La docencia universitaria: el caso de la contabilidad

La docencia universitaria: el caso de la contabilidad

 

Desde hace algunos años se ha ido consolidando la exigencia de que quienes se desempeñan como profesores universitarios cuenten con el grado académico de doctorado. El autor analiza el impacto de esta medida en una de las licenciaturas más estudiadas en nuestro país: la contaduría pública.

 

 

La docencia universitaria en contabilidad ha tenido tres momentos coyunturales para cambiar su objetivo de enseñanza en las aulas, modificando la relación entre teoría y práctica, aunque intentando mejorar su desempeño.

En 1960 se consideraba como único requisito que un profesor tuviera título universitario. Si tomamos en cuenta cuatro años de licenciatura, un estudiante, a razón de cinco materias por año, tenía unos veinte profesores en ese lapso. Cuando menos dos de esos profesores, 10%, no tenían licenciatura, pero curiosamente casi siempre eran de lo mejor de la licenciatura. Además, había uno o dos talleres impartidos por técnicos especialistas, no por egresados de licenciatura. El resto de los profesores eran personas que trabajaban en alguna empresa o despacho y traían al aula sus conocimientos y sus vivencias totalmente reales y actualizadas. De los 18 sólo podrían contarse a lo sumo cuatro que eran teóricos o que trabajaban en algo que no tenía relación con la materia que impartían.

En 1980 comenzaba a ser un requisito el que los profesores universitarios contaran también con maestría, aunque cuando menos uno de esos profesores sin licenciatura del párrafo anterior continuaba dando clase y algunas universidades hacían excepciones para no perderlo por su excelente calidad como docente. Cuando mucho la mitad del claustro académico cumplía con el requisito de la maestría y estaba claro que en muchas materias ese requisito no se cumpliría nunca, porque era preferible tener un especialista práctico que un teórico con maestría.

Prácticamente desde el año 2000 el requisito es doctorado, pero no todos los profesores de una licenciatura lo cumplen y las universidades se niegan a contratar a quien no sea doctor. Y las excepciones son cada vez menos. La teoría parece prevalecer sobre la práctica y navegamos hacia un mundo donde no sabemos si esa teoría perdurará o será desbancada mañana por nuevos conocimientos o por computadoras que realicen esa labor.

En cada una de las oportunidades mencionadas se han privilegiado las credenciales académicas y cada vez con menor tolerancia. La idea ha sido, también, parecernos lo más posible a las universidades estadounidenses. Por otra parte, no se ha insistido en que los mejores profesores, más allá de los talentos naturales y los doctorados, son quienes tienen una preparación en educación, pedagogía y didáctica.

En el caso concreto de la licenciatura en contaduría pública las universidades buscaban a los profesionales del área para reclutarlos como profesores. Socios de grandes despachos para la cátedra de auditoría, directores financieros para finanzas y contadores generales para contabilidad. El crecimiento del número de universidades y la explosión de la matrícula, tanto en instituciones públicas como privadas, creó la figura del profesor de tiempo completo, y al no ser posible contratar socios, directores o contadores como académicos, hubo que contratar profesionales de menor nivel pero que, a cambio, se capacitaron en didáctica y fueron adquiriendo las habilidades necesarias para dar excelentes clases a las nuevas generaciones de contadores.

Cuando observamos cualquier oferta laboral, las empresas mencionan la vacante que necesitan cubrir, detallan las funciones, los requisitos de experiencia, conocimientos y aptitudes de los candidatos, y finalmente las licenciaturas que consideran más lógicas para que de allí surja el ocupante ideal del puesto. Curiosamente, las universidades mencionan lo anterior en orden inverso y resaltan que es necesario contar con estudios doctorales y una línea de investigación o tener algún grado dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Lo anterior, que en algunas licenciaturas es aceptable, al convertirse en una regla general para todas, coloca a contaduría pública en una situación complicada, ya que los expertos en esta área, cuando menos en México, no tienen doctorados ni poseen una línea de investigación, ni ostentan algún nivel del SNI. Aunado a lo anterior, está el hecho de que en Estados Unidos hay más de 500 universidades en las que puede estudiar un doctorado en contabilidad, y en México sólo una institución lo ofrece actualmente.

De tiempo en tiempo, las universidades entran en crisis y esto ha sido así desde tiempos medievales. La situación que se plantea nos lleva a considerar la posibilidad de una crisis en los próximos años en la licenciatura en contaduría pública por falta de profesores o por excesiva teoría y falta de práctica de los mismos. Se trata de una nueva coyuntura. Y estamos a tiempo de cambiar una ruta que, cuando menos, deberíamos cuestionar si es la mejor. Además, aparecen ya universidades revolucionarias que ofrecen estudios totalmente prácticos y directamente relacionados con el campo laboral.

 

 


 

 

* Contador público por la Escuela Bancaria y Comercial, maestro en enseñanza superior por la Universidad La Salle, maestro en administración con especialidad en finanzas por el Tecnológico de Monterrey y candidato a doctor en educación con especialidad en intervención educativa por la Universidad Anáhuac. Ha sido profesor durante 44 años en diversas universidades.

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