La educación emocional en la práctica

La educación emocional en la práctica

 

Rafael Bisquerra Alzina (coord.)

Horsori, Barcelona, 2010

 

La atención a las emociones puede considerarse uno de los más nobles aspectos de la labor educativa, que sobrepasa la mera instrucción para favorecer el desarrollo de seres humanos completos, con todas sus dimensiones (física, intelectual, social y afectiva) integradas. Desde que, a principios del siglo pasado, un conocido pedagogo afirmara que cuando la emoción es libre la inteligencia viene por sí misma, numerosas investigaciones han destacado el impacto de la educación emocional en el bienestar personal y en el éxito en la vida. Estudios realizados en Estados Unidos señalan que dedicar una hora diaria simplemente a conversar con los alumnos sobre sus problemas contribuye a mejorar el rendimiento, por ejemplo, en matemáticas, bastante más que una clase adicional de esa materia. Los cambios sociales y tecnológicos recientes requieren la adquisición de metacompetencias, como aprender a aprender, que no apelan exclusivamente a capacidades cognitivas e incluyen aspectos emocionales. Todas estas tendencias vienen recogidas en recomendaciones y leyes internacionales, como la Convención por los Derechos del Niño, cuyo artículo 29 aboga por una educación orientada al desarrollo de la personalidad.

Va siendo hora, como señalan los autores de este libro, de que las administraciones públicas se tomen en serio los cambios positivos que la educación emocional representa para la educación en general y adopten las medidas oportunas para la formación del profesorado y la puesta en práctica en los centros educativos. Una tarea a la que esta obra pretende contribuir aportando una visión general del marco teórico y una serie de recursos concretos (programas y ejercicios prácticos, métodos de evaluación, bibliografía, webs, etcétera) para trabajar las emociones en los distintos niveles educativos, en las áreas transversales (tutorías, educación en valores y para la ciudadanía) y en la familia.

La educación emocional favorece el aprendizaje de competencias básicas como la capacidad de nombrar y expresar lo que se siente, de comprender y aceptar las emociones propias y las de los demás, y de canalizarlas y regularlas de forma constructiva. Con lo anterior se pretende evitar tanto los problemas denominados de externalización (absentismo, conducta antisocial, drogas, violencia, etcétera) como los de internalización (ansiedad, estrés, depresión, trastornos mentales, etcétera). Se trata de una intervención preventiva, que puede ayudar a mejorar el clima social en los centros educativos y a resolver problemas de disciplina.

La introducción de la educación emocional en nuestro sistema educativo se enfrenta a problemas derivados de las actitudes y la formación del profesorado, la presión de los resultados, la novedad del tema y la falta de experiencia. También tendrá que evitar quedarse en un contenido más del currículo, tecnificarse en exceso olvidando que su objetivo es el bienestar de las personas o convertirse en un simple mecanismo de adaptación, sin una reflexión de fondo sobre los cambios necesarios, en la estructura de la propia institución escolar, que permitan contemplar e incluir esta dimensión de las personas.

 

Heike Freire*

 


 

 

* Reseña publicada originalmente como “Hacia una formación integral” en Cuadernos de Pedagogía, núm. 408, enero de 2011.

  

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