Carlos Muñoz Izquierdo: el investigador educativo

Carlos Muñoz Izquierdo: el investigador educativo

 

Con motivo de la puesta en marcha de la Cátedra de Investigación Educativa Carlos Muñoz Izquierdo en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México —en la que se discutirán los aportes al conocimiento educativo de este destacado investigador—, la directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de dicha universidad nos ofrece un acercamiento a la vida y obra de Carlos Muñoz Izquierdo.  

 

 

Describir a una persona compleja, sabia, inclusive emblemática, a quien además quise y admiré tanto (un sentimiento que con el tiempo se afianza), me sobrepasa. Pero en este momento quiero destacar algunos rasgos de su identidad como investigador educativo, que espero sean estimulantes para quienes se inician en este oficio.

Don Carlos nació en 1937 y a los 26 años de edad se inició en la investigación educativa cuando, junto con Pablo Latapí y Manuel Ulloa, construyeron el Centro de Estudios Educativos (CEE), en 1964. Esto representó un acto fundacional de la investigación educativa en México, junto con la creación del Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav y la Comisión de Nuevos Métodos de Enseñanza de la UNAM. Actualmente, nos resulta muy familiar este oficio; no siempre fue así. Vale la pena retomar la afirmación de Latapí acerca de que Carlos Muñoz Izquierdo “construyó esta profesión […] porque antes de él en México este oficio no existía. Con su autoexigencia, con su talento y dedicación, él definió este quehacer en un vacío de modelos previos; me refiero […] a la definición de la función social del investigador de la educación en nuestro contexto mexicano”. Y precisa: “Ser investigador es más que seleccionar temas y metodologías, algo más que procesar datos e interpretarlos; es formular un propósito social sobre la manera en que el conocimiento puede contribuir a transformar la sociedad; es definir una distancia hacia el poder político que garantice la independencia; es —y esto es más profundo— optar al servicio de quién se pone el esfuerzo y la inteligencia y definir quién es el prójimo cuya causa se asume como propia”.1

 

¿Cómo se forma un investigador experimentado?

Se estrenó con un estudio enmarcado en la economía de la educación, buscando explicaciones sobre el papel que podía desempeñar la educación en el desarrollo económico nacional. Como consecuencia, en 1964 publica, junto con Pablo Latapí y Manuel Ulloa, el libro La educación en el desarrollo económico. Con ello abrió una veta de estudios que fue renovando al transitar desde las ortodoxas teorías funcionalistas hacia una mirada integral de la educación centrada en su calidad y su relevancia. El análisis de la función económica de la educación estuvo presente en su quehacer durante más de cuatro décadas de trabajo, siempre sustentado en un interés por su articulación con el desarrollo social.

En 1979 se publica El síndrome del atraso escolar y el abandono del sistema educativo, producto de una investigación coordinada por él en el CEE, que puede considerarse una piedra angular en las explicaciones del fracaso escolar. Gracias a esta investigación, en México sabemos desde hace más de 30 años que la deserción escolar ocurre después de que se han presentado diversas situaciones de “atraso escolar relativo” que deriva en reprobación, repetición y deserción. Que el fracaso escolar afectaba tanto a las escuelas rurales como a las urbanas dirigidas a los estratos socioeconómicos más bajos. Y, en la raíz del problema, identificaba factores propios de las escuelas, de las pedagogías y del desempeño docente. Desde entonces advirtió que el sistema educativo no actuaba como amortiguador de desniveles pedagógicos.

El análisis de este nivel educativo condujo a Carlos Muñoz Izquierdo a profundizar en el problema más grave que lo aqueja: la falta de equidad. En 1992 publicó —junto con Ulloa— el artículo “Cuatro tesis sobre la desigualdad educativa” y, posteriormente, en 1996, escribió Origen y consecuencias de las desigualdades educativas: investigaciones realizadas en América Latina sobre el problema bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, un libro de lectura obligada para quienes nos interesamos por este fenómeno. Una de sus últimas publicaciones, donde hizo un balance de su producción a lo largo de 40 años, le permitió revisitar estas tesis y enriquecerlas con evidencias actuales.2

Aquí, don Carlos reafirmaba su crítica a la tesis determinista que atribuye el déficit escolar a un conjunto de factores externos al sistema educativo, ubicando su origen exclusivamente en las inequidades que existen en la sociedad; tesis que, como es evidente, resta importancia a lo que ocurre en el interior de las escuelas. Por el contrario, Muñoz Izquierdo estaba convencido de que el logro de una mayor equidad educativa debe librar una batalla crucial en la arena de las aulas escolares, como lo demuestra la corriente de escuelas efectivas.3 Además, en este libro también ofrece nuevas evidencias para ratificar las otras tres tesis propuestas en el 92 referidas a la educación pauperizada y al currículo irrelevante destinado a los alumnos provenientes de los sectores desfavorecidos socialmente. Muestras incontrovertibles de una injusta distribución de oportunidades educativas.

Después de casi cinco décadas de analizar la educación y manejar diversas hipótesis, don Carlos tenía la certeza de que era necesario apostar más a los procesos educativos; por ello, constantemente recomendaba poner más empeño en la experimentación y la innovación pedagógicas como una manera de encontrar soluciones a los graves problemas del rendimiento académico. Recordaba con insistencia un apotegma acuñado por Bloom que para él había sido revelador y que demostraba que cualquier persona puede aprender cualquier cosa, en cualquier momento de su vida, si se le sabe enseñar. Don Carlos tenía la convicción de que la escuela puede hacer mejor las cosas.

Los referidos estudios inevitablemente convergen en el tema de la calidad de la educación, al cual Muñoz Izquierdo dedicó parte importante de su trabajo intelectual y su compromiso. Él impulsó, junto con otros investigadores como Felipe Martínez Rizo y Sylvia Schmelkes, el concepto de calidad basado en las dimensiones de eficacia, eficiencia, relevancia y equidad. En sus últimos trabajos, como muestra de su flexibilidad intelectual, refinó la aproximación a este concepto inasible. Propuso partir de las dimensiones filosófica, pedagógica, cultural, social y económica. Sintetizó que la educación de calidad debe ser axiológicamente relevante, pedagógicamente eficaz, culturalmente pertinente, económicamente eficiente y socialmente equitativa. En este marco, entre 2008 y 2012 se concentró en evaluar los beneficios de distintos programas gubernamentales dirigidos a mejorar la calidad de la educación básica. Una de sus conclusiones apunta que, aunque la equidad no siempre es compatible con la eficiencia, deben privilegiarse los costos asociados con la equidad si realmente se busca revertir las desigualdades.

Fiel a su compromiso con la construcción de alterativas de superación de las desigualdades, cuando en 2002 tuvo la oportunidad de crear el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) lo hizo con la misión de contribuir a resolver los problemas educativos del país y a generar los cambios orientados hacia la justicia social. Esa impronta ha definido la identidad del instituto.

Son extensos los aportes de don Carlos. Muchos confluyen en la necesidad de instrumentar políticas y programas destinados a empujar la calidad y la equidad de la educación dirigida a los sectores empobrecidos. Abogaba por la sinergia de las políticas y los programas sociales y económicos. Advertía que “impartir una educación de buena calidad es una de las condiciones para impulsar la movilidad social de los estudiantes que se encuentran en condiciones de pobreza, pero […] que esa educación tiene que acoplarse con otras políticas —encaminadas a promover el desarrollo socioeconómico de la localidades respectivas—”.4

La obra de Carlos Muñoz Izquierdo revela una mirada capaz de captar la complejidad de los fenómenos socioeducativos. Entrelazaba las explicaciones micro con los referentes macrosociales; se esforzaba por captar la multifactorialidad, para lo cual construyó sólidos marcos teóricos y metodológicos. Siempre en busca de profundizar en las causas de las injusticias educativas y siempre planteando horizontes de acción. Combinó así su vocación de investigador con su interés por la planeación educativa. Su formación inicial como economista y su doctorado en Stanford le permitieron sentar bases sólidas. Y lo que le permitió avanzar en la trayectoria fue la disciplina, la curiosidad científica, su ética y su definido compromiso social.

 

Docencia e investigación

Junto con la labor de investigador, don Carlos se dedicó a la docencia desde 1971, la cual fue para él motivo de regocijo: “A esta universidad también le debo el haber tenido la satisfacción de observar el crecimiento intelectual de mis alumnos, y la alegría de relacionarme cotidianamente con ellos. Es difícil expresar lo que estas experiencias han significado para mí, pero ellas me han animado a no dejar de dedicarme a la misma actividad que inicié hace casi cinco décadas”.

En 1984 inició su trabajo docente en la Ibero, labor que desarrollaría durante más de 30 años. Así tuve el privilegio de conocerlo. En 1992 ingresé a la maestría en investigación y desarrollo de la educación. Y justamente su desempeño como profesor e investigador fue una de las razones por las que, en Venezuela, quienes lo conocían, me recomendaron ampliamente ingresar a este programa. Casi tres décadas después sigo agradeciendo esa afortunada recomendación. Él tuvo una importante influencia en mi formación de maestría y doctorado y después como investigadora del INIDE.

Trabajar con don Carlos constituyó un enorme privilegio; fue un maestro exigente y generoso. En 2003 inicié mi colaboración con él en un estudio sobre las IES particulares de la zona metropolitana de la Ciudad de México, cuyos resultados fueron publicados en 2004. Fue el primer libro donde vi mi nombre como coautora; me parecía un sueño. En 2006 gané la plaza en el INIDE y vinieron momentos de ricos intercambios y aprendizajes.

El maestro Muñoz, como lo llaman varios de sus discípulos, puso las condiciones para que muchos tuviéramos aprendizajes significativos: el rigor científico, la seriedad, la ética y el compromiso de generar conocimientos sustentados en una plena pertinencia social.

Con esta cátedra queremos animar el análisis crítico de su obra, tomar la estafeta que nos dejó e impulsar la construcción de nuevas líneas de investigación y formas de trabajar que tengan como horizonte la justicia social y educativa.

 

La cátedra de investigación educativa Carlos Muñoz Izquierdo

Al recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, en el área de historia, filosofía y ciencias sociales, acerca de ese reconocimiento don Carlos expresó: “Me da la esperanza y la expectativa de que mi trabajo será más leído y aprovechado. Mi único interés es que más niños, principalmente de zonas indígenas y marginadas, tengan acceso a una educación básica de calidad: axiológicamente relevante, pedagógicamente eficaz, culturalmente pertinente, económicamente eficiente y socialmente equitativa”.5

Esa declarada esperanza entrañaba varios sentidos. En primer lugar, me gustaría destacar que daba plena cuenta de un rasgo determinante de su personalidad: una mezcla de generosidad y humildad. Don Carlos dedicó 50 años de su vida a la investigación educativa, sin otro interés más que el de generar conocimiento basado en un cabal rigor científico sobre los principales problemas educativos de su país, acompañado del anhelo de contribuir a la construcción de una sociedad más justa.

Claramente fue una invitación a no desaprovechar su vasta obra. Eso sería imperdonable. Don Carlos nos lega un acervo conformado por más de 200 publicaciones (como autor y coautor) en libros y revistas de México y del extranjero y más de 150 conferencias impartidas en diversas instituciones mexicanas y de otros países. Y es que este investigador de la educación trabajó, con infatigable dedicación, en todos los niveles y las modalidades educativas y desde temas y categorías analíticas diversas. Un repaso por su trayectoria da cuenta de esta global y, al mismo tiempo, acuciosa mirada.

 

Obra publicada

Temática

—Libros publicados individualmente (10)

—Libros publicados como autor principal (7)

—Libros publicados como segundo autor (2)

—Capítulos de libros publicados individualmente (39)

—Capítulos de libros publicados como autor principal (10)

—Capítulos de libros publicados como segundo autor (4)

—Artículos publicados individualmente (57)

—Artículos publicados como autor principal (22)

—Reportes técnicos publicados individualmente (36)

—Reportes técnicos publicados como autor principal (6)

 

a) Educación y cambio social

b) Equidad de la educación

c) Calidad de la educación

d) Educación y mercados de trabajo

e) Educación y movilidad social

f) Educación de adultos

g) Relación entre la investigación educativa y la formulación de políticas públicas

 

 

Sin embargo, tengo la impresión de que, al igual que ocurre con otros pensadores mexicanos y latinoamericanos, su trabajo se lee poco. Particularmente en niveles de licenciatura y maestría los currículos privilegian otro tipo de producción.

La cátedra de investigación educativa Carlos Muñoz Izquierdo, recientemente inaugurada por el INIDE de la Universidad Iberoamericana, abre un espacio de colaboración, discusión y generación de ideas para el fortalecimiento de la formación de investigadores educativos.

Esta cátedra tiene como objetivo discutir los aportes de Carlos Muñoz Izquierdo al conocimiento educativo y su contribución a la formación de investigadoras e investigadores comprometidos con el cambio social.

 

 


 

* Licenciada en ciencias pedagógicas, maestra en investigación educativa y doctora en educación. Es directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

1 P. Latapí (1993). Palabras pronunciadas en el “Coloquio sobre la contribución del maestro Carlos Muñoz Izquierdo a la investigación educativa” celebrado en la Universidad Iberoamericana, Santa Fe, en noviembre de 1993, con motivo de su trigésimo aniversario como investigador.

2 Véase C. Muñoz Izquierdo (2009).

3 C. Bellei, G. Muñoz, L. M. Pérez y D. Raczynski (2003), Escuelas efectivas en sectores de pobreza. ¿Quién dijo que no se puede?, Santiago, UNICEF.

4 C. Muñoz Izquierdo (2009), ¿Cómo puede la educación contribuir a la movilidad social? Resultados de cuatro décadas de investigación sobre la calidad y los efectos socioeconómicos de la educación (1968-2008), México, Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

5 Carlos Muñoz Izquierdo, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, Ibero, revista electrónica, 1° de febrero de 2013. 

 

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