocimiento y el uso de la diversidad, con acceso instantáneo a información de todo el mundo.

 

¿Qué otra cosa habría que destacar de la CONABIO?

Nuestros registros no sólo son repositorios académicos. Vamos mucho más allá, generando redes sociales del conocimiento. Tenemos algo que podría llamarse ciencia ciudadana, con gente que reporta desde todos los rincones. Los invito a descargar la aplicación INaturalist, desde la que se ha formado una red de 45,000 naturalistas que envían fotos de todos los rincones del mundo. Así empezaron Darwin, Wallace y Humboldt, acercándose al conocimiento de la biodiversidad con una taxonomía y una catalogación. Especialmente para los jóvenes esto es muy atractivo, ya que les gusta la fotografía, la naturaleza y las nuevas tecnologías. ¡Con esta red de usuarios de INaturalist ya se ha rebasado el millón de observaciones! También tenemos un grupo de tutores que se ponen en contacto con quien subió la foto y quizá no conoce con exactitud lo retratado. El especialista lo busca y le explica el tipo de especie y su importancia. Verá que estamos cerca de exponer a la gente el proceso de hacer ciencia. En sentido educativo éste ha sido un logro muy importante. También es notable la red de observadores y avistamiento de aves. Adaptamos un programa de ornitología de la Universidad de Cornell y ya tenemos más de tres millones de observaciones de amateurs, verificadas por expertos.

Otra participación ciudadana se da en el activismo de ciudadanos por el cuidado y el seguimiento de hábitats. Por ejemplo, la CONABIO ha realizado un monitoreo de los manglares mexicanos desde hace 15 años, ya que México es el quinto país con más manglares en el mundo. Si alguien va a un manglar con un dispositivo con acceso a internet, ingresa a la página de la CONABIO, que ubica el lugar donde se encuentra, y puede descargar fotografías que datan de cinco, 10 y 15 años atrás de ese punto exacto del manglar, y comparar el antes y el hoy. Ésta es una herramienta poderosa para las organizaciones no gubernamentales interesadas en el cuidado y la preservación de los manglares. Con evidencias pueden demandar o hacer juicios en contra de quienes dañan el hábitat, como sucedió en una sentencia emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en que las imágenes satelitales de la CONABIO constituyeron pruebas de los daños a un manglar en Tampico.

 

¿Hay avances en torno de las leyes contra delitos ambientales?

Sí, existe la Ley de Responsabilidad Ambiental. Sobre ésta hicimos un pequeño libro para que la gente conozca sus mecanismos y la forma en que puede hacerlos valer. El texto explica la ley, los pasos que se requieren para hacer una denuncia, e incluso los teléfonos y las direcciones donde pueden presentarla.

 

En relación con la biodiversidad, ¿qué otros retos enfrenta México en el futuro?

Creo que es muy importante la transversalización del tema ambiental en la política pública. No sólo en México, sino en todos los países. Hay que trabajar en conjunto con un grupo de secretarías, no sólo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), sino, por ejemplo, con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la de Energía o la de Salud, que deben colaborar siempre con políticas públicas alineadas a la conservación de los recursos naturales y con constricciones de no dañar el ambiente más de lo necesario

Otra recomendación fundamental para todos los países es reducir el monóxido de carbono, para lo cual un reto fundamental para México es el tema de la desforestación y el cuidado del mar, ya que bosques y océanos reducen el CO2 en la atmósfera. En lo legal, este año se aprobó la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, porque por primera vez en nuestro país se podrá obligar a los solicitantes de subsidios agrícolas a apegarse a ciertos criterios de conservación. Para ello en la CONABIO, con ayuda de la Secretaría de Marina, se han elaborado mapas de gran escala y precisión para ubicar las parcelas, mediante los cuales se sabe qué tipo de agricultura debe hacerse en cada lugar, para su fomento y conservación. Así puede o no darse el crédito, o sugerirse otros cultivos. Esto se aprobó el pasado mes de abril. El mapa ya está en el sistema y la respuesta a la petición de créditos puede darse en segundos. Esperamos que se aproveche.

 

¿Cómo solucionar la siempre existente tensión entre desarrollo económico y conservación de la naturaleza?

Es perfectamente soluble y compatible si queremos el bienestar común y social, y no el individual o de un grupo, o los intereses de una sola empresa. Puede haber ganancias para todos.

Hace poco en la CONABIO publicamos un libro que es producto de una investigación al respecto. Se llama Patrimonio natural de México. Cien casos de éxito, narrado por comunidades y organizaciones civiles. México posee ejemplos notables de desarrollo sustentable con proyectos que han generado las comunidades. Cuando doy charlas sobre sustentabilidad y desarrollo, pregunto al público: ¿Cuál es el país que tiene el mayor número de empresas comunitarias forestales certificadas internacionalmente como sustentables? Y todos responden: Finlandia, Suecia o Canadá. Pero la respuesta correcta es: ¡México!, y no me creen. Comunidad es la palabra clave en los desarrollos económicos sustentables que muestran lo que los dueños de bosques y selvas han logrado hacer por sí mismos, con poca o ninguna ayuda gubernamental.

Alrededor de 70% de los bosques y las selvas son ejidos propiedad de comunidades rurales e indígenas. Quizás cuando llega una empresa forestal con una concesión, da chamba a los lugareños, explota el bosque y después se va, sin replantar. Pero hay ejemplos muy lindos, como el de Ixtlán de Juárez, en Oaxaca, donde la comunidad maneja su bosque con sumo cuidado, explota una parte y deja los mejores árboles en pie para que produzcan las semillas para replantar. Así tienen una empresa sustentable que vende la madera a IKEA, compañía sueca que solamente compra maderas extraídas de bosques sustentables. La comunidad gana dinero, reinvierte en sus clínicas de salud o envía a sus hijos a estudiar ingeniería u otras carreras al extranjero. No todas las comunidades tienen buena gobernanza ejidal, pero sí hay muchos ejemplos donde esto ocurre. El libro describe el desarrollo económico sustentable de corporativas pesqueras, en la apicultura con aprovechamiento de productos derivados como la cera y la miel, o de comunidades que diariamente envían aviones con una hoja de palma muy solicitada en floristerías de Estados Unidos. Todos los casos ilustran la importancia de la comunidad en el desarrollo económico y en el uso sustentable de los recursos. Lo esencial para los integrantes de una comunidad no es sólo dar empleos, sino convertirse en empresarios.

 

Usted dijo alguna vez que el proyecto cultural más importante de México en el siglo XX fue la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿En el siglo XXI lo sigue siendo?

Creo que sí. La UNAM seguirá siendo un centro de trasformación apoyado en sus dos pilares: la Facultad de Filosofía y la Facultad de Ciencias. Pero afortunadamente ya no es el único proyecto. A comienzos del siglo XX todo aquel que quería un desarrollo profesional en casi toda la República provenía a la UNAM, pero ahora en todo el país hay instituciones muy bien desarrolladas.

 

¿Cómo ha conciliado su labor de investigación con la de gestión?

Son etapas de la vida. Fui el primer mexicano con doctorado en ecología y tuve una vida académica y de investigador durante 25 años que me enriqueció muchísimo, con estudiantes espléndidos. Después se abrieron otras oportunidades y, como en su momento respondía a esta pregunta cuando asumí el cargo de rector de la UNAM: “Dejas de tocar el piano para construir pianos y que otros toquen”.

 

 

Para saber más

 

 


 

José Sarukhán Kérmez es biólogo por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en ciencias por el Colegio de Posgraduados de Chapingo y doctor por la Universidad de Gales en el Reino Unido. Su trabajo se ha enfocado en la demografía y la ecología de poblaciones de plantas, la demografía comparativa de árboles, los estudios de ciclos biogeoquímicos en selvas tropicales, los estudios sobre la biodiversidad de México y los problemas ambientales globales y de desarrollo sustentable, así como en la educación superior y su relación con el desarrollo científico.

Fue director del Instituto de Biología de la UNAM (1979-1985), donde creó el Departamento de Ecología que evolucionó hasta convertirse en el Instituto de Ecología (1996). Fue coordinador de investigación científica (1986-1988) y rector de la UNAM durante dos periodos (1989-1996). Es miembro de El Colegio Nacional desde 1987 y profesor emérito de la UNAM desde 2006. Desde 1992, y a partir de su creación, ha sido coordinador nacional de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

 


 

* Profesora-investigadora de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana, Campus México.

  

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