Lucina Jiménez

“El arte, como la ciencia, produce conocimiento”

Lucina Jiménez

 

El programa ConArte interviene en lugares conflictivos de México con proyectos ad hoc que vinculan cultura y desarrollo humano sostenible. El alma del programa, que con más de una década de andadura ha llegado mucho más lejos de lo que sus promotores pudieron imaginar, es esta doctora en antropología, consultora imprescindible de distintos organismos internacionales respecto de la educación en artes, derechos culturales y cultura para la paz.

 

 

¿ConArte es un antídoto contra la violencia?

No nació con ese deseo sino con el de que las artes sean parte de los derechos culturales de la población en condiciones de igualdad, y para eso la educación artística debe ejercerse en la escuela pública, el único espacio donde un niño de condición económica frágil puede tener acceso a esas disciplinas. Eso fue el principio, pero muy pronto, cuando ConArte llegó a las escuelas, antes de lo deseable, la violencia nos asaltó.

Lo que encontramos en las escuelas públicas fue una situación familiar de mucha fragilidad, un entorno urbano agresivo que no permitía a los niños tener un espacio de juego en la calle como lo tuvieron otras generaciones, y un ambiente sumamente angosto en cuanto a convivencia dentro de las escuelas.

 

¿Cómo se pasa de reivindicar los derechos culturales a afrontar la cruda realidad de la violencia?

Tuvimos que hacer un esfuerzo explícito y trabajar mucho con psicólogos que enfocaban la violencia como fenómeno sistémico y epidemiológico. Teníamos que reorientar la perspectiva sin renunciar a la “artisticidad” del proceso, y al mismo tiempo, enfrentar a ese monstruo de mil cabezas que es la violencia. Un reportaje de esa época situaba escuelas en las que ConArte había decidido entrar como un punto rojo de problemas de seguridad pública de la Ciudad de México. Pero te digo una cosa: ConArte no lo sabía y creo que fue bueno que no lo supiéramos, porque tal vez nos hubiera inhibido.

 

¿Qué se habría perdido?

Han pasado más de 10,000 chicos por ConArte en este tiempo: niños, niñas, jóvenes, familias, artistas y maestros de Guerrero, San Luis Potosí, Ciudad Juárez, Tapachula, Chiapas, Guadalajara, Jalisco, Tlaxcala, Calpulalpan... Ciudades implicadas en nuestra RedeseArte Cultura de Paz, que se ha evaluado como una de las tres mejores en todo el país.

 

Se habla de la función del arte como herramienta, ¿pero también es un fin?

Nosotros no queremos instrumentalizar el arte. Hay posturas en los dos extremos: unos piensan que toda práctica artística combate la violencia, lo cual es falso, hay mucha demagogia en eso, y otros piensan que el arte debe ser exclusivamente herramienta para combatir la violencia, y tampoco es así. Lo artístico en sí mismo, cuando está pensado metodológicamente desde una perspectiva holística integradora, que no separa la técnica de la ética, lo estético de lo político, es estructurador y puede desarticular los factores que llevan a la violencia si son internos de la vida familiar y del entorno; no así si esa violencia procede de los sistemas políticos y los poderes fácticos. Ahí no te puedes confundir.

 

¿Hay tensión entre el mundo educativo y el artístico?

En su libro sobre la educación artística, Elliot Wayne Eisner habla de esa contradicción entre el arte por el arte y el arte funcional, el que se pone al servicio de otra cosa. Él dice que, en la práctica, esos dos enfoques suelen encontrarse. Yo lo creo así, pero la trampa está en que no hemos argumentado de una forma epistemológica el valor del arte como forma de construcción de conocimiento en sí mismo.

Cuando el arte entra en la escuela pública en igualdad de condiciones con la ciencia, porque a ambos se les reconoce la capacidad de producir conocimiento, puede beneficiar a otras materias sin volverse solamente herramienta.

 

¿Lo han observado así en la práctica de ConArte?

Hicimos una investigación que pusimos a disposición del sistema educativo: estudiando danza en una clase donde no se utiliza el lenguaje verbal, con música en vivo, demostramos (en un estudio comparativo) que los niños avanzaban en pensamiento lógico matemático y en construcción del lenguaje verbal. Ahí fue cuando ConArte ganó esa autonomía de la que estamos hablando, porque las clases de danza que nosotros dábamos no hablaban de matemática ni de lengua, ¡no!, era movimiento puro, muchas veces abstracto, pero los alumnos aprendían a generar una arquitectura interna y a exteriorizarla de manera individual y colectiva.

 

A pesar de los beneficios contrastados, lo artístico pierde peso en el currículo, ¿no?

En España, y es muy lamentable porque mucho del pensamiento pedagógico más crítico viene de ese país, hay una concepción productivista que domina los discursos educativos y el país el sistema se orienta a la funcionalidad de un régimen político, y eso aleja el debate pedagógico.

En Chile, desde el ámbito municipal hacia arriba, están pensando cómo el arte tiene que estar presente no sólo en el currículo, donde ya está desde hace varios años, sino cómo construirlo en la práctica pedagógica.

Brasil desde los años noventa hizo una inversión muy fuerte y hoy tiene doctorados en pedagogía de las artes visuales y de las artes escénicas.

Colombia tiene un trabajo muy importante a nivel regional diferenciado porque tienen un currículo general y muchas formas de acción territorial en las distintas demarcaciones con autonomía para establecer currículos.

En Guatemala acompañé un diálogo entre el sector cultural y el educativo hace al menos 10 años, y empezaron a diseñar proyectos piloto, unos ligados al tema patrimonial, y otros a prácticas artísticas comunitarias.

México está definiendo, con participación de ConArte, los perfiles profesionales de los docentes de arte para el sistema educativo. Se lanzó una convocatoria para las escuelas públicas y tuvo buena acogida, pero se exige un perfil doble de maestros que manejen los lenguajes artísticos y los pedagógicos, y eso no está construido.  

 

¿La formación del profesorado es el muro contra el que se estrellan las reformas?

Y que la toma de decisiones esté alejada de la práctica docente. Ahorita ConArte está trabajando mucho con el sistema educativo formando funcionarios intermedios que participan en la toma de decisiones en el entorno escolar. Hemos organizado cursos con los supervisores (son los que ponen la palomita o la cruz a las escuelas en cuanto a avances educativos y estilos de enseñanza-aprendizaje) para que conozcan cómo se aprende a través del arte; primero el propio arte, pero también otros conocimientos que ellos andan buscando y no saben que los pueden conseguir así.

 

El arte tiene un potencial enorme como herramienta de cambio social.

Definitivamente, porque hay un vínculo indisoluble entre ética y estética que permite una toma de conciencia en la práctica. Te puedes ahorrar 10 cursos de valores frente a una práctica artística. La formación en un lenguaje artístico enseña en la praxis que para lograr una meta hay que esforzarse, y además debes tener un logro personal y también colectivo, porque, si no, no hay armonía; en la música, por ejemplo.

 

¿Cuántas personas componen el equipo de ConArte?

Contando personal auxiliar y equipo pedagógico, somos 14 personas en el equipo central; luego está la red de formadores que trabajan en muchas ciudades y a quienes aportamos formación y acompañamiento continuo en los procesos. Desde 2008 tenemos un equipo de trabajo en Ciudad Juárez, donde contribuimos a la restauración de la paz, que nos hizo obtener un reconocimiento. Eso dio lugar a la constitución de una red de agrupaciones independientes y locales, entre las cuales se encuentra ConArte Internacional, que tiene su sede en Girona. Un ejemplo es el trabajo que estamos realizando en Oaxaca. Con el nombre de Oaxaca Intercultural nucleamos y formamos a 10 organizaciones de la sociedad civil. Esas ONG’s nos piden ayuda para articularse: ellas mantienen su independencia y nosotros fortalecemos sus capacidades locales. Y todos actuamos bajo el mismo paraguas: ConArte.

 

¿Cómo se sostiene económicamente el programa?

ConArte gana los fondos con los que trabaja. En su momento tuvimos más apoyo internacional que nacional; le debemos mucho a España durante la época dorada de la cooperación española, y también a Nueva York le debemos haber podido iniciar el proceso. No tenemos un subsidio garantizado permanente de ninguna institución, lo cual da mayor complejidad al asunto. Hemos hecho una ingeniería que nos permite ofrecer ciertos servicios (como el que cité de la formación a los supervisores educativos) y comercializarlos; con eso generamos dinero para los programas que pueden no tener financiamiento.

 

Ha citado lugares tristemente famosos. ¿Cómo es la interacción entre la sociedad y el arte en contextos tan difíciles?

El pensamiento dominante cree que las comunidades que no tienen resuelta la subsistencia no piensan en las artes. Pero las asambleas comunitarias que celebramos cuando llegamos a cada sitio nos muestran a personas que tienen muy claro que el arte las dignifica. Acabo de estar en Colima, un barrio muy complejo, y un joven que asiste a los talleres que imparte la Secretaría de Cultura con personas formadas por nosotros me decía que si no hiciera ese taller ya habría caído en la violencia. Allí tiene un espacio afectivo, donde nadie lo juzga por tener una camiseta y no tener camisa, o por tener unas botas de hule y no unos zapatos de piel. Está dignificado por lo que es capaz de crear y por lo que es capaz de aprender. Ellos mismos van incorporando a aquellos que ya han traspasado la frontera de la legalidad y han entrado en el terreno del delito.

Cuesta trabajo imaginar que en entornos así se perciba el arte como algo necesario. Pero por supuesto que es así. En una población de desplazados (la condición más marginal que uno pueda imaginar) en Chiapas, llevamos a cabo —ConArte y Naciones Unidas— una asamblea con mujeres. Era para consultar por dónde debíamos empezar a intervenir, si por la tierra, si por los recursos del agua o si por la educación artística. Las mujeres celebraron una asamblea en su lengua y después nombraron a una traductora que nos informó de la siguiente decisión: el tema del agua y de las tierras es una lucha a largo plazo, y hoy es cuando sus hijos necesitan aprender y estar bien: eligieron empezar por la educación artística. La gente lo dice con mucha claridad: quiero que mis hijos aprendan otra cosa, fotografía, video, tocar un instrumento… Eso les abre el camino a otra vida.

 


 

Lucina Jiménez es doctora en ciencias antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.

Ha sido consultora internacional en políticas culturales, educación en artes, cultura y desarrollo para la AECID, la OEI, el Convenio Andrés Bello, la UNESCO, la OEA y varios gobiernos.

Es integrante del Banco de Expertos de la UNESCO en Gobernanza de la Cultura para el Desarrollo, del Grupo de Especialistas Iberoamericanos de Educación Artística, Cultura y Ciudadanía de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y del Grupo de Educación y Cultura de la Cátedra UNESCO de Políticas Culturales de la Universidad de Girona.

Creó el Sistema de Información Cultural y fue directora del Centro Nacional de las Artes, donde estableció seis centros de educación artística profesional en diferentes estados de la República y el Sistema de Educación Artística a Distancia, por el cual recibió el Premio Innova de la Presidencia de la República.

Actualmente es directora general del Consorcio Internacional Arte y Escuela A.C. (ConArte), asociación que actúa en red en diversas ciudades en México y España para la educación en artes, la educación para la diversidad y la cultura de paz dentro del sistema educativo mexicano y en ámbitos comunitarios.

 


 

* Periodista. Entrevista publicada originalmente en Cuadernos de Pedagogía, núm. 472, noviembre de 2016.

 

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