Nora Volkow

Una trayectoria científica en el estudio de las adicciones

Nora Volkow

 

La psiquiatra e investigadora mexicana Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos desde 2003, ha sido pionera en el uso de imágenes del cerebro para investigar los efectos tóxicos de las drogas y sus propiedades adictivas, gracias a lo cual ha podido demostrar que la drogadicción es una enfermedad del cerebro humano, más que una elección equivocada debido a la debilidad del carácter.

 

 

Naciste en México y estudiaste en la UNAM. ¿Qué recuerdos tienes de aquella época?

Tengo muchísimos recuerdos porque básicamente viví en México hasta que tuve 21 años; viajé considerablemente durante ese periodo, pero como el tiempo no es lineal como nos indica nuestro sistema de medición, todo lo que es la infancia y la adolescencia ocupa mucho mayor espacio en mi memoria que lo que ha sucedido desde entonces.

México fue donde crecí, mi lengua es el español, me encantan los idiomas; he aprendido varios y eso me ha dado una percepción de cómo el lenguaje estructura el pensamiento y las emociones. Hablar español me ha formado; influye en la manera en que veo el mundo.

Mi familia está en México y tengo una relación muy estrecha con mis hermanas y con mi papá; desgraciadamente mi mamá murió. Ella nació en Madrid; por ese lado la mitad de mis genes son españoles, y la otra mitad de mis genes son rusos, soviéticos.

En la ciencia tenemos el concepto de epigenética, que se refiere a la manera en que tu ADN se modifica con base en tus experiencias. La epigenética hace que ciertos genes se expresen o se silencien. Yo digo que estoy epigenéticamente modificada, por mi ADN español y ruso, y por mi experiencia en México.

 

¿Cómo comenzaste a interesarte en el tema de las adicciones?

Es muy difícil saber cómo pasó, porque las cosas pasan progresivamente.

Siempre me fascinó la conducta humana; desde niña pasaba horas viendo a las personas y realmente me daba muchísima curiosidad cómo se generaban las emociones y los pensamientos.

También me encantaba la idea de que cada uno de nosotros es diferente y que la percepción de nuestros mundos es distinta; cada uno tenemos una conciencia. Imagínense, millones y millones de seres humanos.

Tratar de entender qué nos hace únicos a cada uno de nosotros me llevó, desde que era muy niña, a querer estudiar el cerebro. Y en un momento dado, con esa ambición, decía: yo de grande quiero ser científica y entender cómo funciona el cerebro humano.

Después, conforme crecí y empecé a ir a la escuela, decidí estudiar medicina, dado que te da una oportunidad de interactuar con el ser humano que no te proporciona ningún otro contexto.

El paciente viene a ti muy vulnerable; normalmente queremos que la gente tenga una impresión de nosotros y eso modifica quiénes somos. En cambio, cuando el paciente va a ti, es único. Eso me llevó a estudiar medicina como una forma de entender el cerebro.

Clara e inmediatamente lo que más atrajo mi atención fueron las enfermedades psiquiátricas y la adicción; particularmente la adicción.

 

¿Por qué?

Básicamente por dos cosas: por un lado, en mi familia mi tío más querido tenía un problema de alcoholismo muy severo; era un hombre de una generosidad extraordinaria. Había nacido en España y con la Guerra Civil fue uno de los niños de Morelia que acabó en México.

Esa bifurcación, ese silencio que existía entre no poder hablar del alcoholismo de mi tío y el evidente rechazo que provocaba su enfermedad… Era como si lo hubieran dividido.

Me llamaba la atención porque me parecía injusto, pues él era una persona que podía dar tanto y sin embargo la adicción lo disminuía en la percepción de todo el mundo. También noté, como médico, que el estigma para los pacientes con enfermedades de adicción era aún mayor que el estigma que sufrían los pacientes con enfermedades psiquiátricas.

En mi entrenamiento realicé la especialidad en psiquiatría, pero en la misma psiquiatría encontré muchos casos en los que profesores y doctores no trataban a los adictos; más bien los ignoraban. Eso me parecía muy miope, porque si tú no tratas la adicción el paciente no se va a mejorar de su problema psiquiátrico.

Eso me frustró muchísimo porque en el mundo médico no se te enseña, como estudiante de medicina, qué son las adicciones. Aun como psiquíatra recibí, y sigue siendo el caso en la mayor parte de los programas de adicciones, muy poca preparación sobre lo que son las adicciones.

 

¿En dónde está la falla?

En la falta de entrenamiento médico. Los médicos no tienen idea de qué hacer con un paciente que tiene problemas de adicciones. Ésa es la causa por la cual las personas acaban en las salas de emergencia de los hospitales o en las clínicas.

Yo sabía que quería hacer investigación. Me dije: lo que quiero hacer es investigación que ayude a cambiar esa percepción de estigma de la persona adicta y que haga que el sistema médico vea que es su responsabilidad tratar y prevenir las adicciones.

Eso ha sido mi carrera profesional: documentar efectivamente, desde un punto de vista científico, que las adicciones son una enfermedad y que la cura está en la medicina y no en el sistema penitenciario.

También ésta ha sido mi estrategia como investigadora y como persona al frente de una institución gestora de la ciencia: qué es lo que debo hacer, qué tipo de investigación debemos llevar a cabo y cómo presentarla, de manera que cambiemos la cultura del sistema médico y social.

Mientras el sistema social estigmatice las adicciones no se logrará dársele la misma importancia al tema, lo cual implica que no se destinen los recursos necesarios, ni se entrene al personal que pueda ayudar a una persona a prevenir la adicción, y si ya son adictos, a tratarlos.

 

¿Cuál es el principal problema que enfrentas como directora del Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas en Estados Unidos?

Tenemos dos problemas muy grandes, pero si me piden que señale el principal te diré que es la tragedia de lo que está sucediendo con la crisis de los opiáceos en Estados Unidos; la peor crisis médica que hay actualmente y la peor crisis de adicciones que hemos visto en el país.

Por ejemplo, en 2016 murieron 64,000 personas por sobredosis de opiáceos y eso sin contar a la gente que muere por otras consecuencias, como las infecciones por sida o por hepatitis C.

Cerca de 100 personas mueren al día por sobredosis; ése es el problema más grave que tenemos en nuestras manos. Como investigadora y como directora del instituto, esta crisis implica una urgencia de traer soluciones apoyadas en evidencia científica para ayudar a controlar la epidemia.

Es un reto enorme porque cada día que pasa sin que lo solucionemos 100 personas mueren; no tenemos el lujo del tiempo. Debemos tener varios carriles con líneas muy precisas para implementar soluciones de las que ya tenemos evidencia de que ayudan a la persona a prevenir la sobredosis y de las que sabemos que ayudan a prevenir que más gente se haga adicta.

En este momento no se trata sólo de encontrar nuevos medicamentos. Realizamos esa investigación, pero la urgencia es cómo implementar los hallazgos de los que hay evidencia en sistemas que nunca han intervenido en el proceso de la drogadicción, en sistemas en los que no existe infraestructura; por ejemplo, en los lugares rurales.

Estamos haciendo que los investigadores desarrollen nuevos modelos, que tomen ventaja de centros médicos y de enfermeras que puedan hacer uso de la telemedicina para tratar a las personas en lugares rurales.

Al mismo tiempo hay que educar a los médicos y a todo el personal para tratar adecuadamente a las personas que tienen problemas con opiáceos, así como al público en general.

Es una tarea masiva con muchísima urgencia; por eso digo que esa sería la máxima prioridad en este momento.

 

¿Y el descubrimiento más esperanzador para aliviar el flagelo de las adicciones?

Curiosamente, el más esperanzador no sólo tiene que ver con la investigación que se ha hecho en adicción, sino con la investigación que se ha llevado a cabo sobre la rehabilitación del cerebro.

Cuando alguien tiene, por ejemplo, un infarto cerebral, en el pasado quedaba con parálisis o no podía hablar. En los últimos 15 años ha habido un avance enorme para que el cerebro se rehabilite y se recupere; puedes tener pacientes que sufren un ictus o embolia y que pueden recuperar casi completamente todas las funciones.

Mi perspectiva es la siguiente: si tú puedes lograr que el cerebro se recupere cuando se muere mucho tejido cerebral, lo que estás haciendo con la rehabilitación es tener ventaja de otras áreas del cerebro que pueden empezar a procesar las partes del cerebro que mueren. Si logras hacer eso en un cerebro adulto que ha sufrido un ictus, lo puedes hacer para recuperar el funcionamiento que ha sido dañado por la droga.

Ése es un mensaje que tenemos que comunicar. El reto es desarrollar intervenciones que aceleren esa recuperación en la persona que ha sido dañada por el efecto de las drogas, como se ha hecho para acelerar la recuperación del paciente que sufre un ictus.

Entonces tenemos que ver el problema desde esa perspectiva: cómo lograr que el cerebro se recupere para que el paciente adicto pueda volver a tener mejor control sobre sus emociones para que pueda inhibir esos deseos tan intensos de consumir droga.

La ciencia, así como el arte o el deporte, es una actividad puramente humana que no está limitada a permanecer en un solo país o en una única cultura.

  


 

Nora Volkow, bisnieta de líder de la Revolución rusa León Trotsky, recibió el título de médico de la Universidad Nacional Autónoma de México y obtuvo el Premio Robins por ser la mejor estudiante de medicina de su generación. Realizó su capacitación posdoctoral en psiquiatría en la Universidad de Nueva York, donde recibió el Premio Laughlin Fellowship Award por ser una de los 10 médicos residentes más destacados en el campo de la psiquiatría en Estados Unidos. Ha sido nombrada una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time.

Ha sido oradora destacada en TEDMED, el encuentro anual multidisciplinario donde los líderes de todos los sectores de la sociedad se reúnen para explorar la promesa de la tecnología y el potencial de logro humano en salud y medicina. Desde 2003 es directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas en Estados Unidos.

 


 

* Presidente y vicepresidenta de la Asociación Iberoamericana de la Comunicación.

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