Crónica de un desastre educativo anunciado

Crónica de un desastre educativo anunciado

 

Una cosa es segura: si AMLO gana la Presidencia veremos una política educativa desastrosa. Su decálogo presentado recientemente en Oaxaca es una receta para hacer de la educación un estacionamiento universal, gratuito y remunerado para muchos estudiantes.

 

 

AMLO ha estado siempre en contra de la reforma educativa. Si gana la Presidencia, la echará para atrás. Dice que fue una mera reforma laboral, no educativa. No es cierto. Han sido ya reformados los programas de estudio con cambios de fondo en el modo en que se pretende enseñar. Pero lo esencial es que no hay educación de calidad posible si el empleador no controla la calidad de quienes enseñan.

El decálogo presentado incluye de todo. Habrá becas, alimentación, internet… Algunas de estas propuestas son muy deseables, como no tener niños con hambre en las escuelas. Otras absurdas, como que habrá cien por ciento de inscripción para todos los jóvenes que deseen ingresar a las universidades. AMLO no cree en el mérito como requisito para ser maestro ni para ser estudiante. 

Entender el derecho a la educación superior no como la posibilidad de acceder a este nivel educativo si se cumple con ciertos requisitos sino como un derecho para todos los jóvenes (como lo es la educación básica), degradará la educación pública superior y la utilidad de un título universitario en el mercado de trabajo. Saldría más barato comprar una imprenta y dar un título universitario a todos los mexicanos que cumplan 25 años. Más allá de las complejidades para decidir qué alumno se va a la UNAM y cuál a la UACM, supongo que la UNAM no estará obligada a recibir a todos; el sistema sí lo estará. Se llenará de malos estudiantes.

En países como Francia cualquier estudiante tiene derecho a ir a la universidad. Hay, sin embargo, una diferencia fundamental. Para graduarse de preparatoria hay que pasar un examen estricto y la educación pública básica es rigurosa y competitiva. Si bien se sortea la universidad a la que se tiene acceso (sistema que el gobierno de Macron quiere reformar), hay un examen para tener acceso a las escuelas de élite, de donde salen los altos funcionarios públicos y privados.

El modelo de cero rechazos hará imposible tener universidades públicas de calidad. Terminará por hacer de éstas una suerte de clubes para jóvenes, muchos de ellos volcados a la grilla, y otros a la fiesta.

Las buenas universidades en el mundo buscan atraer a los mejores estudiantes y les exigen mucho una vez admitidos. Les proporcionan los instrumentos para rendir y para poder volverse buenos profesionistas. Ésta es la mejor carta de presentación de una universidad y la que le permite atraer a los mejores estudiantes. En el resto del mundo cada vez hay más competencia por entrar a las buenas universidades, y son esos egresados los que logran aprovechar las mejores oportunidades del mercado de trabajo y adquieren las redes y los talentos para fundar empresas u organismos sin fines de lucro exitosos. En México iremos en el sentido opuesto.

El efecto de las propuestas de AMLO será una mayor segmentación entre quien puede pagar una universidad privada, por más que a ésta le falte muchas veces el nivel de exigencia de las mejores universidades del mundo, y quienes se verán rodeados de estudiantes sin las competencias para ser buenos profesionistas. Los egresados de esas universidades tendrán bajas oportunidades en el mercado laboral, fuera de los puestos clientelares ofrecidos por el gobierno.

En la misma lógica descansa la promesa de AMLO de reabrir la escuela normal El Mexe, cerrada en 2008 por Osorio Chong cuando fue gobernador de Hidalgo, por haberse convertido en sede de un grupo político que le extraía recursos y prebendas al Estado, incluido el derecho a ser maestro de por vida, sin importar las competencias para ello. De derogar la reforma educativa, otra vez habrá individuos que podrán tener vigente su derecho a sueldo de maestro para toda la vida, independientemente de su desempeño.

Hay dos decisiones de fondo tras la estrategia anunciada por AMLO. La primera: priorizar nuevamente los derechos sindicales sobre el derecho a la educación de los niños mexicanos. Sin duda es más rentable políticamente, pero de enorme costo para el país. La segunda: tener como objetivo central la universalización de la educación. Por más que se hable de actualizar los métodos de enseñanza-aprendizaje y de mejorar la calidad de la educación, los instrumentos propuestos no están condicionados a una mejoría de la calidad, sino a una supuesta justicia social. Ni siquiera está claro, por ejemplo, cómo asegurar que el alumno becado no trabaje en la economía informal.

Es un modelo más político que académico. Si AMLO gana la Presidencia, los maestros volverán a ser aliados importantes del gobierno (y a controlar la educación básica), y los jóvenes admitidos a la universidad con beca de manutención serán sus aliados más entusiastas.

 


 

* Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Artículo publicado en Excélsior el 17 de mayo de 2018. Se reproduce con autorización de su autor.

 

 

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