Alfabetización emocional

Reaprender la relación estudiante-docente con base en el nuevo modelo educativo

Alfabetización emocional

¿Cuáles son las implicaciones que tiene la integración del desarrollo de las habilidades socioemocionales en el nuevo modelo educativo? Las autoras visualizan, desde un enfoque humanista, los retos y los desafíos que implicará este tema para a la comunidad educativa, así como en la relación entre estudiantes y docentes que se vive en el proceso de enseñanza-aprendizaje. 

 

Esta reflexión intenta presentar de manera breve el panorama de la realidad educativa actual, así como el propósito del Modelo Educativo 2017 en cuanto a la propuesta de una formación integral que incluye en el currículo el desarrollo de las habilidades socioemocionales; de ahí la necesaria integración en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la alfabetización emocional, que conlleva reaprender las formas de relación entre los actores educativos. Es importante destacar que para la conformación de una sociedad más sana y bajo esquemas más armónicos, es necesario que el modelo educativo asuma el compromiso de desarrollar competencias complejas que aborden la interrelación de conocimientos, actitudes y habilidades de manera integral, con base en las facultades y las notas constitutivas de la persona.

Desde esta perspectiva, cuando un sistema educativo tiene como propósito la mejora continua de la persona con una visión humanista, requiere asumir un modelo educativo complejo que promueva de manera sistémica el diseño de buenas prácticas, bajo una visión normativa institucional que genere a su vez una cultura escolar que responda a las necesidades del contexto local y global del siglo XXI. De ahí la trascendencia de analizar reflexivamente el desarrollo de las habilidades sociales como una de las 10 innovaciones del Modelo Educativo 2017, que demanda a toda la comunidad educativa una visión compleja y una actitud comprometida hacia una cultura de gestión del cambio para una mejora permanente.

 

Asumir la realidad educativa actual, compromiso global

Vivir en un horizonte complejo de transformación, cambio e incertidumbre permanente exige a la persona y a la sociedad un pensamiento crítico, sistémico, de apertura y de flexibilidad que coadyuve al manejo de la incertidumbre y a la mejora continua, buscando la adaptación en cuanto a nuevos procesos, nuevas perspectivas, nuevas tendencias y, sobre todo, nuevas formas de relación. La realidad educativa está inmersa en esta inercia de gestión del cambio, lo que provoca necesariamente un análisis reflexivo del pasado para valorar lo que se ha venido haciendo, del presente para identificar lo que hoy se hace, y del futuro para reflexionar sobre lo que se necesita hacer para llevar a cabo una transformación pedagógica y administrativa de calidad, es decir, efectiva y pertinente a la realidad educativa actual.

La educación del siglo XXI está enfrentando grandes retos y desafíos ante las exigencias de los sectores sociales, económicos, políticos y profesionales a nivel global y local. El contexto mundial y local de nuestros días exige atender estos retos y desafíos desde una perspectiva integral, estratégica y humana para afrontarla de la manera más efectiva y exitosa, lo que exige una formación centrada en la persona y en la que los pilares de la educación sean evidentes porque se sabe ser persona, se sabe convivir con respeto y empatía con los demás, se sabe conocer desde una perspectiva del aprendizaje permanente y se sabe hacer y emprender cuando se aplica conscientemente lo que se conoce, con una actitud abierta y propositiva, tanto para la resolución de problemas y conflictos que exige la vida personal, social y profesional, como para tomar decisiones.

El sistema educativo nacional no escapa a este panorama y se enfrenta a retos y desafíos para brindar una educación cuyo objetivo claro y contundente es la formación integral de todos los ciudadanos, incluyendo niños, adolescentes, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad, y asimismo propiciar una educación permanente de calidad que coadyuve a satisfacer las necesidades educativas integrales mediante una funcionalidad efectiva al establecer propósitos claros para alcanzarlos de manera eficiente y pertinente.

 

Retos y desafíos de la Secretaría de Educación Pública

El nuevo modelo educativo pretende responder a las exigencias actuales por medio de una propuesta pedagógica estratégica que hace evidentes las tendencias educativas del siglo XXI y la atención a las recomendaciones de la OCDE y de la UNESCO que, cabe decir, retoman el camino andado en educación desde los planes y programas de 2004 hasta la fecha. Propone importantes innovaciones, tanto en la gestión escolar como en el planteamiento curricular-pedagógico, en la innovación y el desarrollo docente, por medio de una visión inclusiva y de equidad, bajo una gobernanza compartida y autónoma que incidirá en todos y cada uno de los estudiantes, quienes son el eje de este modelo.

La base del nuevo modelo educativo es el enfoque humanista, que ubica a la persona como eje principal en la formación en todos y cada uno de los niveles educativos. El desafío está en reconocer a la persona, a partir de sus notas constitutivas: singularidad, autonomía, apertura y unidad, para así poder atender su formación por medio de un proceso intencional, integral y permanente donde las facultades humanas, inteligencia y voluntad, así como el ejercicio de la libertad, estén reguladas por la afectividad y apunten al servicio del bien personal y social, lo que conlleva potenciar a la persona en todas sus dimensiones: física, biológica, psíquica, cultural, social, histórica, espiritual y trascendente; de ahí la importancia de adecuar el proceso educativo a una etapa evolutiva y conocerla a profundidad para crear ambientes y situaciones de aprendizaje pertinentes y significativos. El desarrollo de la persona como ser único e irrepetible con base en una educación diferenciada, porque implica un proceso eminentemente personal, es la clave para conformar sociedades sanas y armónicas.

El propósito del Modelo Educativo 2017 es educar a personas que tengan la motivación y la capacidad de lograr su desarrollo personal, laboral y familiar, dispuestas a mejorar su entorno social y natural, así como a continuar con su formación académica y profesional”; en ese objetivo se evidencia un viraje de la intencionalidad en la formación, puesto que el centro está en la persona, no sólo en el saber conocer y saber hacer sino también en el saber convivir. La cuestión es si antes no tendría que poner énfasis en el desarrollo del saber ser, pilar indispensable para saber convivir y asumir lo que exigen las habilidades sociales.

Se subraya la necesidad del desarrollo de habilidades socioemocionales, entendidas como las herramientas mediante las cuales las personas pueden entender y regular las emociones; establecer y alcanzar metas positivas; sentir y mostrar empatía hacia los demás; establecer y mantener relaciones positivas, y tomar decisiones responsablemente; de ahí que el planteamiento curricular se ha diseñado para la adquisición de aprendizajes claves para desarrollo integral a lo largo de la vida, articulando los campos de formación académica y de desarrollo personal y social.

Con base en lo anterior surgen dos aspectos sobre los cuales hay que reflexionar. El primero es si el modelo muestra una visión reducida y simple al considerar únicamente el desarrollo de las habilidades sociales, cuando se encuentran implícitas en la competencia social, cuya dimensión es más amplia y compleja, acorde con la misma complejidad humana. Y el segundo, si se centra en la persona para lograr la autorregulación, aquélla requiere desde temprana edad autoconocerse, para asumir un autoconcepto que le permita autorreconocerse para que de manera esforzada y perseverante pueda conformar una personalidad fortalecida para ser mejor cada día, lo cual coadyuva al desarrollo de la autoestima, que a su vez favorece la autonomía y la seguridad. Por lo tanto, habría que considerar que enseñar y aprender a ser persona exige procesos de formación en los que se involucre la complejidad humana.

Para asumir el reto de esta propuesta curricular con base en la formación integral habrá que planificar estrategias concretas para humanizar la educación, elemento clave en el aprendizaje de niños, adolescentes, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad que promueve el desarrollo armónico personal para establecer relaciones sanas, creativas y productivas que permeen necesariamente en la sociedad.

La reforma educativa retoma un espacio que durante años había quedado olvidado, pues asume la integralidad de la persona donde lo afectivo y lo social no son contextos fuera de ella o consolidados de hecho, sino que ésta requiere conformarse a partir de la relación y la interacción de todos los actores educativos (estudiantes, docentes, padres de familia, entre otros). Una relación que “marca” con la acción y la percepción que se tiene del estudiante en relación con los demás actores educativos, con una perspectiva de ejemplaridad.

Surge entonces un tercer cuestionamiento: si el nuevo modelo educativo busca retomar este punto relevante en el proceso formativo intentando regresar a la base de una formación integral para dar respuesta a la necesidad de humanizar a la sociedad para atender el cuarto pilar de la educación que hace referencia al saber convivir, pues es un hecho que las competencias afectivas y sociales deben sumarse al proceso de enseñanza-aprendizaje como un elemento clave que todos requieren manejar porque aluden a procesos comunicativos y de convivencia, pero que requiere, en primerísimo lugar, asumir que, para lograr una ambiente armónico y de paz, es indispensable atender el segundo pilar: el saber ser. El reto es comprender la complejidad de educar con base en un enfoque por competencias desde una perspectiva integral y no fragmentada, donde el conocimiento se conforma sistémicamente al generarse actitudes y desarrollar habilidades, lo que se evidencia en una efectiva toma de decisiones y en la eficaz resolución de problemas, sea de manera autónoma o colaborativa.

Desde la perspectiva anterior, la inclusión del desarrollo de las habilidades socioemocionales requiere comprenderse y asumirse como los comportamientos, actitudes y rasgos de la personalidad que contribuyen al desarrollo de la persona porque favorecen el autoconocimiento y la autocomprensión y propician un sentido de autoeficacia y confianza en las capacidades personales, así como la comprensión y la regulación de las emociones, que coadyuvan a plantear y trabajar metas positivas, interactuando con los demás con base en un principio de magnanimidad para establecer relaciones interpersonales sanas y armónicas, así como un sentido de comunidad con fundamento en la toma decisiones conscientes y responsables. Luego entonces, lo que se estará desarrollando es la competencia social con una perspectiva compleja que lleva implícitas las habilidades socioemocionales.

 

Competencia social, clave del desarrollo socioemocional

La incorporación al currículo formal de la educación básica y media superior de las habilidades socioemocionales, significa que la formación académica debe ir de la mano del desarrollo progresivo de habilidades, actitudes y valores para obtener un mejor conocimiento de sí mismo, desarrollando la autonomía, la autorregulación y la perseverancia para que se dé la convivencia de todos los actores de la comunidad educativa. Para ello se debe promover sistémicamente una cultura institucional que apoye y aliente a docentes y estudiantes a fortalecer la regulación de sus emociones, así como a acompañar, gestionar y monitorear un buen desempeño escolar. La clave está en organizar y articular conocimientos, habilidades, actitudes y valores de los campos disciplinares para favorecer la transversalidad interdisciplinar.

Efectivamente, esta innovación será todo un reto para el docente pues tendrá que mirar a sus estudiantes desde una perspectiva integral, es decir, necesitará conocer no sólo la etapa de desarrollo sino ir más allá: requerirá diagnosticar intereses, necesidades y motivaciones de cada uno de los estudiantes para generar ambientes y situaciones de aprendizaje cómodos, amigables y fraternos que generen vínculos positivos, así como interés y curiosidad por aprender; de ahí que las estrategias y los contenidos educativos deberán estar relacionados con sus aspiraciones y sus motivaciones y, sobre todo, tendrán que ser significativos para aplicarlos en la vida cotidiana. Todos estos factores generan seguridad en cada uno de los integrantes del grupo y, por ende, una convivencia más sana y armónica. No podrá dejar de lado que el elemento fundamental en el desarrollo de las habilidades socioemocionales y afectivas de los alumnos es el clima escolar y aúlico, donde requieren conjuntarse diversos factores que propicien un estilo de formación centrado en aquéllas, que requiere estar mediado por un proceso de alfabetización emocional que requiere trabajarse desde las instituciones educativas.

 

Alfabetización emocional, elemento clave en el proceso educativo

Con base en la perspectiva de la alfabetización emocional se necesita que la práctica docente reflexiva asuma las habilidades socioemocionales implícitas en la competencia social en el proceso de enseñanza-aprendizaje, con base en tres dimensiones vitales: el autoconocimiento, las relaciones y las elecciones.

La primera dimensión reconoce la trascendencia que tiene el desarrollo de la autoconciencia que se genera a partir de la autopercepción, la autoeficacia y el reconocimiento de las emociones; la autorregulación que implica el manejo de las emociones, no esperar de manera inmediata una respuesta o una recompensa y la tolerancia a la frustración; asimismo, la determinación que se adquiere gracias a la motivación del logro alcanzado, la perseverancia y el manejo de la incertidumbre. En cuanto a la segunda dimensión, es importante considerar el valor de desarrollar una conciencia social mediante el fomento de la empatía, la escucha activa y la toma de perspectiva, así como generar relaciones interpersonales asertivas, dominar el manejo de conflictos y asumir un comportamiento responsable en el ámbito social. La tercera dimensión plantea la necesidad de saber tomar decisiones de manera responsable, visualizando diferentes escenarios y asumiendo las consecuencias al elegir, y desarrollar un pensamiento crítico y complejo que favorezca el análisis de las consecuencias, sean éstas positivas o negativas.

El gran desafío para el docente será movilizar todo su talento y su creatividad para romper esquemas y reflexionar en torno de la relación empática y comprensiva que tendrá que promover con todos y cada uno de sus estudiantes, lo que conlleva una escucha activa, el buen humor, el juego y la risa, que a su vez promuevan el desarrollo de la automotivación, el optimismo, el entusiasmo y la confianza, y, sobre todo, aprender a ver lo que otros no ven en cada uno de ellos, de forma que pueda favorecer un aprendizaje significativo cumpliendo con el principio de que el aprendizaje es un proceso absolutamente personal.

Seguramente una gran cantidad de docentes ha vivido y vive ya este tipo de relaciones en el aula y fuera de ella, promoviendo ambientes con un clima adecuado y pertinente para el aprendizaje. Ahora se requiere mayor conciencia y una docencia reflexiva que ponga en primerísimo lugar el desarrollo de las habilidades socioemocionales en su práctica docente, lo que le exigirá asumir que no se puede dar aquello que no se tiene, por lo que requerirá comenzar con un autoanálisis sobre sus propias habilidades socioemocionales.

Si queremos estudiantes íntegros, felices, seguros de sí mismos, autorregulados y emocionalmente sanos, es fundamental que todos los actores educativos que intervienen en la formación de cada uno de ellos, tome como desafío el desarrollo de una alfabetización emocional en las relaciones interpersonales de la comunidad educativa, de manera que se genere una cultura escolar armónica e integral.

Hay que recordar que la competencia emocional es considerada una metahabilidad que propicia el desarrollo del dominio de las facultades de la persona, entre las cuales se encuentra el intelecto, y al centrarse como una estrategia integral de la cultura de la institución educativa alineada con la filosofía institucional, modelo educativo y proyecto curricular, permitirá que las habilidades socioemocionales sean un elemento clave para la prevención de situaciones de riesgo porque modelan y transforman proyectos de vida armónicos. Asimismo, inciden en la formación y el rendimiento académico de los estudiantes pues generan relaciones personales y laborales sanas, promoviendo una comunicación abierta y una interacción colaborativa que sientan las bases para un mejor aprendizaje. De ahí que es necesario reaprender las formas de relación entre los actores de la comunidad educativa, para lo cual se propone como estrategia institucional la alfabetización emocional, incluyendo en el currículo no sólo cómo aprender a conocer y a hacer, sino cómo ser y cómo convivir.

Gómez Chacón señala que la alfabetización emocional requiere centrarse en el proceso educativo “que pretende potenciar el desarrollo emocional a la vez que el desarrollo cognitivo como elementos claves en el desarrollo integral de la persona. Para ello se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con el objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social”.

El director, los docentes, los estudiantes y los padres de familia tendrán que analizar, reflexionar y comprender la trascendencia de una alfabetización socioemocional personal y buscar propiciarla con el fin de incidir en el logro del desarrollo integral de sus estudiantes, con base en la complejidad de la persona, considerando que en el aprendizaje se involucran tres aspectos: el racional, el emocional y el instintivo.

 

Asumir la complejidad educativa

Con base en un enfoque complejo, todo lo anterior exige que el proceso educativo se reconozca y se asuma como una oportunidad de reaprender la relación estudiante-docente bajo el nuevo modelo educativo. Esto significa que la relación entre los actores necesita replantearse con base en una necesaria transformación administrativa y pedagógica para una práctica directiva, docente y discente efectiva. En cuanto a lo administrativo, es importante la revisión puntual de ciertas normas establecidas por las instancias de la Secretaría de Educación Pública que evitan la interacción afectiva del docente con sus estudiantes; en cuanto a lo pedagógico, es necesario que, con un enfoque sistémico, la institución educativa, el director, el docente, el estudiante y los padres de familia asuman que desde la perspectiva del nuevo modelo educativo la forma de relación dentro y fuera del aula no debe ser jerárquica ni unidireccional, sino que parta de una interacción de apertura bidireccional ejemplar que favorezca la comunicación, el afecto, el diálogo, la escucha y la reflexión para promover una convivencia mejor.

La exigencia está en trabajar para lograr un panorama de innovación educativa humanizador, donde la competencia social y las habilidades socioemocionales jueguen un papel preponderante, estableciendo como propósito la reaprehensión de nuevas formas de relación en el proceso educativo, no únicamente en el aula sino más allá, al concebir que se está formando a la persona de manera integral y por lo tanto lo que se enseña y se aprende en la familia y en el aula permea necesariamente en el entorno social, con independencia del medio que se utilice, poniendo énfasis en el impacto que tiene la tecnología y las redes sociales.

La red de interacciones sociales que impera en una institución educativa impacta en el interior y en el exterior en cuanto a la forma y el fondo, y en cuanto al significado que tiene lo que se comunica y cómo se comunica. De ahí la propuesta de asumir institucionalmente una alfabetización emocional para reaprender nuevas formas de relación.

Lo anterior dará sentido a la intención que está asumiendo el nuevo modelo educativo en cuanto a la integración de la comunidad educativa en un proceso de transformación pedagógica sistémica, no únicamente con base en una mirada simplista o reduccionista del aula, sino con un horizonte social complejo que a su vez requiere reaprender procesos de convivencia con un enfoque humano y ético. De este modo, la institución educativa asume una función de formación integral en contextos multidiversos que, integrados, conforman una sociedad, una nación y un mundo entero.

Lo expuesto aquí hace evidente la trascendencia que tiene un modelo educativo como elemento clave que incida, de forma sistémica e integral, en la mejora y la transformación continua y permanente de la sociedad. Asimismo, se hace patente su congruencia con las tendencias educativas actuales que exigen una educación de calidad que promueva un mejor aprender a saber, un mejor aprender a ser, un mejor aprender a hacer, un mejor aprender a emprender y, sobre todo, un mejor aprender a convivir; lo que redundará en una mejor calidad de vida con base en el propósito primordial de formar buenas personas.

 


 

* Profesoras de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana, campus Ciudad de México.

Bibliografía

  • Castro, A. (2006), “Alfabetización emocional: la deuda de enseñar a vivir con los demás”, Revista Iberoamericana de Educación (37/6), 10 de febrero.
  • Marco, B. (coord.) (2003), Educación para la ciudadanía. Un enfoque basado en el desarrollo de competencias transversales, Narcea, Madrid.
  • Secretaría de Educación Pública (s. f.), Modelo educativo para la educación obligatoria, SEP, México.

  

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