La palabra educación

La palabra educación

  

Juan José Arreola

Editorial Laberinto/Universidad Autónoma de Aguascalientes, México, 2017

 

La palabra educación es una recopilación de fragmentos escritos por Juan José Arreola que tuvieron diversos propósitos: desde intervenciones en mesas redondas y charlas informales, hasta conferencias. El texto se divide en seis secciones: “Vida”, “Cultura”, “Consciencia”, “Jóvenes”, “El maestro” y “Palabra”. Aunque no hay una clara continuidad entre los párrafos de cada una de estas partes, al ser leídos de corrido se advierte una postura bien definida sobre cada tema en particular.

La primera parte hace hincapié en las repercusiones negativas que representa el apogeo del espíritu razonador. Las universidades, al imponer una determinada forma de pensar y al desvalorizar las actividades que se realizan con el cuerpo, están promoviendo un empobrecimiento de la vida, un suicidio colectivo. Aquí Arreola hace un llamado al irracionalismo y a cobrar consciencia sobre lo innecesaria que en ocasiones resulta ser la razón.

Por otra parte, en “Cultura”, el autor nos hace ver la función de la tradición cultural. La adopción del conocimiento pasado construye la visión del mundo que tenemos en el presente. De esta manera, el hombre culto, al transmitir su saber, funge como dador de sentido. Sin embargo, también la tradición se anquilosa, por lo que la edificación de la cultura supone que los individuos generen cultura propia, que fomenten su propio pensamiento.

En “Consciencia”, Arreola hace una crítica a la pérdida de proporciones que supone ir más allá de nuestra realidad inmediata. El hombre es una construcción cimentada en recuerdos; sin embargo, éstos pueden provenir también de la cultura. Si se le da un mal manejo a esta herencia, el hombre sobrepasa su tamaño y “ya no vive a una escala natural con sus propios ideales en el medio ambiente que lo rodea, y padece megalomanía, el delirio de grandeza”.

En “Jóvenes”, el escritor mexicano inevitablemente toca el tema de la universidad. El objetivo de ésta no es la expedición de un título, sino introducir y aproximar a los estudiantes a su vocación, entendida como “aquello que debemos hacer, porque si no lo hacemos sería imposible seguir viviendo”. Una vez que se da este acercamiento, el universitario deviene en un creador de diálogo, en un comunicador de su vocación. En este sentido, el conocimiento se vuelve pasión y entrega. Si al saber se le concibe como obligación, entonces se propicia la destrucción de la memoria, ya que aquello que es impuesto no puede durar mucho.

Siguiendo esta línea de amor por el entendimiento, en “El maestro” el docente no se presenta como un simple facilitador de conocimiento, sino que tiene que transmitir emoción, ya que la memoria se funda en el afecto. El instructor tiene la misma función que el estudiante, ser un dialogante, pero siempre transmitiendo la pasión por su vocación.

Por último, “Palabra” nos regala reflexiones en torno al lenguaje, al cual Arreola entiende como raciocinio, pues “no hay pensamiento que no se realice en términos de lenguaje y que no pueda ser transmitido a los demás […] Nuestro modo de hablar es nuestro modo de ser. El espíritu sólo puede ampliarse en términos del lenguaje”. De esta forma, para Arreola, la palabra es la base del ser del hombre.

A través de los párrafos de esta obra puede percibirse un verdadero amor al saber, el cual trasciende la concepción de la educación tradicional y se sostiene en la emoción y la pasión. Estamos ante un texto hecho por un filósofo en el sentido etimológico de la palabra.

 

Patricio Ávila

 

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