Hacia la inclusión y la justicia social

Hacia la inclusión y la justicia social

 

La integración de las TIC en los sistemas educativos es una prioridad de las agendas de los países de América Latina. Desde un enfoque de derecho a la educación, se pone de relieve priorizar la democratización del acceso a las TIC por parte de amplios sectores de la población escolar. Desde una dimensión pedagógica, las TIC pueden ser una oportunidad para lograr cambios profundos que contribuyan a mejorar aprendizajes y saldar deudas pendientes en materia educativa.

 

 

América Latina desarrolla actualmente un importante proceso de integración de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en sus sistemas educativos. Prácticamente la totalidad de los países de la región, con distintos grados de consolidación y alcance, lo están llevando adelante, tanto bajo el denominado modelo uno a uno (una computadora por estudiante) como con otras modalidades. Esto es un indicador del esfuerzo de los gobiernos para instalar y sostener una política pública de fuerte impacto social que atienda la inclusión. Sin embargo, en un contexto de desigualdad y heterogeneidad subsiste el interrogante acerca del sentido de este proceso, sobre todo por sus consecuencias pedagógicas.

En las dos últimas décadas en la mayoría de los países de América Latina se han dado dos procesos que han mejorado la situación educativa: la sanción de leyes que aumentaron progresivamente la cantidad de años de la etapa obligatoria, lo cual implica la atención masiva de jóvenes que antes no asistían a la escuela, y la inclusión progresiva en los sistemas educativos de diversos sectores sociales de nivel socioeconómico bajo o muy bajo, antes excluidos. Si bien en la región poco más de 50% de los países han logrado la universalización de la enseñanza primaria, hay todavía 3.7 millones de niños sin escolarizar en este nivel. En lo que respecta al índice de matriculación en el primer ciclo de la enseñanza secundaria —un indicador importante del grado de adquisición de competencias—, cabe señalar que 13% de los países de la región han logrado escolarizar a la totalidad de la población en edad de cursar ese ciclo, y otro 17% se aproxima mucho a este resultado. En promedio, la tasa bruta de escolarización (TBE) de la secundaria aumentó de 95 a 98% en 2012, y la TBE de la secundaria superior, de 63 a 76%, aproximadamente (UNESCO, 2015a). Sin embargo, la región aún es escenario de altos niveles de pobreza e índices crecientes de desigualdad social. En este marco, las mayores prioridades educativas a ser atendidas incluyen las tasas de deserción —especialmente altas en la educación secundaria y en contextos de mayor vulnerabilidad—, el analfabetismo en adultos, el limitado acceso a la educación preprimaria y superior y los programas de formación del profesorado, que resultan insuficientes. Estos problemas educativos son sustancialmente más pronunciados en los grupos socioeconómicos más desfavorecidos y marginados: las mujeres, los grupos de bajos ingresos, las poblaciones rurales y los pueblos indígenas.

La región ha conseguido avances significativos en materia de alfabetización y cobertura de sus sistemas educativos, pero continúan pendientes importantes desafíos en materia de calidad y equidad. Si bien el puntaje promedio regional de logros de aprendizaje mejoró en todos los grados y áreas evaluados, la mayoría de los estudiantes siguen concentrándose en los niveles más bajos de desempeño (I y II), y son pocos los que se ubican en el nivel superior (IV). Esto indica el desafío al que se enfrentan los países de la región: lograr en los estudiantes aprendizajes que les permitan un mejor dominio de los conocimientos y el desarrollo de habilidades avanzadas en matemática, lenguaje y ciencias naturales (UNESCO, 2015b).

 

Múltiples brechas, varias respuestas

La integración de las TIC es otro aspecto que hay que tener en cuenta. A pesar de haberse registrado importantes avances en los últimos años, la distancia entre los grupos socioeconómicos superiores e inferiores (comúnmente denominada “brecha digital”) continúa siendo muy grande. Pero ésta no es la única variable que transparenta la complejidad que presenta esta situación en América Latina. También lo son las diferencias en el nivel de crecimiento de algunas tecnologías con respecto a otras; es el caso de internet y de la telefonía móvil, ante las prestaciones de la telefonía fija.

Actualmente, América Latina se encuentra en un nivel medio de utilización de internet: a finales de 2012 se estima que había 256 millones de usuarios de internet, equivalentes a una penetración de 44.7%. El ritmo de crecimiento ha sido intenso (tasa de crecimiento de 24.7% entre 2000 y 2011), y las proyecciones dan cuenta de un aumento en la demanda en el próximo quinquenio, que se ve impulsado por los propios países a través de medidas que promueven el uso de internet (Lugo et al., 2014). Por otra parte, la telefonía móvil llegó a 99%, superando 100% en varios países. Sin embargo, 34.2% de penetración de banda ancha en hogares está lejos del 70.5% europeo o del 78.4% de Estados Unidos (AHCIET, 2013).

Resulta paradójico que en este complejo contexto América Latina sea una de las regiones más proactivas del mundo en cuanto a la integración de las TIC en sus sistemas educativos, siendo esto parte importante de la agenda política de casi todos los países de la región. El énfasis otorgado radica en que la integración de las TIC en los proyectos educativos es entendida por los Estados como una forma de lograr proyectos democráticos de inclusión y justicia social. Sin embargo, aún prevalece una fuerte racionalidad social sobre los fundamentos pedagógicos que pudieran esgrimirse, priorizándose el objetivo de democratizar el acceso a las TIC en la población sobre el de alcanzar una verdadera transformación pedagógica. La brecha digital no se expresa solamente en el acceso sino sobre todo en el capital cultural y en las habilidades necesarias para saber usar la tecnología y acceder a conocimientos relevantes.

A partir de este panorama, por demás escueto en su reseña pero válido para los fines de iniciar un debate, es deseable focalizar en políticas TIC que atiendan las necesidades de grupos específicos, cuya situación social, cultural y educativa condiciona trayectorias de vida atravesadas por la pobreza y la exclusión social. En este sentido, el potencial de inclusión de las tecnologías móviles mejoraría sus condiciones materiales y simbólicas de vida, en las que resulta determinante la acción educativa.

 

Los desafíos políticos

Frente a un panorama complejo pero alentador, la inclusión de las tecnologías móviles en las aulas latinoamericanas implica reconsiderar algunas cuestiones de manera urgente. La primera de ellas es la actualización de las normativas existentes a la luz del impacto de las tecnologías con fines pedagógicos. Un buen ejemplo de ello es la irrupción de los teléfonos celulares en las aulas y la tendencia a prohibir su utilización en las escuelas. Esto implica reconocer la necesidad de formar a los profesores y maestros para que puedan utilizar las TIC para enseñar mejor.

También se debe reconsiderar la necesidad de mejorar la infraestructura de conectividad en la región. Se verifican brechas muy importantes en relación con el acceso a internet e importantes atrasos en el desarrollo de la infraestructura de conectividad en áreas rurales. En este sentido, las políticas de desarrollo de infraestructura de conectividad simétrica, estable y de bajo costo resultan de vital importancia.

Otra cuestión es la atención necesaria a la brecha de género y tecnología. En América Latina es notable la presencia femenina en el uso de redes sociales y telefonía móvil. Datos de Argentina y Brasil señalan que la brecha de acceso ha disminuido en los últimos años (INDEC, 2012; IBGE, 2011). Paradójicamente, este ascenso no tiene correlato con la toma de decisiones de alto nivel empresarial o gubernamental a nivel global. Cabe destacar la necesidad de fortalecer políticas específicas que impliquen transformar las condiciones de producción y desarrollo de las TIC junto a un verdadero cambio cultural que revierta y cuestione el funcionamiento mismo del sistema tecnológico y científico, en general más refractario a las mujeres.

No hay que olvidar que los futuros docentes deben formarse y experimentar dentro de entornos educativos que hagan un uso innovador de las tecnologías, sin concebirlas como soporte de formas tradicionales de enseñanza. Sin embargo, la inclusión de las TIC como contenido de la formación docente inicial aún es incipiente en la región.

Profundizando en esto último, es posible afirmar que las tecnologías digitales traen de la mano nuevas formas de gestionar el conocimiento en las aulas, lo que demanda no sólo nuevos contenidos que incluir en la formación, sino también nuevas dinámicas, tareas y condiciones de trabajo. En lo que se refiere específicamente a la incorporación de las TIC en la escuela, el contenido de la capacitación para el desarrollo profesional en la región ha ido cambiando a lo largo de los años según las competencias docentes necesarias para implementar la innovación, pasando de la alfabetización para el uso de la computadora, a la capacitación sobre el uso pedagógico de las TIC. En cualquier caso, los cambios planteados por las tecnologías manifiestan la caducidad de los dispositivos tradicionales de formación, alentando la implementación de nuevas estrategias que comienzan a ser exploradas (capacitación situada, comunidades de aprendizaje, redes abiertas de profesores).

Por último, se debe replantear el lugar estratégico de los equipos directivos en las instituciones educativas. Un estilo de conducción que incorpore a otros en la toma de decisiones en un proceso de liderazgo distribuido parece resultar exitoso. Sin embargo, diversas experiencias y estudios han coincidido en la dificultad de los equipos de conducción para llevar adelante estos procesos. La falta de objetivos, decisiones y/o acciones que orienten la introducción de cambios organizacionales y pedagógicos, como también los problemas de gestión de los recursos, resultan un obstáculo que interfiere en el uso y aprovechamiento de las TIC. También ha sido señalada la complejidad que implica la necesidad de compatibilizar decisiones y acciones de diversos órdenes (pedagógicos, organizacionales, administrativos) y el cambio en culturas y hábitos de trabajo instalados en la tradición escolar. En consecuencia, la gestión directiva se encuentra con el desafío de asumir tareas de diferentes alcances y plazos, dentro de las cuales destaca abordar la complejidad de las relaciones y los actores institucionales, incluyendo la propia posición frente al cambio, que es una de las más complejas.

 

Los cambios en los formatos institucionales y pedagógicos

La enumeración de algunos de los principales cambios en el modelo pedagógico escolar potenciados por las tecnologías contribuyó a dimensionar su alcance: una nueva relación con el conocimiento, tensionada por nuevos desafíos cognitivos; el cambio en el esquema del trabajo en clase, ahora centrado en la simultaneidad, la distribución y la conexión; la idea de un “aula aumentada” como instancia virtual que complementa y da apertura a la propuesta del aula presencial, y el papel que asumen la expresividad y los vínculos interactivos en los procesos de aprendizaje, entre otros.

Son estas transformaciones las que demandan transformaciones en el dispositivo escolar. Las tecnologías producen efectos en una nueva y necesaria organización de las instituciones educativas y ponen en cuestión las mismas fronteras espaciales y temporales que tradicionalmente separaron el adentro y el afuera. Asimismo, su carácter define otras relaciones de poder dentro del aula, en tanto los procesos de circulación y apropiación del conocimiento favorecen la construcción de redes abiertas y con mayor grado de horizontalidad.

Las TIC, en este sentido, constituyen una oportunidad para repensar nuevos modelos pedagógicos y formatos institucionales tendientes a renovar las posibilidades de aprendizaje de los alumnos, su relación con otros y con el mundo social y cultural e, incluso, interpelar el concepto mismo de escuela.

Tal como ya fuera señalado, la brecha digital conlleva atender la calidad de los equipos y las conexiones, pero, sobre todo, supone incrementar el capital cultural y las habilidades para usar la tecnología de manera innovadora, creativa y crítica. Estos cambios implican reconfigurar el diseño pedagógico de la escolarización para transformar los viejos paradigmas en nuevas propuestas educativas, en sintonía con las demandas del siglo XXI, según las cuales la brecha entre lo que los estudiantes necesitan y lo que la escuela les ofrece sea cada vez más menor.

La entrega de dispositivos móviles resulta fundamental, pero la formación docente requerida, los recursos y los contenidos digitales necesarios, así como el desarrollo de una cultura digital en docentes, padres, comunidad y estudiantes, también son aspectos que no pueden pasarse por alto. Trabajar la integración de las TIC en la educación hace imprescindible redefinir los objetivos educativos en tanto búsqueda de sentido, desarrollar nuevas formas de enseñar y aprender, modificar contenidos y prácticas, reformular las propuestas de formación docente, cambiar los estilos de enseñanza y potenciar las redes de trabajo docente para lograr aprendizajes de calidad para todos.

Integrar tecnología en la educación resulta una cuestión compleja que no se limita a aspectos técnicos, sino también, y sobre todo, culturales. Se necesita para ello construir acuerdos con una mirada heterogénea y diversa, ampliando el foco y la comprensión del problema pedagógico que las tecnologías pretenden resolver. Para ello recordemos que estamos inmersos en un nuevo contexto marcado por una transformación histórico-social del mundo. Esto amerita tener el coraje de revisar también nuestros supuestos para adentrarnos en nuevas metáforas que incluyan lo transitorio e incierto de un mundo que, parafraseando a Bauman, despide lo conocido sin conocer lo nuevo.

 

Para saber más

  • Asociación Iberoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones (AHCIET) (2013), Telecomunicaciones de América Latina.
  • Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) (2011), Estatísticas de Gênero. Uma análise dos resultados do Censo Demográfico 2010, Río de Janeiro, IBGE.
  • Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) (2012), Encuesta nacional sobre acceso y uso de tecnologías de la información y la comunicación (ENTIC). Resultados del tercer trimestre de 2011, Buenos Aires, INDEC.
  • Katz, Raúl L. (2011), La infraestructura en el desarrollo integral de América Latina. Situación actual y prioridades para impulsar su desarrollo. Telecomunicaciones, Caracas, Corporación Andina de Fomento.
  • Lugo, María Teresa, Lilia Toranzos y Néstor López (coords.) (2014), Informe sobre tendencias sociales y educativas en América Latina 2014. Políticas TIC en los sistemas educativos de América Latina, Buenos Aires, IIPE-UNESCO-OEI.
  • UNESCO (2015a), La educación para todos, 2000-2015: logros y desafíos. Informe de seguimiento de la EPT en el mundo, París, UNESCO.
  • UNESCO (2015b). TERCE. Resumen ejecutivo. Informe de resultados: logros de aprendizaje, Santiago de Chile, UNESCO.

 

 


 

 

* Coordinadora de TIC y Educación, IIPE, UNESCO, Sede Regional Buenos Aires (Argentina). Artículo publicado originalmente en Cuadernos de Pedagogía, núm. 462, diciembre de 2015.

 

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