Enseñar a vivir

Enseñar a vivir

 

Edgar Morin

Paidós, Barcelona, 2016

 

Edgar Morin es un autor conocido pero, quizás, poco comprendido en el mundo de la educación. Ha hecho aportaciones muy significativas para cambiar el paradigma educativo dominante a partir de la incorporación del pensamiento complejo, del conocimiento del conocimiento, de su propuesta de los “saberes necesarios” que han de formar parte de la educación del futuro en la era planetaria y de la necesidad de comprender los problemas que hemos de afrontar en la complejidad y la incertidumbre de nuestras vidas.

Este texto constituye una síntesis de su obra respecto de su concepción de la educación hoy y de la necesidad de hacer una metamorfosis radical de la misma. Su tesis central es que la escuela ha fracasado en lo que debería ser su misión esencial: enseñar a vivir.

Es muy clarificador el comienzo del primer capítulo, “¡Vivir!”, con una pregunta fundamental: “¿Qué es vivir?” Es una aventura en la que nuestras certidumbres y nuestras creencias pueden engañarnos. En ella es necesario tener conocimientos pertinentes en su contexto y en su complejidad. “Vivir es afrontar continuamente la incertidumbre” y los riesgos. Conocer y relacionarnos con los demás requiere comprenderlos y ser comprendidos por ellos. Además, vivir —frente a sobrevivir— es poder desplegar las propias cualidades y aptitudes: “Vivir de forma poética sería la realización plena, la comunión, el amor y el juego”.

En una sociedad y una escuela que nos introduce en una vida deteriorada, en la que el ser humano es instrumentalizado, “habría que introducir la preocupación pedagógica por ‘saber vivir’ y aprender ‘el arte de vivir’ ”. Aprender la filosofía de la filosofía donde no hay pasión sin razón, ni razón sin pasión guiadas por la bondad y el amor. Ése es el arte de vivir continuamente renovado e inventado. Para eso “es preciso aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza”. Educar para la vida es fomentar la autonomía y la libertad mental.

La escuela y la educación, como la sociedad, viven una crisis multidimensional que no se puede aislar de una crisis de civilización de difícil diagnóstico. Por eso “saber vivir, un problema que tenemos todos, es el meollo del problema y de la crisis de la educación”.

La educación para la comprensión está ausente de nuestro sistema educativo. Lo anterior implica comprender la incomprensión para poder comprendernos a nosotros mismos y a los demás; promover la ética de la comprensión mutua y del diálogo en el seno del aula y de la escuela a través del propio reconocimiento.

El capítulo central está dedicado al significado del conocer humano. Se detiene en la necesidad del conocimiento del conocimiento, de sus cegueras y sus errores, de la necesidad de la reforma del pensamiento rompiendo con el “paradigma de la disyunción”, aprendiendo un modo de conocimiento que relaciona y conecta. Sus componentes son la noción de sistema, la circularidad, la dialógica, el principio hologramático y el pensamiento complejo. Esa reforma del pensamiento tiene una dificultad que reside en la educación de los educadores, que “se autoeducarán con la ayuda de los educandos”.

El conocimiento de nuestra condición humana y su complejidad como individuo-especie-humanidad es otra de las ausencias de los programas escolares. Hoy se da en el seno del mayor relato imaginable, que empieza en la historia de nuestro universo y, dentro de él, el relato de la hominización, donde la aventura humana prosigue hoy en medio de la incertidumbre y lo desconocido.

Acaba con la necesidad de la regeneración del Eros del profesorado, que puede guiar la revolución pedagógica del conocimiento y del pensamiento para cambiar nuestros sistemas educativos en su totalidad, ya que “su finalidad es, en definitiva, el ‘buen vivir’ de todos y cada uno de nosotros”.

Como vemos, los temas planteados invitan a una reflexión profunda de los grandes vacíos de nuestras escuelas y de las vías por las que se debería avanzar para cambiar. Es de lectura muy recomendable tanto por los interrogantes que plantea como por las propuestas que hace. Implica un cuestionamiento desde la raíz de la escuela y la educación que tenemos. Es una escuela alejada del saber vivir que todos los seres humanos necesitamos aprender hoy. Propone caminar en la dirección de un vivir y un convivir enraizado en los valores de la comprensión, el diálogo, la atención y el cuidado mutuo para afrontar con pequeñas certezas las grandes incertidumbres de hoy.

 

Julio Rogero Anaya*

 

 


 

 

* Maestro de educación primaria, miembro activo del colectivo Escuela Abierta, perteneciente a los Movimientos de Renovación Pedagógica. Reseña publicada originalmente como “La misión esencial de la escuela” en Cuadernos de Pedagogía, núm. 472, noviembre de 2016.

 

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