Rafael de Hoyos

Educación: clave para superar pobreza y desigualdad

Rafael de Hoyos

 

Para Rafael de Hoyos, economista principal en el departamento de educación para América Latina del Banco Mundial, no hay política económica más efectiva para mejorar las tasas de crecimiento de largo plazo que proveer educación de calidad para todos los niños y jóvenes. En esta entrevista aborda los aspectos en los que deben poner mayor atención nuestras autoridades para hacer de la educación la palanca de desarrollo de nuestro país.

 

 

 

¿El desarrollo económico de un país es resultado de la calidad de su educación o, por el contrario, la calidad de la educación de un país es resultado del desarrollo económico de éste?

Si la calidad de la educación sólo fuera resultado del desarrollo económico, Estados Unidos tendría el sistema educativo con la más alta calidad en el mundo… Y no es así.

El crecimiento económico es resultado de una gran cantidad de factores de producción, como el capital físico y la mano de obra, así como de la capacidad para transformar estos insumos en bienes finales. Dicha capacidad es la productividad. Es ésta la que determina, en gran medida, el crecimiento económico a largo plazo.

Dos elementos que están en el corazón de la productividad son el uso eficiente de las nuevas tecnologías y la capacidad de innovar. Ambos, a su vez, están determinados por el nivel de capital humano de los países. Por lo tanto, es el capital humano, es decir, las habilidades, los conocimientos y la capacidad de utilizarlos para abordar retos cotidianos, lo que determina el desarrollo económico de un país. No hay política económica más efectiva para mejorar las tasas de crecimiento de largo plazo que proveer educación de calidad para todos los niños y jóvenes.

 

Si partimos de la idea de que un sistema educativo eficaz es aquel que permite a estos niños y jóvenes competir en condiciones de igualdad…

Yo no diría que un sistema educativo eficaz es el que permite la competencia de niños y jóvenes en igualdad de oportunidades. De hecho, creo que la competencia entre alumnos no debería ser uno de los criterios que rijan el funcionamiento del sistema educativo. Al contrario, lo que hacen los sistemas educativos eficaces es reconocer la heterogeneidad de los alumnos —producto, entre otras cosas, de contextos socioeconómicos y familiares diversos— y proveer a cada alumno la instrucción y el acompañamiento necesarios para generar aprendizajes.

 

¿Lo consigue el sistema educativo en México?

El sistema educativo mexicano está lejos de garantizar los aprendizajes a todos los niños y jóvenes sin importar su condición de origen y su contexto socioeconómico. Hoy por hoy, el sistema educativo reproduce o, inclusive, exacerba las desigualdades de origen. Los niños de hogares pobres no reciben la nutrición, la interacción y la estimulación temprana adecuadas. Esto los pone en desventaja frente a sus pares no pobres. Lo que necesitan nuestros niños más pobres son políticas educativas que reviertan las desigualdades de origen. Para garantizar el derecho a aprender se requiere que se asignen más recursos a las escuelas que atienden a los chavos de hogares en marginación. Lo que tenemos, en cambio, es una asignación regresiva de los recursos, donde las escuelas que atienden a la población en pobreza reciben menos recursos económicos (per cápita) y, en consecuencia, no tienen a los mejores docentes, directores con altas habilidades de gestión y materiales didácticos adecuados para garantizar los aprendizajes.

 

¿Cómo explica usted el estado de nuestro sistema educativo?

Desde una perspectiva histórica, el estado de nuestro sistema educativo es resultado lógico de políticas que han sido implementadas sin tener el aprendizaje de los alumnos como principal objetivo. Durante la mayor parte de la historia los aprendizajes fueron algo abstracto, comparado con el acceso, que es tangible. Por lo tanto, los gobiernos privilegiaron la cobertura y descuidaron la calidad. Pensemos en la estructura demográfica de México en 1960: teníamos una proporción de adultos pequeña —en comparación con la proporción de niños— y la mayoría no tenía secundaria completa. El reto era proveer acceso a la primaria a una gran cantidad de niños con relativamente pocos adultos calificados. Hubiera sido impensable poner filtros de entrada a la docencia cuando había un gran déficit de maestros. A la docencia entraba el que quisiera, y el sistema educativo no corroboraba si estos candidatos contaban con los conocimientos y las habilidades pedagógicas. Esto tuvo un impacto negativo sobre los aprendizajes de los estudiantes.

El foco en escolarización representó un equilibrio estable: el gobierno invertía más en ampliar la cobertura del sistema educativo (un bien público tangible), lo cual le redituaba políticamente; el incremento de la planta docente necesario para aumentar la cobertura era bien recibido por los sindicatos que tenían más agremiados y, por lo tanto, más recursos; los padres estaban contentos de que sus hijos tuvieran acceso al sistema educativo. No fue sino hasta la década pasada que este equilibrio se rompió, cuando la falta de aprendizajes se hizo evidente con la aplicación de pruebas estandarizadas nacionales e internacionales.

 

¿Cuáles son las grandes resistencias —políticas, económicas, sociales— que enfrenta nuestro sistema educativo para su modernización?

La modernización del sistema educativo mexicano depende en gran medida de la importancia que los ciudadanos le demos a la calidad de la educación. En todas las encuestas de prioridades para la ciudadanía la educación aparece en los primeros lugares, pero esto no es suficiente. De lo que se trata es de tomarnos en serio el derecho a aprender de todos los niños y jóvenes en México y participar, activamente, para darle observancia a ese derecho.

 

¿Qué papel juegan en este desafío los padres de familia, los docentes y las autoridades?

Los padres de familia deben tomarse con toda seriedad una calificación no aprobatoria de sus hijos. Los docentes y los directores deben hacer todo lo que esté a su alcance para que todos sus alumnos aprendan; las autoridades educativas deben monitorear los aprendizajes y desplegar la asistencia técnica y el acompañamiento que sean necesarios para que docentes y directores puedan garantizar aprendizajes para todos. Si nos tomáramos en serio el cumplimiento del derecho a aprender de todos los niños y jóvenes, exigiríamos que sólo los mejores candidatos, aquellos con conocimientos, habilidades pedagógicas y vocación, entraran a la carrera docente. Si priorizáramos el derecho a aprender, nos aseguraríamos de que las escuelas que atienden a niños y jóvenes en pobreza recibieran los recursos y la asistencia necesarios para resarcir las desigualdades de origen. Si privilegiáramos el derecho a aprender tendríamos una política de primera infancia que garantizaría la nutrición, la estimulación y la interacción adecuadas a todos los infantes de hogares pobres. Pero no lo hacemos, no lo vemos como un derecho y es eso lo que detiene la modernización de nuestro sistema educativo.

 

¿Cómo explica usted la pavorosa desigualdad que existe en materia educativa entre algunos estados como Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán, frente a otros como la Ciudad de México, Puebla y Nuevo León?

Parte de esta desigualdad es producto de contextos socioeconómicos diferentes, pero como lo dije antes el ingreso no es el único ni el determinante más importante. Las tres entidades que mencionas como ejemplos de sistemas educativos exitosos tienen niveles de ingresos muy diferentes. Nuevo León tiene un ingreso per cápita casi tres veces el nivel en Puebla. Sin embargo, Puebla tiene niveles de aprendizajes significativamente mejores que los de Nuevo León e, inclusive, por encima de los de la Ciudad de México, cuyo ingreso por habitante es cuatro veces el de Puebla. La diferencia está explicada por la política educativa que llevó a cabo Puebla durante los últimos seis años donde los aprendizajes de los alumnos se pusieron en el centro del sistema educativo. En Puebla, los aprendizajes se monitoreaban continuamente. Aquellas escuelas que presentaban los niveles de logro más bajos recibían asistencia técnica y acompañamiento de supervisores y de la autoridad educativa local. Las escuelas realizaban un plan cuyo objetivo central era la mejora de los aprendizajes. Todo esto incidió significativamente sobre los aprendizajes de los niños poblanos, independientemente de su nivel de ingreso.

 

¿Cuáles son, en su opinión, las fortalezas y las debilidades de la reforma educativa que se emprendió en México este sexenio?

El diseño de la reforma educativa pone los aprendizajes de los alumnos en el centro del sistema educativo. Es el objetivo central que debe guiar toda la política educativa y esto implica asegurarnos de que los alumnos tengan docentes con los conocimientos, las habilidades pedagógicas y la motivación adecuados. Esto sólo se logra profesionalizando la carrera docente. La reforma, a través del servicio profesional docente (SPD), introduce el mérito como mecanismo para la selección y la promoción de los docentes, enviando el mensaje claro de que sólo los mejores pueden acceder a la docencia. En mi opinión, ésta es la mayor fortaleza de la reforma educativa.

 

¿Y esto podrá lograrse sin el apoyo de los docentes?

No hay reforma educativa en el mundo que pueda ser implementada exitosamente sin la colaboración de los docentes. La mayoría de los docentes no se opone a la evaluación para el ingreso o la evaluación para la promoción, los dos elementos más importantes de la evaluación docente. Toda la polémica se concentra en la evaluación del desempeño. La percepción de los docentes y de la gran mayoría de la población es que los resultados de la evaluación del desempeño están vinculados con la permanencia de los docentes en el sistema educativo, pero no es así. Los docentes que obtienen tres resultados insuficientes de forma consecutiva (una evaluación por año) son separados del aula y asignados a un puesto administrativo. Ningún docente con una plaza previa a la entrada en vigor del SPD pierde su trabajo, independientemente de su resultado en la evaluación del desempeño. Adicionalmente, desde la puesta en marcha del SPD, menos de 600 docentes, de un total de más 700,000 evaluados hasta ahora, han llegado a la tercera evaluación con niveles insuficientes. La polémica alrededor de la reforma podría haberse evitado si la autoridad educativa no hubiera vinculado la evaluación del desempeño a la separación del aula, que de cualquier forma ocurre en menos de 0.1% de los casos.

 

Si estuviera en sus manos, ¿qué impulsaría y qué suprimiría de esta reforma? ¿Cómo lo haría?

Daría continuidad a la evaluación para el ingreso y a la evaluación para la promoción. A la evaluación del desempeño le daría un uso exclusivamente formativo. El vínculo más fuerte entre la evaluación docente y los aprendizajes de los alumnos se da a través del uso de los resultados de la evaluación para fines formativos. Es decir, para mejorar los procesos de formación inicial y continua. La evaluación del desempeño puede ser una herramienta útil para proveer, a través de un reporte de resultados que haya sido diseñado con los propios docentes, información pertinente para que los docentes puedan mejorar sus conocimientos y sus estrategias pedagógicas. Adicionalmente, los resultados de la evaluación docente pueden utilizarse como el insumo principal para diseñar una oferta de cursos de formación continua pertinente y guiar los planes de mejora de las normales. Pero quizá lo más urgente sea asegurar que el magisterio perciba la evaluación como una herramienta valiosa para mejorar su desempeño y no un instrumento punitivo. Esto sólo sucederá en la medida en que los docentes consideren que las evaluaciones son justas y formativas. Una manera de asegurar que todos los docentes evaluados consideren justa y útil la evaluación del desempeño es hacerla voluntaria, vinculada a incentivos (no necesariamente monetarios) y a procesos de formación de docentes en servicio mucho más pertinentes.

 

Hablemos ahora de educación media superior y superior: ¿estamos generando las destrezas técnicas que requiere el país hoy día? ¿Cuál es la fórmula para determinar, en materia de educación, si un país necesita más médicos o menos contadores, o si estamos formando ingenieros que se quedarán desempleados o si estamos dejando de satisfacer la demanda de arquitectos?

No hay una fórmula para determinar déficits o superávits de profesionistas o técnicos a nivel macro o nivel país. Los desbalances entre oferta y demanda de profesionistas se ven reflejados en los indicadores del mercado laboral: desempleo y/o salarios. Si, por ejemplo, México necesita más médicos, entonces la empleabilidad y los salarios de los médicos serían en promedio mayores que los de otras carreras; al contrario, si hay muchos ingenieros, habrá desempleo entre ellos y los salarios serán relativamente bajos. La información que envían los indicadores del mercado laboral provoca un ajuste en la cantidad de jóvenes que optan, para seguir con el ejemplo, por medicina o ingeniería; más jóvenes ingresarían a medicina y menos a ingeniería. Por lo tanto, difundir información entre jóvenes sobre los indicadores del mercado laboral (empleabilidad y salarios) para las distintas opciones educativas es muy importante para reducir los desbalances entre oferta y demanda laboral. En México el Observatorio Laboral cumple con esta función.

 

Pensando en el mercado laboral del futuro, ¿qué debemos estar haciendo en materia educativa con nuestros niños y jóvenes para enfrentarlo con éxito? ¿Qué competencias debemos desarrollar en ellos?

Pensando en el mercado laboral del pasado, el presente y el futuro, lo que tenemos que hacer es asegurar que todos los niños y jóvenes aprendan. ¿Qué deben aprender? Las competencias básicas: disciplinares (matemáticas y comprensión lectora) y socioemocionales (empatía, perseverancia, autorregulación, entre otras). Estas competencias hoy son importantes y lo serán aún más en el futuro, pues son complementarias y no sustitutas del cambio tecnológico. El cambio tecnológico y la globalización harán cada vez más difícil que quienes no tengan dichas competencias básicas se incorporen al mercado laboral formal. En el futuro, tener o no estas competencias básicas va a determinar, en gran medida, que el ingreso esté por debajo o por encima de la línea de pobreza.

 

Usted ha dicho en repetidas ocasiones que la mitad de los niños y jóvenes que asisten a la escuela no aprenden…

Esto hace más urgente abordar la gran injusticia que representa la crisis de los aprendizajes que, en efecto, se caracteriza por un sistema educativo donde la mitad de los niños y jóvenes que asisten a la escuela no aprenden. Esta crisis condena a la mitad de los niños y jóvenes a un futuro marcado por trabajos mal pagados, en la informalidad e inestables. Entre la mitad de los estudiantes que no adquieren las competencias básicas, está 43 por ciento de la población que vive con un ingreso por debajo de la línea de pobreza. Sin proveer estas competencias básicas a los niños y jóvenes que provienen de hogares en situación de pobreza, se continuará perpetuando la pobreza y la desigualdad.

 


 

Rafael de Hoyos es licenciado en economía por la Universidad Autónoma de Nuevo León, maestro en desarrollo económico por la Universidad de Sussex y doctor en economía por la Universidad de Cambridge.

Es el economista principal en el departamento de educación para América Latina del Banco Mundial. Entre 2008 y 2010 se desempeñó como coordinador de asesores de la Subsecretaría de Educación Media Superior en México. Antes de ingresar a la Secretaría de Educación Pública, trabajó en el departamento de investigación del Banco Mundial, en Washington, D.C., en la Escuela de Negocios Judge de la Universidad de Cambridge y como consultor para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en México y para el Instituto Mundial de Investigaciones de Economía del Desarrollo (WIDER) de las Naciones Unidas.

Es autor de más de 20 publicaciones en el campo de la economía del desarrollo y ganador del Premio Nacional de Economía 2007 y del Premio Nacional de Periodismo 2014.

  

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