Educar en verde. Ideas para acercar a niños y niñas a la naturaleza

Educar en verde. Ideas para acercar a niños y niñas a la naturaleza

 

Heike Freire

Graó, Barcelona, 2011

 

“Salvad la tierra, salvad el planeta, proteged la naturaleza”, les decimos constantemente a nuestra infancia y adolescencia: la generación del futuro. Pero ¿cómo podrán protegerla y salvarla si no la conocen, si viven de espaldas a la naturaleza y no tienen ninguna experiencia directa de ella? Y aquello que no se vive no se puede amar, porque las aproximaciones son tan racionales como emocionales.

He aquí una de las grandes paradojas. Nunca como hasta ahora se había hablado tanto de medio ambiente: en los libros, en los medios de comunicación y en internet, donde existen programas de todo tipo, incluso para poder cuidar a los animales de la granja. Pero nunca como ahora la infancia había estado tan alejada de su propio entorno y había llevado una vida tan sedentaria. Pensemos un momento en el recorrido diario que realiza hoy el alumnado desde que acude al colegio hasta que se acuesta. Y, a continuación, pensemos en el que se hacía hace 20, 30 o 40 años. La falta de ejercicio repercute, obviamente, en la salud física y emocional de los niños y las niñas.

Éste es el punto de partida —o una de las tesis centrales del libro— que la autora ilustra con un documentado acopio de argumentos y datos. Veamos sólo tres de estos muy significativos: la obesidad afecta a 16% del periodo infantil comprendido entre los seis y los 12 años de edad, tres veces más que hace 15 años; en España, únicamente 30% de los escolares de 8 a 12 años van solos a la escuela, y el tiempo de juego en la infancia, en las sociedades industriales, se ha reducido unas 12 horas semanales.

En la introducción, Heike Freire se refiere a distintas pedagogías: la negra —que recurre al autoritarismo y a la violencia—, la blanca —de métodos más suaves—, la roja —que apela a un proyecto crítico y emancipatorio— y la verde, que entronca con la tradición humanista y “entiende metafóricamente al ser humano como una semilla o una planta que posee en su interior todo lo necesario para desarrollarse”, y, por lo tanto, “respeta y confía en los ritmos naturales de su desarrollo y en su capacidad natural de aprendizaje”.

Esta obra, que forma parte de la colección Familia y Educación, se estructura en cinco apartados, donde se mezclan las reflexiones y los apuntes críticos con toda suerte de propuestas para explorar el entorno natural y volver a la tierra: “Una cultura de espaldas a la naturaleza”, “El verde en la salud física y emocional de los niños”, “Para recuperar el contacto”, “Descubrir y explorar el entorno natural” y “Volver a la Tierra: las enseñanzas de la madre”.

En la estela de la mejor tradición de la pedagogía activa, que destaca los beneficios de la naturaleza porque facilita una educación más integral del ser humano, mediante el juego espontáneo y la observación y la comprensión del entorno, reivindica un retorno a la escuela u otros espacios educativos al aire libre. Es posible que la organización de este modelo escolar sea, de entrada, mucho más costosa, pero a la larga representa un ahorro importante: porque la apuesta por una nueva forma de vida con más calidad obvia la necesidad de muchos diagnósticos médicos y consumo de fármacos.

La autora advierte de los peligros de la cápsula tecnológica llevada al extremo: “Cerrados sobre sí mismos, nuestros hogares se han convertido en auténticos búnkeres, cápsulas tecnológicas que nos separan del entorno: refugio donde nos sentimos seguros, pero que también nos limitan y atosigan”. A estas alturas no vamos a descubrir las enormes ventajas y potencialidades de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y de las redes sociales a la hora de acceder, difundir, intercambiar y compartir conocimientos. Pero el problema —se ha repetido hasta la saciedad— no es el uso de estos artefactos, sino su abuso. Y, en el caso que nos ocupa, lo que deja de hacerse: la falta de movimiento y de vivencia de los entornos naturales, como muy acertadamente señala la autora. Uno de los grandes retos de la educación del futuro será cómo lograr combinar, con sabiduría y equilibrio, los entornos natural y virtual.

Por último, Freire se refiere al miedo que de forma obsesiva y preocupante se ha ido instalando de manera progresiva en nuestra sociedad hacia todo lo extraño y desconocido: lo son diversas personas y colectivos, y también acaba siéndolo la naturaleza. En nombre de la seguridad se restringe cada vez más la libertad, lo que conlleva un control más estricto de las vidas infantiles, sustituyendo el mundo natural por otro artificial, programado y, por ello, restrictivo: “El miedo nos impide vivir la vida en plenitud, y a los niños, desarrollar todas sus capacidades”.

Se trata de un texto que mantiene un sólido hilo argumental, con nervio en las argumentaciones, frescura en las exposiciones y concreción en las propuestas. Además, cuestiona tópicos y recupera viejos proyectos con las necesarias dosis de realismo y utopía a la luz del nuevo contexto socioeducativo y de la nueva identidad infantil.

  


 

* Reseña publicada como “Menos miedo y más libertad” en Cuadernos de Pedagogía, núm. 419, enero de 2012.

  

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