Una buena infancia: en busca de valores en una edad competitiva

Una buena infancia: en busca de valores en una edad competitiva

 

Richard Layard y Judy Dunn

Alianza Editorial, Madrid, 2011

 

Los rápidos y profundos cambios que están experimentando las sociedades occidentales en sus estructuras familiares, económicas y urbanas, y en hábitos alimenticios, tecnologías, movilidad personal y profesional, migraciones, etcétera, en los últimos 40 años, están afectando decisivamente a la infancia. Muchos niños tienen dificultades para adaptarse a la velocidad, a la conflictividad, a la sobreestimulación, a la presión y a la falta de espacios propios y de contacto con la naturaleza en sus respectivos entornos: familia, medios de comunicación, escuela, ciudad. El impacto global de esta época de incertidumbre, inestabilidad y relaciones líquidas sobre la sensibilidad infantil aún está por evaluarse. Los elevados índices de obesidad, estrés, soledad y aislamiento, fracaso escolar, trastornos emocionales y de conducta, e incluso pobreza, han llevado a algunos expertos a preguntarse si la infancia de hoy, en los países desarrollados, es sostenible. ¿Podrá la futura generación desarrollar todo su potencial? ¿Será capaz de satisfacer sus necesidades? ¿De hacer frente a los desafíos? ¿De mantener el bienestar a largo plazo? ¿De crear relaciones humanas sólidas y satisfactorias? 

Una buena infancia presenta los resultados de una gran encuesta sobre la situación de los niños, realizada en Reino Unido, entre 2007 y 2008. En la encuesta, patrocinada por la Children’s Society, fundación vinculada a la Iglesia anglicana, participaron más de 35,000 personas, la mayoría niños y adolescentes. El estudio explora siete áreas principales relacionadas con las necesidades básicas de la infancia hoy: familia, amigos, estilo de vida, valores, escolarización, salud mental y desigualdad. Pero no se contenta con elaborar una cartografía de sus condiciones de vida, vivencias, problemáticas, alegrías y sufrimientos; también ofrece numerosas recomendaciones para mejorarlas, como una educación temprana para la maternidad y la paternidad conscientes, la creación de espacios de autonomía y libertad donde poder jugar y encontrarse con los amigos, la mejora del estatus social y profesional de los docentes o el entrenamiento y la evaluación del desarrollo emocional en las escuelas. Nos invita a repensar, a partir de la experiencia de ser niño, el tipo de sociedad en la que deseamos vivir y el grado de compromiso, solidaridad y responsabilidad con el futuro que estamos dispuestos a asumir.

Aunque teñido con la ideología y los valores cristianos que, por otro lado, reivindica abiertamente, el informe presenta un riguroso y considerable esfuerzo por superar los numerosos prejuicios sociales y culturales que condicionan nuestra forma de pensar sobre la infancia, muchos de los cuales tan caricaturales y extremos como el del niño víctima o el niño delincuente. Es un intento honesto y sincero de ver y entender el mundo desde la perspectiva de los jóvenes; de comprender cómo les afectan las trasformaciones sociales, quiénes son realmente y dónde están o dónde les gustaría estar. Para eso, indudablemente, sólo hay un camino: escuchar a los niños. El presente estudio es un ejemplo a seguir.

 

Heike Freire

 


 

Reseña publicada originalmente con el título “Del lado de los niños”, en Cuadernos de Pedagogía, núm. 416, octubre de 2011.

 

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