Rompiendo (algunas) burbujas en educación

Rompiendo (algunas) burbujas en educación

 

Si los maestros ya saben que los niños y los jóvenes se desarrollan a distinto ritmo, que existen múltiples inteligencias y que el aprendizaje ocurre cuando se consideran factores como el contexto y los conocimientos previos, ¿por qué siguen evaluándolos de manera estandarizada? El autor responde a esta y otras preguntas cuestionando algunos paradigmas educativos que hoy siguen vigentes.

 

 

La investigación en las áreas de la psicología y la pedagogía ha generado propuestas valiosas que abonan a la enseñanza y el aprendizaje escolarizado. Producto de ello, gracias a Piaget, los maestros sabemos que existen diversos estadios del desarrollo cognitivo; gracias a Vygotsky, conocemos la importancia del contexto y la colaboración en ese desarrollo; gracias a Ausubel, recuperamos el conocimiento previo de los alumnos y actuamos en consecuencia, para lograr aprendizajes significativos, y gracias a Gardner, reconocemos múltiples inteligencias y valoramos la diversidad en el aula. Así, podría seguir enlistando nombres y sus aportes a la educación, los cuales forman parte del bosque pedagógico que es la formación del profesorado.

Si los maestros ya sabemos que los niños y los jóvenes se desarrollan a distinto ritmo, que existen múltiples inteligencias y que el aprendizaje ocurre cuando se consideran factores como el contexto y los conocimientos previos, ¿por qué seguimos evaluándolos de manera estandarizada?, ¿por qué continuamos reprobando al que pasó de un 1 a un 5 y aprobando al que pasó de 9 a 10, cuando es claro que el primero, de acuerdo con sus posibilidades, avanzó más?; ¿dónde queda la equidad?, ¿es justo? En este sentido, coincido con Eric Mazur, de la Universidad de Harvard, quien declara que la evaluación (centrada en la regurgitación de la información memorizada y la reproducción mecánica) es el asesino silencioso del aprendizaje.1

No es raro, entonces, que a muchos niños y jóvenes les disguste la escuela, sobre todo a aquellos que no encuentran su lugar en las aulas para desarrollarse a su ritmo, con base en sus intereses, emociones y pasiones. Al respecto, durante décadas las escuelas han sido promotoras de la competencia por encima de la colaboración, pero ¿cómo amar y colaborar con los demás si sólo se premia a “los de siempre”, si sólo es reina de la primavera la considerada “bonita” entre las demás, si los integrantes de la escolta son los mismos que cada año reciben diplomas de “aprovechamiento”?

Con lo anterior, no es que desacredite el mérito de quienes avanzan más rápido o tienen las condiciones óptimas para aprender mejor. Lo que quiero decir es que, de acuerdo con Osho, el fracaso recurrente (reprobación, deserción, repetición) crea heridas profundas con sentimientos de inferioridad y la adulación y la premiación constantes también crean heridas profundas de superioridad.2 ¿Cómo amar y celebrar la diversidad en este tipo de ambientes escolares?

Lo dicho antes no es sólo una injusticia; también es una contradicción y una negligencia pedagógicas porque los maestros ya “lo sabemos”. En términos fatalistas, se trata de un crimen que se perpetua generación tras generación, al amparo de las “normas” de control escolar y de las reglas del sistema educativo. Las consecuencias de esto se reflejan en un (des)tejido social integrado por miles de niños, jóvenes y sus familias que fueron expulsados de la carrera escolar, dejándolos vulnerables ante los peores vicios humanos y resentidos por la falta de oportunidades.

Por otro lado, también están los jóvenes cuyas familias les han enseñado los oficios a los que se han dedicado por generaciones y que logran encontrar en ellos la realización personal que las escuelas les negaron; personas talentosas, íntegras y humanas que supieron abrirse camino en un mundo desigual. Por eso concuerdo con Álex Rovira cuando expresa que “hay personas que han tenido acceso a una buena formación pero que son maleducadas, porque no tienen corazón, y hay personas que no tuvieron el privilegio del acceso a una buena formación, pero que son extraordinariamente bien educadas”.3

En consecuencia, lo ideal sería que las calificaciones y los exámenes aparecieran en el nivel medio superior con fines vocacionales, en aras de orientar los intereses de los jóvenes hacia la profesión en la que puedan desarrollarse y desempeñarse con pericia, excelencia y pasión. Luego, en la universidad, emplear la evaluación con fines formativos reales, de manera que se fortalezca la vocación, la profesionalización, el amor por el trabajo bien hecho, el servicio comunitario responsable y el pago de la hipoteca social. Con ello, nuestra sociedad contaría con profesionales expertos e íntegros, comprometidos con su deber y capaces de aminorar las brechas de la desigualdad.

Imaginemos por un momento que necesitamos acudir con un médico y que podemos asistir con cualquiera, sin “recomendaciones” de por medio, porque sabemos que todos son excelentes; que podemos llevar a nuestros hijos a cualquier escuela, porque sabemos que en todas están los mejores maestros; que necesitamos un abogado y no hace falta pedir “referencias” porque todos son éticos e íntegros. Todos estamos de acuerdo en que tendríamos una sociedad ideal que no existe actualmente, pero existe. Un ejemplo de esto es Reggio Emilia, en Italia, una comunidad que se asegura de hacer las cosas bien, de conseguir que todos sus habitantes tengan los mejores gobiernos, los mejores servicios, los mejores profesionales y los mejores ciudadanos.

Debemos educar a cada niño y/o joven en la integridad del ser, para que luego puedan hacer y, finalmente, lleguen a tener; es decir, formarlos en las más nobles aspiraciones humanas para que crezcan aprendiendo que la mejor regla ética es la del trabajo bien hecho y que esto les permitirá obtener lo que necesitan para vivir con dignidad. No obstante, las campañas mercadológicas utilizan esta fórmula en sentido inverso, creando necesidades superficiales y haciendo creer que la felicidad y la autorrealización se encuentran en lo material, en qué tanto tienes y en la acumulación de bienes.

Salvador Alva es enfático cuando dice que las personas adineradas tienen una ventaja sobre el resto que no lo es: ya saben que el dinero y la adquisición (y acumulación) de bienes materiales no son la panacea para una vida feliz.4 Otra vez, ¿cómo amar a los demás si mi actuar y mis decisiones giran en torno de tener más que el otro? Más poder, más “lujos”, más “exclusividades”, más opulencia, más “apariencia”, más egoísmo, más indiferencia, más de todo, a cambio de lo que más importa y que el dinero no puede comprar.

No es casualidad el incremento cínico de la corrupción, la violencia y la impunidad en todos los ámbitos de nuestra sociedad, porque la ansiedad que causa el no llenar rápida y fácilmente esos vacíos emocionales (con poder, dinero o cosas materiales) puede llevarnos a actuar deshonestamente, a perpetuar las injusticias y a corromper las leyes. Un ejemplo de ello ocurre en el gobierno cuando hay tráfico de influencias, nepotismo, lavado de dinero, peculado, entre otros artilugios, para beneficiarse de manera ilegal.

Lo más triste es que la mayoría de las personas se da cuenta del engaño un poco tarde, generalmente cuando están en el ocaso de sus vidas o cuando el remordimiento los angustia por no dejar algo valioso para los demás. Y no me refiero a cosas tan cuestionables como una herencia, porque el concepto de herencia también puede ser visto como una gran injusticia, sino a las formas de trascender lo bueno: sirviendo a los demás, transformando vidas o proveyendo inspiración ante las nuevas generaciones para construir, más pronto que tarde, un presente y un futuro promisorio para todos.

 

 


 

 

* Docente en la Universidad Contemporánea de las Américas (UCLA), plantel Apatzingán.

[1] E. Mazur [Derek Bok Center, Harvard University]. (19 de noviembre de 2013). Assessment: The Silent Killer of Learning/Eric Mazur (Dudley Herschbach Teacher/Scientist Lecture) [Archivo de video]. Recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=CBzn9RAJG6Q.

2 OSHO (2018). “Educación: hacia las verdaderas bases”. Cork, Ireland: OSHO International Foundation. Recuperado de http://www.osho.com/es/read/osho/education-forward-to-the-real-basics.

3 A. Rovira [AprendemosJuntos]. (20 de junio de 2018). Versión completa. Tu mirada puede transformar a las personas. Álex Rovira, escritor y divulgador [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=zv2j59sVMUM&t=1126s.

4 S. Alva [Juan José Pérez]. (25 de julio de 2017). Conferencia “Tu vida, tu mejor negocio”, Salvador Alva [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=AhBeNvCKkrY&t=5s.

 

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

Revista El Mundo del Abogado