Santiago García Granda

La universidad como transformadora de la sociedad

Santiago García Granda

 

La generación de conocimientos que se produce en las universidades no puede estar desvinculada de las necesidades de la sociedad. Por eso es fundamental vincular a las instituciones académicas con las empresas, el gobierno y la sociedad civil. Santiago García Granda, rector de la Universidad de Oviedo, en el Principado de Asturias, España, nos habla de las iniciativas que está promoviendo para hacer realidad esta transferencia del conocimiento que se genera en la universidad que dirige.

 

 

En tu discurso inaugural como rector hay una frase en la que dices: “Se necesita formación científica, técnica, pero también ideas, utopías y humanidades”. ¿Cómo has logrado ese balance?

Para un científico siempre es complicado, porque estamos más en el mundo de las máquinas, pero ahora mismo hasta las máquinas inteligentes necesitan ese toque de humanidad. El científico de cualquier rama tiene que ser una persona capaz de enfrentarse a los retos del mundo actual. Hay que olvidar a aquel científico, encerrado en su laboratorio, que deja de lado al mundo. Aunque para muchas especialidades el laboratorio es ‘su’ mundo, resulta inconcebible realizar ciencia de una forma individual o aislada. La imagen del científico de la bata en su laboratorio es decimonónica y trasnochada. Es romántica porque admiramos los grandes descubrimientos de la época. Pero hoy los científicos necesitamos la comunicación humana para hacer ciencia, pues los grupos de investigación interactúan continuamente para llevar a cabo proyectos entre grupos interdisciplinarios y de varios países. Por lo tanto, insistimos en que nuestros estudiantes tienen que estar formados como personas y los ejes transversales de las humanidades son indispensables en las universidades para esta formación.

 

Siendo químico también haces en un discurso la metáfora de que como rector “te va a tocar hacer la química entre todos y cristalizar los sentimientos”. ¿Cómo ha sido tu labor como gestor de las relaciones humanas?

Aprendiendo a encontrar soluciones cada día, pues una cosa son los impulsos y los proyectos del discurso inaugural y otra muy distinta la realidad. Pero diré que la realidad te sorprende y es incluso mejor que los proyectos; porque si de algo he disfrutado en los dos años que llevo de rector es justamente de las personas, de ver las maravillas que están haciendo en la Universidad de Oviedo. Claro que para una verdadera “cristalización” necesitaríamos un entorno más favorable, con menos regulaciones que buscan tener todo absolutamente controlado. Las universidades necesitan libertad y autonomía. Tenemos que cultivar a la sociedad para que sepa realmente lo que puede obtener de la universidad. Creo que hay una desconexión entre universidad y sociedad, cuando se tiene que saber que muchas cosas buenas salen aquí y de la gente que se dedica cada día a estudiar y a encontrar mejores procedimientos, pues si bien existe admiración por la universidad, también existe un desconocimiento de su papel actual. Quizás nosotros no hemos sabido transmitir la importancia de la universidad, no solamente como institución tradicional que se admira, sino como elemento dinamizador de la sociedad.

En octubre del año pasado los rectores de las universidades españolas acudimos al Congreso de los Diputados para solicitar una nueva ley de universidades en la que pedimos más autonomía y más financiación, con énfasis en una forma especial de funcionamiento que nos saque de esa burocracia que a veces nos asfixia, porque necesitamos un ambiente más libre para ser capaces de desarrollar ideas nuevas.

 

¿Encontraron en los diputados unos oídos atentos a las peticiones de los rectores españoles?

Sí, los hemos encontrado, y pese a que hay distintos intereses, al menos hay un acuerdo político en torno de la necesidad de una interacción entre la sociedad que está representada por sus diputados y la universidad. Fue algo extraordinario ver a los rectores en compañía de los políticos. La presidenta del Congreso de los Diputados es una de las personas que dinamizó estos encuentros y que pretende fortalecer programas como el de “Ciencia en el Parlamento”, donde los científicos asesoran a los políticos. Creo, por lo tanto, que nos estamos moviendo hacia otras formas muy interesantes de actuación.

 

En la página de la Universidad de Oviedo se anuncian logros en cuanto a transferencia de conocimiento plasmados en convenios con la industria. ¿Es una vinculación que están buscando?

Exacto, las empresas son fundamentales en el nuevo plan de ciencia, tecnología e innovación del Principado de Asturias. Es muy importante que nosotros seamos capaces de relacionarnos con las empresas para el desarrollo conjunto de proyectos de investigación y de formación de recursos humanos. Es algo que estamos impulsando a través de las cátedras de empresa que para nosotros son un elemento trascendental a la hora de encontrar puntos de encuentro entre empresa y universidad, con un mecanismo administrativamente sencillo donde hay un contacto previo de egresados y universitarios con las empresas. Éstas destinan una serie de fondos para ir a explorar en la universidad posibles proyectos y recursos humanos. No es simplemente llamar a nuestra puerta y pretender que les demos un producto, sino que tienen que integrarse desde adentro.

 

La Universidad de Oviedo es considerado un campus de excelencia internacional. ¿Lo es por sus mecanismos de transferencia de conocimiento, por conformar clusters de investigación? ¿Cómo logró ese reconocimiento?

En 2009 se consiguió ser un campus de excelencia internacional, lo cual constituyó un hito importantísimo para nuestra universidad. En aquel momento yo formaba parte del equipo de gobierno como vicerrector de investigación y la verdad es que trabajamos muy duro para poder ser una de las nueve universidades elegidas (entre 50 universidades públicas y privadas) por el Estado español como de excelencia. El proceso fue ilusionante y cumplió dos objetivos: primero, darnos esa confianza de que podemos abordar grandes proyectos de forma competitiva, y segundo, crear nuevas estructuras para pensar cómo nos podemos desarrollar y especializarnos. En la tarea se involucraron muchos científicos; se hizo un proyecto sólido a la vez que nos dimos cuenta de la potencialidad de la universidad. Fue un descubrir y reflexionar constantes, estableciendo prioridades en el camino. Desafortunadamente, los fondos para los campus de excelencia no continuaron y recibimos sólo una pequeña inyección de fondos. Cuando en países como Alemania o Francia hablábamos de múltiplos de 100, aquí hablábamos de múltiplos de 10.

 

Pero ahora retoman la cuestión de financiación con los diputados…

Sí, claro, para lograr que la sociedad sea consciente de que el gasto en ciencia no es un gasto, sino una inversión. Los fondos que se proveen a las universidades significan la recuperación de cuatro euros por cada euro invertido.

Ahora bien, la inversión en ciencia no significa que no prestemos atención a otras áreas disciplinares, que no tienen tanto retorno de tipo económico, pero que sí tienen un retorno social importantísimo. Nosotros no podemos dejar de impartir filosofía en la Universidad de Oviedo. Como universidad pública, nuestra preocupación no es solamente lo mercantil: tenemos conciencia por la tradición y por otras prioridades de servicio a la sociedad. Evolucionamos como lo hace la sociedad sin olvidarnos de nuestra historia. Ésa es la gran ventaja y también el desafío que tenemos las instituciones de más de 400 años. Tenemos que hacer compatible la tradición con la modernidad.

 

¿Cómo concilian ser globales, internacionales y a la vez locales, regionales?

Somos conscientes de que no podemos perder nuestra identidad y eso es algo que le debemos a las generaciones pasadas y futuras. No podemos dilapidar la herencia que tenemos por ofrecer únicamente lo actual. Por ejemplo, en la universidad hay cursos de lenguas: alemán, árabe, chino, francés, inglés, italiano, japonés, lengua de signos española, portugués, ruso y asturiano. Se enseña el idioma asturiano porque es algo que debemos conservar. Aunque en términos prácticos alguien puede decir: “¿Para qué quiero aprender a hablar un idioma que se parece al castellano?”, sencillamente por la misma razón por la que estudias latín o griego. Son idiomas que influyen en la cultura y que deben conocerse. Hay que conservar aquello que nos ha cohesionado y que nos concede una determinada característica.

Yo hice mi posdoctorado en Holanda, donde todo mundo hablaba inglés, pero los holandeses insistían en hablar su idioma, ya sea en un café o en una reunión científica y querían que aprendiéramos el holandés. Decían: “Nosotros somos capaces de hablar otros idiomas si queremos comunicarnos, pero no podemos perder el idioma que es nuestra esencia”. Más que una cuestión política, es una cuestión de identidad, sin pretensiones de aislarse.

 

Y ese mundo global y local, ¿cómo lo traducen al estudiante, para quien el gran reto es la empleabilidad?

Enseñando las nuevas formas de trabajo, que no necesariamente son de una empresa concreta, sino que implican la capacidad de tener un trabajo autónomo donde una persona desarrolla una serie de capacidades para varias empresas y que lo hace desde una pequeña oficina que igual da que esté en Asturias o en Madrid.

Es transmitir esa capacidad de adaptación, ya que estamos formando personas para el futuro y no para que sean lo que fuimos hace 50 años.

Los profesores deben tener esta clave de formar personas para el mundo que viene, el cual casi se desconoce. Y no es fácil, porque la nostalgia lleva a pensar que todo lo anterior fue mejor, y esto dificulta los cambios. La prueba es que estamos luchando contra el uso de los apuntes físicos, a cambiar el libro físico por el electrónico, y nos cuesta trabajo ir a la clase más abierta, con más ejemplos, y volvemos a la clase con la pizarra, porque así aprendimos nosotros.

 

¿Reciben a muchos estudiantes extranjeros?

Ahora nos encontramos entre las cinco universidades que más fondos recibimos por los programas de intercambio. Por lo tanto, hemos tenido mucho éxito en los últimos programas, sobre todo en los programas Erasmus Plus y en los proyectos de grandes grupos o de grandes redes. En conjunto, intercambiamos más de 3,500 personas al año, en una universidad en la que tenemos 23,000 estudiantes, y esto seguirá creciendo. Tenemos especial predilección por intercambios con Latinoamérica, pero también con Europa y Estados Unidos. Y hemos empezado a intercambiar cada vez más con universidades de China, del norte de África y también de Rusia.

 

¿Qué le quisieras transmitir al estudiante mexicano en particular, y al latinoamericano en general, de venir a estudiar en la Universidad de Oviedo?

Creo que Asturias representa un poco la esencia de la emigración hacia Latinoamérica, igual que la representa Galicia. Por lo tanto, los estudiantes latinoamericanos que vengan a Asturias van a encontrar una tierra que los va a acoger de una forma muy parecida a como ellos lo harían con los asturianos. Y por lo tanto se van a encontrar como en su casa pues descubrirán que hay costumbres muy parecidas. Van a encontrar un sitio que los va a hacer crecer como personas y van a sentirse parte de la comunidad.

 

¿Y en cuanto a la formación en diversas disciplinas?

Una formación muy sólida. Por ejemplo, podrán contar con una gama amplísima de ingenierías del mejor nivel, en ciencias, en física y en matemáticas, pero también en humanidades. Para el estudio de idiomas tenemos una casa de las lenguas excelente, y luego un lugar de convivencia con estudiantes de muchos países en una sociedad que no presenta grandes problemas de delincuencia, que es una sociedad muy abierta. Y también tendrán la puerta abierta para Europa, pues una cosa importante que tenemos son posgrados no sólo en español sino también en inglés.

Encontrarán, por decirlo así, una cultura de hermanos, en una universidad que tiene 410 años de historia y que, como decía al principio, se siente orgullosa de su tradición.

   


 

Santiago García Granda estudió la licenciatura y el doctorado en química en la Universidad de Oviedo, y completó su formación académica como becario posdoctoral en la Universidad de Nijmegen, Holanda. Es especialista en determinación estructural, cristalografía, difracción y cálculos moleculares, así como ex presidente de la European Crystallographic Association, donde ha servido desde agosto de 2006. Recientemente fue elegido ordinary member del Executive Committee de la International Union of Crystallography.

Es catedrático de química-física en la Universidad de Oviedo, tanto en licenciatura como en doctorado. También imparte docencia bilingüe, español e inglés, en programas máster de la Universidad de Oviedo y de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Es autor de más de 500 artículos científicos y de divulgación científica, de varios capítulos de libros y de numerosas comunicaciones y ponencias presentadas en congresos, sobre estudios químico-físicos de nuevos materiales, estructura molecular, cristalografía, difracción y métodos de cálculo, y ha liderado más de 30 proyectos de investigación nacionales y europeos.

De mayo de 2008 a abril de 2012 fue vicerrector de Investigación de la Universidad de Oviedo y secretario ejecutivo de la sectorial de I+D de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas. Desde 2016 se desempeña como rector de la Universidad de Oviedo.

 

 

* Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Santa Fe.

 

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