Educación básica: la mejor inversión para el futuro

Educación básica: la mejor inversión para el futuro

 

Brindar a los niños y niñas una educación básica es la mejor inversión que el mundo puede hacer para su futuro. Desde esta perspectiva, UNICEF vela por el derecho a una educación de calidad que, más allá de la mera escolarización, permita a los menores afianzar su personalidad, dotes y aptitudes. En unos casos, se trata de garantizar la igualdad de oportunidades y el acceso a los recursos; en otros, este organismo realiza una apuesta clara por la educación para el desarrollo como estrategia para la búsqueda de un mundo más justo.

 

Para el futuro de las sociedades humanas lo más importante son sus niños y niñas, porque su bienestar y su progreso son la única garantía de desarrollo individual y colectivo. Por lo tanto, la mayor preocupación de la ciudadanía de cualquier condición socioeconómica debería ser asegurar el bienestar actual de sus hijos e hijas y el logro de condiciones que les garanticen un porvenir claro.

Cuando la humanidad alcanzó un acuerdo sobre los derechos básicos de todas las personas, se dio a la tarea de especificar el alcance de esos derechos respecto de la infancia. Una vez aprobada la Declaración Universal de los Derechos Humanos y pactado su alcance en materia de derechos civiles y políticos, como también económicos, sociales y culturales, las naciones acometieron dos compromisos prioritarios: por una parte, condenar las modalidades extremas de discriminación y violación de los derechos humanos y, por otra, establecer el marco normativo básico en materia de derechos de niños, niñas y adolescentes de ambos sexos, como fundamento para la garantía y la sostenibilidad de los derechos humanos. Nació así la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), aprobada en 1989 por las Naciones Unidas, que es el instrumento de derecho internacional de mayor universalidad.

El artículo 29 de la CDN reviste una importancia trascendental. Los propósitos de la educación que en él se enuncian y que han sido acordados por todos los Estados participantes promueven, apoyan y protegen el valor supremo de la Convención: la dignidad humana innata a todo niño y niña y sus derechos iguales e inalienables, habida cuenta de sus necesidades especiales de desarrollo y sus diversas capacidades de evolución. Asimismo, añade al derecho a la educación, reconocido en el artículo 28, una dimensión cualitativa. La educación a la que tiene derecho todo niño y niña es aquella que se concibe para prepararlos para la vida cotidiana, fortalecer su capacidad de disfrutar de todos los derechos humanos y fomentar una cultura en la que prevalezcan unos valores de derechos humanos adecuados. En este contexto, la educación es más que una escolarización oficial y engloba un amplio espectro de experiencias vitales y procesos de aprendizaje que permiten a los menores, ya sea de manera individual o colectiva, desarrollar su personalidad, dotes y aptitudes, así como llevar una vida plena y satisfactoria en el seno de la sociedad.

 

Mucho más que un inventario

Pero el derecho de la infancia a la educación no sólo se refiere al acceso a ella, sino también a su contenido, buscando una educación que dé una respuesta equilibrada y respetuosa de los derechos humanos a las dificultades que acompañan a un periodo de cambios fundamentales impulsados por la mundialización, las nuevas tecnologías y los fenómenos conexos, y que permita conciliar distintos valores por medio del diálogo y el respeto a las diferencias.

Pero se trata de mucho más que un inventario o una enumeración de los distintos objetivos que debe perseguir la educación; los valores que se inculcan en el proceso educativo deben consolidar los esfuerzos destinados a promover el disfrute de otros derechos. En esto se incluyen no sólo los elementos integrantes del plan de estudios, sino también los procesos de enseñanza, los métodos pedagógicos y el marco en el que se imparte la educación, ya sea en el hogar, en la escuela o en otros ámbitos.

La educación debe impartirse de forma que se respete la dignidad intrínseca del niño o la niña y se les permita expresar su opinión libremente, de conformidad con el párrafo 1 del artículo 12; debe promoverse su participación en la vida escolar, la creación de comunidades escolares y de consejos de alumnos y alumnas, la educación y el asesoramiento entre iguales y su intervención en los procedimientos disciplinarios de la escuela, como parte del proceso de aprendizaje y experiencia del ejercicio de los derechos.

Con la importancia que se atribuye en la CDN a la actuación en bien del interés superior del niño o la niña se destaca que la enseñanza debe girar en torno de ellos: que el principal objetivo de la educación es el desarrollo de la personalidad de cada menor, de sus dotes naturales y de su capacidad, reconociéndose el hecho de que cada uno tiene características, intereses y capacidades únicas, así como necesidades de aprendizaje propias. Por lo tanto, el programa de estudios debe guardar una relación directa con su marco social, cultural, ambiental y económico, lo mismo que con sus necesidades presentes y futuras.

Los conocimientos básicos no se limitan a la alfabetización y a la aritmética elemental, sino que también comprenden la preparación para la vida activa; por ejemplo, la capacidad de adoptar decisiones ponderadas, resolver conflictos de forma no violenta, llevar una vida sana, tener relaciones sociales satisfactorias y asumir responsabilidades, y desarrollar el sentido crítico, dotes creativas y otras aptitudes que den a los niños y niñas las herramientas necesarias para llevar adelante sus opciones vitales.

 

Países en desarrollo: contra la discriminación

Éste es el marco de referencia para UNICEF. Sin embargo, tenemos que distinguir el trabajo que se lleva a cabo en los países en desarrollo y el que se realiza en los países desarrollados. Respecto del primero, es necesario relacionar el derecho a la educación con el principio de la no discriminación, puesto que el obstáculo más importante para la igualdad de oportunidades en la educación es, normalmente, la falta de recursos: bien sea porque el reducido presupuesto gubernamental no permite abrir las escuelas a todos los miembros de la población, bien sea porque la pobreza impide a las familias escolarizar a sus hijos e hijas o los obliga a retirarlos de la escuela. Una estrategia adoptada por los gobiernos para hacer frente a esta situación fue, por ejemplo, el programa Niños en Solidaridad, de México, que formó parte del programa nacional de solidaridad para luchar contra la pobreza, a través del cual se otorgó, a los niños y niñas en condiciones de extrema pobreza, becas integrales (estímulo económico, dotación de una despensa básica familiar, asistencia médica curativa y preventiva, vigilancia nutricional, etcétera), asegurando que los beneficiarios realmente estuvieran matriculados y asistieran con regularidad a clases.

Asimismo, ante el racismo y la xenofobia, una educación que promueva el entendimiento y el aprecio de los valores, entre ellos el respeto a las diferencias, y que ponga en tela de juicio todos los aspectos de la discriminación y los prejuicios, constituirá un antídoto duradero y seguro contra todos estos fenómenos de intolerancia.

Siguiendo esta línea, es interesante el programa que se está llevando a cabo en Canadá denominado Equidad Educativa, a través del cual se promueve que las escuelas presten más apoyo al alumnado aborigen. Otro ejemplo lo constituyen las escuelas móviles para menores nómadas de Mongolia.

No hay que olvidar también que los países en desarrollo a menudo presentan discrepancias excesivas entre las zonas urbanas y las zonas rurales; las escasas oportunidades educativas de los niños y niñas rurales se deben a una combinación de factores, como el coste administrativo, el difícil acceso a granjas y pueblos remotos y aislados, la escasez de profesorado dispuesto a vivir en el campo o la dependencia del trabajo infantil en las comunidades agrícolas pobres.

También se deben adoptar medidas para que la escuela sea útil y atractiva y, de esta manera, retenga al alumnado. La deserción escolar es un fenómeno mundial. En muchas sociedades, se debe ante todo a la pobreza, que obliga a los menores a buscar un empleo o que impide a las familias pagar los gastos de escolaridad. Sin embargo, incluso en los países desarrollados, hay casos de niños y niñas que abandonan la escuela por diversos motivos: programa escolar aburrido, difícil o sin relación con la vida real; docencia mediocre; disciplina escolar excesivamente punitiva o poco respetuosa de la dignidad del alumnado, y problemas de aprendizaje sin identificar o no superados.

Asimismo, UNICEF sabe que la educación no es un lujo, sino un derecho al que se debe dar prioridad y que debe comenzar lo antes posible, incluso en situaciones de emergencia, con el objetivo concreto, en estos casos, de crear “espacios amigos de la infancia”, espacios seguros para regresar cuanto antes a la normalidad.

Todo niño y niña tienen derecho a una educación de buena calidad, lo que a su vez exige concretar la atención de la calidad del entorno docente, de los materiales y procesos pedagógicos y de los resultados de la enseñanza.

 

Países desarrollados: por unos valores éticos universales

Y es este punto el que nos conduce a plantear el trabajo que UNICEF lleva a cabo en los países desarrollados, a través de los comités nacionales de apoyo. Como establece la CDN, para garantizar el cumplimiento del derecho a la educación como piedra angular en la promoción de los valores éticos, este organismo internacional ha realizado una apuesta clara por la educación para el desarrollo (EpD) como estrategia para la búsqueda de un mundo más justo. Para ello, es de especial importancia para UNICEF la transformación de los valores predominantes en las sociedades desarrolladas por unos valores éticos universales.

UNICEF entiende que la EpD es el proceso a través del cual se fomenta el desarrollo, en niños, niñas y jóvenes, de actitudes y valores como la solidaridad en el ámbito mundial, la paz, la tolerancia, la justicia social y la conciencia respecto de cuestiones ambientales y que dota a esos grupos de los conocimientos y las aptitudes que les permitan promover esos valores y generar cambios en sus propias vidas y en las de su comunidad, tanto a escala local como global.

El fin último de la EpD es promover la “ciudadanía global”, estadio en el que los más jóvenes sean conscientes de sus derechos y responsabilidades y participen de manera activa en el proceso de cambio.

Ha sido necesario llevar a la práctica esta definición teórica. Desde las primeras actividades puntuales dirigidas a los centros educativos y al alumnado, se fue reconociendo que era fundamental dotar de un marco programático y de contenido a este trabajo.

Para ello, en un primer momento se ofrecían materiales educativos para trabajar con los más jóvenes los derechos humanos y los valores que derivan de ellos. Estos materiales fueron objeto de una evaluación participativa en la cual el profesorado y el alumnado mostraron la importancia de adaptar este trabajo a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Teniendo en cuenta que el trabajo de UNICEF siempre ha estado marcado por su flexibilidad y adaptación al contexto, se procedió a incluir las TIC en la EpD. Para hacerlo resultó necesaria una transformación cuyo resultado fue el programa Enrédate con UNICEF, con el que se pretende fomentar la EpD y el derecho a la participación de chicos y chicas en el ámbito educativo. La mayor innovación contenida en este programa es el sitio web http://www.enredate.org, que constituye el elemento vertebrador del programa. Este portal solidario cuenta con espacios específicos para jóvenes y educadores que quieran trabajar a favor del logro de un mundo mejor.

En cuanto a la metodología que sigue el programa, podemos decir que es un ciclo que incluye tres etapas diferentes que se retroalimentan:

  • Exploración. Fase cognitiva en la que se ofrece información relativa a un problema o a un tema en particular que el alumnado recoge, analiza y sintetiza, con el objetivo de entenderlo y así sensibilizarse.
  • Reacción. El alumnado desarrolla una respuesta personal frente a la situación planteada. Examina diferentes maneras de enfocar un problema y constituye su propio punto de vista. Toma conciencia de la dimensión humana del tema analizado y desarrolla la empatía, así como el sentido de participación y compromiso.
  • Acción. Explora métodos de acción prácticos que le permiten abordar el tema analizado. Es necesario proporcionar ocasiones de participación, puesto que refuerzan el conocimiento, las capacidades y actitudes adquiridas.

Este proceso educativo se basa en cinco conceptos globales, a través de los cuales se examina la información.

  1. Interdependencia. En el actual mundo globalizado todos estamos relacionados con todos, independientemente del lugar del planeta en el que vivamos. Los lugares, acontecimientos, problemas y personas estamos interconectados por una compleja red de relaciones cuyo equilibrio es inestable.
  2. Imágenes y percepciones. Por imagen entendemos aquello que vemos, la idea sobre otras personas, cosas y lugares que nos es transmitida a través de fotografías, la televisión, etcétera. Por percepción se entiende la forma que tiene cada persona de interpretar estas imágenes. El aprendizaje de imágenes y percepciones ayuda a ser conscientes y sensibles a los efectos de las ideas preconcebidas.
  3. Justicia social. Se refiere a las nociones fundamentales de igualdad y derechos humanos, y ambas pueden negarse o promoverse en todos niveles. Una situación de justicia es imprescindible para que las personas puedan desarrollar sus capacidades por completo y para que se pueda instalar una paz duradera.
  4. Conflictos y su resolución. La resolución de conflictos es la exploración de los medios por los cuales pueden arreglarse esos conflictos. El conflicto no tiene que significar violencia, puesto que ésta solamente es una forma de respuesta a un conflicto. Las resoluciones no violentas se pueden aprender y aplicar de forma constructiva a todo tipo de desacuerdo.
  5. Cambio y futuro. El mundo cambia como consecuencia de acciones realizadas en el pasado y cambiará en el futuro en función de las acciones presentes, lo cual no significa que el futuro esté predeterminado. Muchos futuros son posibles.

Este marco conceptual tiene por objeto educar en derechos humanos a los jóvenes, de manera que entiendan que la situación actual de injusticia y vulneración de derechos es una situación que puede y necesita ser cambiada. Y en ese cambio necesario su participación es fundamental. Porque lograr un mundo donde se cumplan y garanticen los derechos humanos, en especial los derechos de la infancia, es posible. El mundo dispone de los recursos necesarios para ello.

 


 

* Presidenta de UNICEF-Comité Español. Publicado originalmente como “Programas sobre derechos de la infancia y la adolescencia” en Cuadernos de Pedagogía, núm. 372.

 

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