La alegría de educar

La alegría de educar

 

Josep Manel Marrasé

Plataforma Editorial, Barcelona, 2013

 

El título de este libro suscita emoción positiva e interés. El autor, Josep Manel Marrasé, tiene una larga experiencia como director y docente, principalmente de matemáticas, y aporta un conjunto de recomendaciones para mejorar la práctica educativa a partir de la experiencia y la reflexión personal.

El contenido de la obra se estructura en siete capítulos que tienen elementos en común: la importancia del desarrollo personal, la ética, los valores, las emociones y el entrenamiento.

En el primer capítulo se plantea una serie de preguntas: ¿qué es enseñar?, ¿qué sentido tiene enseñar hoy?, ¿cómo enseñar?, ¿qué tipo de autoridad ejercer? Enseñar debería conducir a la mejora, a desarrollar capacidades, a investigar, a innovar, a gestionar emociones, a comunicar, a convivir éticamente. Los educadores deben buscar cualidades, no defectos. Las medidas a adoptar deben ser edificantes, no humillantes. Se puede “mandar” con expulsiones, gritos y descalificaciones; algo muy diferente es convencer y motivar. Primero hay que formar personas; después buenos profesionales. Para ser efectivo, el profesor debe observar el tiempo emocional en clase, del mismo modo que los meteorólogos analizan las isobaras o la presión atmosférica. Para responder adecuadamente, la medición de las emociones es uno de los retos de la educación.

En el segundo capítulo se abordan las señales: gritos, miradas, sensor emocional, palabras, complicidades positivas. El profesorado debería formarse en técnicas teatrales y de dramatización. Los actores confieren un sentido a las pausas, a los gestos y a las expresiones emocionales que son de gran utilidad en la práctica docente.

Cómo activar las redes emocionales es el tema del tercer capítulo, en el que se trata el optimismo inteligente y razonable, saber, crecer, fluir, con la intención de emocionar, que es la mejor forma de motivar.

Educar para la vida es un aspecto clave del cuarto capítulo, titulado “Salir a escena”. En clase se entra y se sale, se imprime un ritmo, hay que sorprender, motivar, descubrir talentos, entrenar y, en definitiva, educar para la vida. Esto implica educar la autoestima y otros aspectos del crecimiento personal.

En el quinto capítulo el autor se pregunta: ¿qué se espera de la escuela? En primer lugar, un sistema de valores. Toda educación de calidad debe basarse en la verdad, en la belleza y en la bondad.

¿Qué se espera del profesor? Esta pregunta se plantea el sexto capítulo. Pasión, entusiasmo, autenticidad, coherencia, curiosidad, optimismo, equilibrio y ética es la respuesta.

El libro finaliza con un capítulo sobre “Educar en futuro”. La escuela debe formar ciudadanos cultos y éticos, con base en el optimismo y la autoridad moral. Se debería aprovechar la experiencia de los docentes con éxito contrastado. Potenciar la vida interior. Para ello se necesita un profesorado altamente motivado que fomente las redes emocionales.

El autor es más un profesional de la docencia que un experto en pedagogía o en ciencias de la educación. Avanza en la valoración crítica cuando afirma: “Este libro no pretende ser un manual para eruditos”. Apreciando positivamente su humildad, conviene analizar críticamente algunas afirmaciones que tal vez no acaban de estar suficientemente fundamentadas o al menos son discutibles. Y consideramos que el juicio crítico también es una competencia básica que se debe educar.

Por ejemplo, sostiene que 93% del contenido de los mensajes se transmite mediante canales de comunicación no verbal. Para justificar esta afirmación remite a una obra de Eduard Punset, quien tampoco aporta ninguna evidencia que apoye esa afirmación. Sin duda, es muy importante la comunicación no verbal y hay que prestarle la atención que merece. En los niños pequeños prácticamente toda la comunicación es no verbal. Pero en muchas situaciones, por ejemplo cuando escuchamos la radio o una lección de economía o de matemáticas ¿sólo 7% se comunica con palabras? No hace falta ser un genio para calibrar que es una exageración, la cual se debe a una mala interpretación de la investigación original de Mehrabian que llegó a la conclusión del 7%, referido solamente a mujeres que comunican emociones. Esto ha dado lugar a lo que se conoce como Falacia de Mehrabian, que él nunca quiso sostener. Pero es curioso cómo esta idea se está difundiendo sin el más mínimo análisis crítico. Investigaciones posteriores resaltan la importancia de la comunicación no verbal, pero sin llegar a datos numéricos contrastados. En conclusión, algunas afirmaciones deben matizarse y analizarse críticamente, ya que la realidad es más compleja de lo que sustentan ciertas afirmaciones simples.

La aportación de este libro probablemente sea que expresa un conjunto de deseos y propuestas que ayudan a enfocar el reto educativo con base en el optimismo, el entusiasmo, la ilusión y, en definitiva, la alegría que le pone el título. En este sentido, bienvenido sea, siempre que se lea con juicio crítico.

 

Rafael Bisquerra Alzina*

 


 

 

* Reseña publicada originalmente como “Paseos y propuestas para enfocar el reto educativo” en Cuadernos de Pedagogía, núm. 433, abril de 2013.

 

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