La educación como palanca para cambiar a México

La educación como palanca para cambiar a México

 

El debate público mexicano se ha caracterizado durante décadas por su enorme pobreza. No hay ningún dato que permita suponer que hemos mejorado mucho. Desperdiciamos demasiado tiempo en dimes y diretes, cuestiones triviales, anécdotas y tonterías sin trascendencia. Eso nos impide ver los temas y las cuestiones de fondo que pueden mejorar al país y a su gente. Uno de esos temas es precisamente la educación, cuyos resultados han sido desastrosos y sobre la que tenemos muchísimo camino por andar.

 

La OCDE publicó un importante informe sobre la educación superior en México que pasó inadvertido, pero que nos ofrece muchos datos y muchas pistas sobre las áreas de oportunidad a las que debemos dedicar toda nuestra atención.1 Hay que considerar que medio millón de egresados del nivel educativo superior se incorporan cada año al mercado laboral. ¿Qué tan bien preparados están, cómo les están pagando por su trabajo, qué futuro les espera?

El informe de la OCDE señala que casi la mitad de los empleadores consideran que los egresados del sistema de educación superior llegan al mundo del trabajo con una notable falta de competencias y estiman que la formación que recibieron en la escuela esos jóvenes no es adecuada para lo que está requiriendo el mercado laboral. Estamos, en consecuencia, frente a un desajuste mayúsculo respecto de la formación recibida, por un lado, y lo que el país está necesitando para lograr su desarrollo económico, por el otro.

Los métodos formativos siguen siendo muy tradicionales. Predomina todavía la clase magistral, pero es escasa la innovación en el aula, la interactividad pedagógica y la utilización de métodos vanguardistas de enseñanza. Los alumnos egresan de las universidades sabiendo un poco de la carrera que estudiaron, pero sin formación interdisciplinaria para interactuar con profesionales de otras ramas. Eso implica que su horizonte profesional está bastante limitado y que estamos transmitiendo conocimientos “aislados”, que no pueden servir de puente para comunicarse con otras ramas del saber.

Dice el informe de la OCDE con gran claridad: “Para lograr mayores avances en la productividad y la competitividad se requerirán mejoras en la calidad de la educación en todos los niveles, desde la educación preescolar hasta la educación superior”. ¿Cómo es que las autoridades, empezando por el presidente que habla y habla y habla de tantos temas, no les dedican un espacio diario a las cuestiones educativas, si de ello depende el futuro del país? La agenda del país debería tener como prioridad principal el tema educativo.

Actualmente en México tenemos 4.4 millones de personas estudiando alguno de los más de 38,000 programas de educación superior en los más de 7,000 centros educativos autorizados. En el ciclo escolar de 1970-1971 eran apenas 270,000 estudiantes y 385 centros educativos. Estos datos nos alertan sobre la dimensión del cambio social que ha vivido el país en las últimas décadas, pero también nos permiten advertir la enorme riqueza y el gran potencial de todas esas personas que, si obtuvieran una formación de excelencia, podrían incrementar hasta niveles desconocidos la productividad nacional.

Pese al incremento tan considerable en la matrícula, se estima que en la actualidad solamente 56% de los mexicanos termina sus estudios de educación superior. El 89% de ellos está inscrito en el nivel de licenciatura, pero apenas 5.9% cursa alguna especialización o maestría (el promedio de país de la OCDE es de 16%) y un raquítico 0.9% está inscrito a un programa de doctorado (frente al 2.4% en promedio de los países de la OCDE).

Quizá se trate de una idea escasamente novedosa, pero hay que insistir en que invertir en educación ofrece muchas ventajas, tanto a nivel de país como en el plano personal. Una persona que cuente con estudios de nivel universitario tiene ingresos que son 78% superiores frente a los de quienes apenas tienen estudios de nivel medio superior. Además, tener estudios universitarios contribuye a evitar que los jóvenes se sumen a la economía informal o a la criminalidad organizada, además de que incrementa sus niveles de satisfacción con la vida y su cultura en general.

Es particularmente preocupante la falta de oportunidades que enfrentan muchas mujeres que cuentan con estudios universitarios. La OCDE señala que las mujeres constituyen 53% de los egresados del sistema de educación superior, pero una de cada cinco no participa en el mercado laboral. Su tasa de inactividad es tres veces superior a la de los egresados varones. Tenemos que abrir paso a las mujeres en el mundo del trabajo, para que todas ellas tengan la posibilidad real de incorporar su talento y su dedicación al desarrollo del país.

Los exámenes EGEL aplicados a los egresados de nivel superior demuestran que más de la mitad no alcanzó una calificación aprobatoria. Solamente 8% tuvo un resultado sobresaliente. Ése es otro dato que acredita que debemos poner más atención a las “capacidades” con las que egresan quienes realizan estudios universitarios. Las carencias se producen en áreas tan elementales como las competencias relacionadas con la comunicación escrita en español, la comunicación oral en español e inglés, la capacidad de síntesis de la información, de razonamiento lógico, de sentido de la responsabilidad y de proactividad. Es decir, no se trata tampoco de aspirar a que los egresados de las universidades mexicanas cuenten con capacidad extraordinarias: lo que se pide, por el contrario, son cuestiones básicas, sin duda indispensables para tener éxito en el campo profesional.

Podemos mejorar sustancialmente si atendemos a las recomendaciones que hace la OCDE en su informe. Algunas son tan sencillas y fáciles de implementar como la creación de una página web de acceso y uso sencillos para proveer información relevante sobre la educación superior y el mercado laboral para todos los grupos sociales interesados. También se debe diseñar un estudio prospectivo sobre las necesidades futuras del mercado laboral, que permita que los grupos interesados puedan llevar a cabo una tarea de planificación. Igualmente, necesitamos contar con información completa sobre los resultados de la educación superior: información oportuna, fiable, accesible y fácil de utilizar por parte de los grupos interesados, que nos indique lo que sí está funcionando y aquello que debemos mejorar.

Tenemos mucho por hacer. Ojalá entre todos logremos desarrollar una gran conversación nacional sobre el tema educativo, en vez de perder el tiempo hablando de cosas insustanciales. México requiere con urgencia una mejor educación para todos.

 


 

* Doctor en derecho por la Universidad Complutense de Madrid, España, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y director del Centro de Estudios Jurídicos Carbonell, A.C. (www.centrocarbonell.mx).

1 Educación superior en México. Resultados y relevancia para el mercado laboral, OCDE, México, 2019.

 

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