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El Sistema Nacional de Investigadores, veinticinco años después. La comunidad científica, entre distinción e internacionalización

El Sistema Nacional de Investigadores, veinticinco años después. La comunidad científica, entre distinción e internacionalización

Didou Aupetit Sylvie y Gérard Etienne

ANUIES, México, 2010

 

El 26 de julio de 1984 fue creado por decreto presidencial el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). La principal justificación esgrimida para crearlo consistió en que ese dispositivo brindaría a los investigadores más productivos la posibilidad de mejorar sus ingresos económicos, gracias a la obtención de incentivos financieros otorgados selectivamente por comisiones de pares, después de una evaluación de sus publicaciones y de sus compromisos en la formación de recursos humanos; adicionalmente, se optó por asignar sobresueldos de monto variable, según la categoría asignada con base en la trayectoria corroborada.

El SNI representó, así, una fórmula para elevar los ingresos de los investigadores; permitió diferenciar a los integrantes en función de una productividad demostrada, aminorando con ello la fuga de cerebros atraídos por las mejores oportunidades salariales que se ofrecían en el exterior; paralelamente, contribuyó a evitar el efecto dominó que hubiese acarreado un aumento generalizado de sueldos.

Un cuarto de siglo después de su instalación, los autores analizaron el papel que ha desempeñado el SNI en la comunidad científica del país, el cual no se circunscribe ya a una función de complemento al salario, sino que asume roles más complejos: sin demérito de representar todavía un ingreso no salarial de monto significativo para los investigadores, sobresale por su influencia en los valores éticos y en la estructuración de la profesión científica; en efecto, se ha vuelto un rasero comúnmente aceptado aunque siempre ampliamente cuestionado para definir la calidad/productividad de los investigadores como individuos. Así, ha transitado de lo económico (sin dejar nunca de ser relevante) a lo simbólico; hoy el SNI es esencialmente un dispositivo que recorta élites científicas con distintos niveles de preeminencia.

Éstas y otras hipótesis plantean los autores, quienes llegan a conclusiones como que este sistema sirve de vehículo de representaciones tópicas de las identidades deseadas y de las características constitutivas generales de un científico “exitoso”, rompe con las figuras domésticas del científico y propicia el acercamiento a un modelo tipo aceptado a escala internacional.

Tomando como referencia la base de datos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología sobre el SNI, los autores reflexionan en torno de los perfiles de sus integrantes: género, edad y posición en el sistema, país de nacimiento, formación, disciplina y adscripción, y correlacionan lugar de nacimiento y formación (mexicanos que obtuvieron su máximo grado de estudios en el país, o fuera del país, extranjeros que lo hicieron en México y quienes lo lograron en su país de origen o en un tercer lugar). Asimismo, analizan los factores mediante los cuales se ubica a los investigadores en los diferentes niveles, distribución por áreas disciplinarias y trayectorias de prestigio, y exploran la atracción de recursos humanos altamente calificados y la constitución de polos para la circulación, transmisión y (re)creación de conocimientos.

 

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Revista El Mundo del Abogado