Educar en la sociedad del conocimiento

Educar en la sociedad del conocimiento

Juan Carlos Tedesco

Fondo de Cultura Económica, México, 2014

 

En la sociedad del conocimiento, a diferencia de otras, donde los factores de poder social se fundamentan en la propiedad de los recursos naturales, el rol del conocimiento y la información son factores claves de fuerza social. Pero, ¿cómo afecta esto a la educación? Más aún, ¿cómo tiene que manejarse la educación teniendo en cuenta esto?

Nos encontramos ante una obra que se propone analizar el rol de la educación en este nuevo tipo de sociedad. Alvin Toffler (1928-2016) veía en el conocimiento un potencial benefactor de la equidad social; sin embargo, se equivocaba. Juan Tedesco, en el primer capítulo de la obra, nos hace ver que la fundamentación del poder en la información en realidad genera repartición inequitativa de la riqueza y segregación social. No sólo eso, sino que la aplicación de la ciencia a la industria implica necesariamente la reducción de empleos.

Dicho esto, el segundo capítulo se enfoca en los cambios que generan las tecnologías de la información en la educación. Las clases pregrabadas, el software de instrucción y la educación a distancia han convertido a la enseñanza en algo que se hace en masa. Sin embargo, esto produce cambios sustanciales en los modos de trabajo, pues no todos tienen acceso a este tipo de educación. Citando al autor: “Las personas con altos niveles de calificación forman una comunidad más densa, con tendencia a agruparse, relegando a los menos calificados ya sea el desempeño de tareas viles o directamente a la exclusión”.

Teniendo este horizonte: ¿cuál es el rol de las universidades? ¿Son responsables de esta inequidad? Las instituciones de educación superior son las responsables de cómo se difunde la información, por lo que deben tener claro qué implica estar inmersas en una sociedad del conocimiento. Hasta ahora éstas han tenido dos principales posturas: 1) negar la segregación social y 2) reducir este efecto a debates sobre técnicas de gerencia y mala administración, dejando de lado lo que hay de fondo en estas transformaciones. En esta sección se discute cuál tiene que ser el rol de las instituciones de enseñanza superior para enfrentar este cambio social.

Finalmente, en la última parte del libro el autor realiza un análisis de los retos que tienen las reformas en educación de América Latina. Primeramente, se debe particularizar la educación con base en el contexto de la escuela en cuestión: el docente debe aprender a reconocer su entorno y a sus alumnos para poder optimizar su labor. En segundo lugar, se debe democratizar el acceso a la información para evitar la segregación social. Finalmente, las relaciones entre la escuela y la sociedad deben estrecharse: la educación básica debe estar fuertemente relacionada con el hogar; el proceso de socialización cultural se debe dar a partir del acercamiento de la enseñanza con los medios de comunicación, y, por último, es necesario que las escuelas formen vínculos con las empresas para que los alumnos tengan una formación adecuada para el trabajo.

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