La violencia y los niños

La violencia y los niños

 

Es en el seno de la familia donde se deben proporcionar a los menores herramientas para que construyan una vida plena y feliz que los lleve a su realización como seres humanos. Desafortunadamente, es también ahí donde miles de ellos sufren, indefensos, violencia y abuso físico. La autora nos recuerda el compromiso que tienen los padres y los educadores de brindarles un ambiente de seguridad emocional en el que puedan aprender valores y desarrollar la confianza en sí mismos.

 

 

Vivimos tiempos difíciles y dolorosos, tiempos desgarradores ante la enfermedad y la muerte donde lo único que importa es la conservación de la propia vida y la de los seres queridos, ante lo cual surge el nacimiento de reflexiones profundas sobre los pilares que asientan la propia existencia. Asimismo, ante este escenario, paradójicamente se vive un ambiente de violencia y de agresividad que va en incremento día a día. Según datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) el año 2020 ha sido el más violento, pues el promedio diario de asesinatos intencionales aumentó al pasar de 9.8 en 2019 a 10.5 en 2020, debido al hacinamiento y al impacto de la situación económica frente a la epidemia del coronavirus.

En México se ha venido viviendo en un contexto de violencia desde años atrás, gestándose en el seno de la familia que ha ido permeando el ambiente de todo el país. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), la violencia intrafamiliar en México se incrementó 72% desde el primer trimestre de 2015. Asimismo, según datos de la UNICEF publicados en mayo del año pasado en su Informe anual 2018, seis de cada 10 niños, niñas y adolescentes de uno a 14 años de edad han experimentado algún método violento de disciplina en sus hogares. Y más de 50% de adolescentes de 12 a 17 años ha recibido algún tipo de agresión física.

Vivimos en un tiempo de descomposición moral que ha permitido la presencia de la violencia en todos sus ámbitos, impactando la vida de todos los seres humanos, desde los niños hasta los adultos mayores, en sus diferentes ambientes. ¿Que ha causado esta descomposición moral? Entre otras cosas, la entrada de la comunidad en un conflicto en el cual se menosprecian y se transgreden las reglas que hacen imposible la convivencia y el crecimiento de las personas que viven en ella. El no respetar la dignidad de la persona, su vida, sus derechos, el romper el diálogo y el interés por llegar a acuerdos. Y la prevalencia de la violencia sobre la razón.

Frente a este contexto debemos inclinar nuestra reflexión hacia nuestros niños: cualquier persona tiene derecho a ser reconocido, amado y respetado por el hecho de ser persona. Y es precisamente la familia el ámbito por excelencia de educación donde al ser humano se le ama, se le reconoce y se le acepta de forma incondicional por el hecho de ser; por esto la familia es el ámbito de mayor gratuidad que existe, como lo dicen Chinchilla y Moragas en su libro Dueños de nuestro destino. Sin embargo muchos niños en México no tienen este privilegio y viven en un contexto de violencia y agresión.

La violencia se puede entender como un comportamiento deliberado que provoca o puede provocar daños físicos, morales o psicológicos a otros seres humanos. Atenta contra la libertad, la voluntad y la integridad de la misma. Como afirma Lafarga en su libro Desarrollo humano, la violencia trae como consecuencia más violencia, la cual se desencadena en conductas de ataque que implican lesiones o amenazas de corte físico, psicológico y moral que implican un modo de interacción social. Esta violencia es causada por personas con la conciencia y la claridad para pensar y actuar para perjudicar a otro ser humano, desarrollando la perversidad centrada o acusada por un egoísmo, o por una frustración, al extremo de ser incapaz de empatizar por el bien de el otro.

Es interesante cuestionar que los autores de esta violencia y de esta agresión, que muchas veces forman parte de la familia, también fueron niños. ¿Qué vivieron? ¿Qué aprendieron?¿Cuál fue su contexto familiar, social y emocional? ¿Qué desencadenó que actuaran con violencia? Si, como lo establece Juan Lafarga, el hombre tiene una tendencia natural al crecimiento y al desarrollo, al mismo tiempo, en este mismo escenario, no hay que olvidar, como lo establece María Montessori, que el niño es el padre del hombre. Por esta razón, todo aquello que se vive en la etapa de la infancia es determinante para la vida futura del niño, ya que es la etapa donde se forman las bases de la personalidad.

¿Cuál es el reto? Los niños y los jóvenes necesitan desarrollar una conciencia fuerte que les permita enfrentar un mundo de violencia; es decir, se necesita formar en la conciencia y dar tiempo para su desarrollo con la finalidad de que se pueda distinguir lo que es y lo que debe ser, y fortalecer a la familia como núcleo fundamental de la sociedad, donde se gestan los valores y las virtudes fundamentales y donde se viven aspectos relevantes de la vida ordinaria: gobierno, autoridad, economía, educación, trabajo, ocio, compromiso, renuncia, don de sí, paz. En este sentido, la misión de los padres de familia es preparar a los hijos para desenvolverse en la sociedad desde las experiencias vividas en el hogar, de las cuales se tienen modelos de conducta que les permitirán encauzar experiencias posteriores.

Es ahí, en el seno de la familia, donde se deben proporcionar y fortalecer las herramientas para enfrentar un mundo de violencia, como la conciencia, el razonamiento, la libertad con límites, el ejercicio de la voluntad, la confianza en uno mismo y en los demás, el saberse escuchado y el vivir en un ambiente de seguridad emocional.

Aunado a esto, el niño tiene derecho a vivir de acuerdo con una moral compuesta: actuar según las normas y las reglas que favorezcan el bien común y la sana convivencia, así como tener límites claros, lo cual proporciona orden y estructura, y da seguridad. De la misma manera, la moral compuesta permite a las personas convivir, compartir, ser solidarias y corresponsables de una comunidad para construir un mundo más humano y más justo.

El gran reto consiste en fortalecer a la familia, ser modelos de referencia sólidos que ayuden a la formación de la conciencia, de la autorreflexión, de la autoexigencia y de la autocrítica, educar para la toma de decisiones y para la responsabilidad y dar testimonio de que la vida vale la pena ser vivida con ilusión y esperanza para llegar a la plenitud como seres humanos, pese a todas las dificultades que se pudieran llegar a tener.

A esta gran tarea se suman organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, la UNICEF y la Comisión de los Derechos Humanos, que están trabajando en políticas públicas en materia de educación de la infancia y protección contra cualquier forma de violencia, explotación o abuso, donde al mismo tiempo se busca hacer conciencia del papel fundamental de los padres de familia en la vida del ser humano.

Frecuentemente se percibe que las cosas son automáticas, fáciles y gratuitas: deseo, pido y obtengo… pero la realidad es que la vida no es así, y estos tiempos son un claro ejemplo de ello: la felicidad es resultado del esfuerzo, la lucha, la constancia, el compromiso, la tolerancia a la frustración y la disciplina. Y ahí es donde debemos incidir como padres, educar y acompañar a nuestros hijos para que construyan una vida plena y feliz que los lleve a su realización como seres humanos. La felicidad consiste hacer una pequeña obra de arte con la vida, esforzándonos cada día por sacar la mejor versión de nosotros mismos, como lo propone Rojas Estapé. Ése es el mejor legado que les podemos dar a nuestros hijos.

 

Para saber más

  • Chinchilla, N., y M. Moragas (2009), Dueños de nuestro destino. Cómo conciliar la vida profesional, familiar y personal, Barcelona, Ariel.
  • Lafarga, J. (2014), Desarrollo humano. El crecimiento personal, México, Trillas.
  • Montessori, M. (1991), El niño. El secreto de la infancia, México, Diana.
  • Rojas Estapé, M. (2020), Cómo hacer que te pasen cosas buenas, Barcelona, Planeta.

 


 

* Profesora-investigadora de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana.

  

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