Otras formas de aprender. Qué funciona en educación y por qué

Otras formas de aprender. Qué funciona en educación y por qué

 

Alex Beard

Plataforma Editorial, 2019

 

Un lugar común cuando hablamos de educación es colocarla en estado de crisis permanente. Algunos factores que se señalan como las causas de la aludida crisis son las cuestiones de índole institucional-gubernamental, la falta de interés del alumnado, el contenido de los libros de texto, entre muchos otros que siguen una línea similar. ¿Y si lo que está fallando en realidad es la manera como abordamos el conocimiento y la forma en que aprendemos?

En su obra Otras formas de aprender. Qué funciona en educación y por qué, Alex Beard nos muestra que el modelo tradicional de educación, aquel en el que el docente imparte una cátedra magistral ante los alumnos, debe ajustarse al desarrollo y a los avances tecnológicos que en gran medida facilitan el aprendizaje y la participación, abriendo, a su vez, mayores espacios de diálogo.

En la introducción, titulada “Un cuento de dos academias”, que nos recuerda a Charles Dickens en Historia de dos ciudades, Beard realiza la siguiente reflexión que nos otorga un panorama sobre el libro: “Un niño que viajase a través del tiempo desde la antigua Atenas […] no tendría ningún problema para reconocer un aula con su profesor y sus alumnos. Con todos los progresos que hemos hecho en otros ámbitos de la actividad humana, ¿no deberíamos haber llevado a cabo hace mucho tiempo una revolución en nuestra forma de aprender?” Es decir, mantenemos una postura sobre la educación que es ajena al avance tecnológico, dejando de lado herramientas que nos pueden ayudar a maximizar el aprendizaje como la inteligencia artificial.

En este sentido, Beard, a lo largo de 10 capítulos distribuidos en cuatro partes, nos conduce a visibilizar que existen nuevas formas de educar lejos de los modelos tradicionales, a partir de la tecnología y de los avances científicos que se presentan en nuestra sociedad.

La primera parte del libro, “Pensar de nuevo”, redunda en una idea esencial: todos nacemos con inteligencia móvil y con amplia capacidad de aprender, no sólo de adquirir conocimiento. Sin embargo, actualmente contamos con una serie de herramientas tecnológicas que están disponibles para la mayoría, a través de las cuales es posible adquirir diversos conocimientos y habilidades.

Por su parte, el apartado “Hacerlo mejor”, señala que la manera actual en que se imparte la educación ha servido de manera eficiente, pero no considera que puede ampliarse a otros ámbitos más allá de las aulas; es decir, resulta prioritario enseñar habilidades para que los alumnos puedan aprender por su propia cuenta a través de los medios disponibles.

En cuanto a “Ejercer el cuidado”, el autor hace referencia al desarrollo de la educación como labor vital para la evolución de la sociedad y de sus necesidades. Esto, de manera que se aleje, como ya se había advertido, a las necesidades del mercado como eje rector para el desarrollo humano, que si bien se ha significado como un desarrollo de la alfabetización, no debemos abandonar los ideales éticos que se requieren ya no sólo en la impartición de conocimientos sino también en la generación de cultura.

El capítulo final, “Coda”, refiere la necesidad de devolver la importancia debida a la escuela, pues la propia escuela era la invención más grande y más importante de la humanidad… Era el medio a través cual hacíamos avanzar a nuestra cultura y a nuestra tecnología, el combustible que impulsaba nuestra especie”. En su desarrollo, la escuela ha pasado de ser un privilegio para unos cuantos, a ser, en la era de las tecnologías, un elemento esencial para todos, elemento esencial transformador y generador de oportunidades.

  

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