Ecología emocional: ¿cómo está el clima en tu interior?

Metáforas medioambientales

Ecología emocional: ¿cómo está el clima en tu interior?

 

Enseñar a nuestros estudiantes a canalizar su energía emocional repercutirá positivamente en su bienestar personal, en sus relaciones y también en su rendimiento académico. Esta experiencia muestra cómo trabajar estos aspectos desde el enfoque de la ecología emocional, teniendo en cuenta la huella que deja en el ecosistema humano nuestra manera de sentir y de actuar.

 

 

Somos conscientes de que nuestra labor como docentes no se limita de manera exclusiva a la transmisión de los conocimientos, sino que debemos formar personas emocionalmente sanas y razonablemente felices.

La educación emocional en el aula tiene efectos positivos a largo plazo en el ajuste psicológico, las relaciones sociales, las conductas disruptivas y violentas, así como en el rendimiento académico de los escolares.

La experiencia llevada a cabo por mis alumnos de tercero de educación primaria se basa en la gestión de las emociones que se generan en los procesos de intercambio, bien sean desequilibrantes (miedo, frustración, ira, rabia, celos y desánimo) o equilibrantes (curiosidad, alegría, ilusión, voluntad, gratitud y confianza).

La ecología emocional es un planteamiento nuevo, creativo y revolucionario en educación emocional, que aborda al mismo tiempo aspectos educativos emocionales y medioambientales, y que apuesta por formar un nuevo modelo de persona: la persona emocionalmente ecológica.

La ecología emocional es el arte de gestionar, de manera sostenible, nuestro mundo emocional de forma que nuestra energía afectiva nos sirva para enriquecernos y para mejorar el mundo en que vivimos. Partimos de la tesis de que somos responsables de nuestras acciones y de que éstas afectan el clima emocional, haciendo que aumente el desequilibrio y el sufrimiento, o el equilibrio y el bienestar.

 

Metáforas inspiradoras

Nuestra experiencia a lo largo del curso es vivencial e interactiva, y pretende fomentar la participación y la creatividad de los alumnos. Uno de los recursos empleados son las metáforas, que atraen la atención y potencian el proceso de reflexión y el aprendizaje. Con ellas se pueden trabajar conceptos complejos y profundos. Otros recursos utilizados son los relatos y las preguntas despertador.

Todas las sesiones se inician con un centramiento, cuya finalidad es dejar pasar todos los pensamientos y situarnos en la actividad que vamos a realizar, acompañado de respiraciones y música adecuada.

Una de las metáforas que pusimos en práctica en el proyecto es la casa de las emociones: las emociones llegan, nos habitan, nos informan y las dejamos partir. El ejercicio consiste en reflexionar sobre nuestra casa emocional. Las emociones constituyen un lenguaje valioso y útil para ir más orientados en la vida. Si las atiendes, les das nombre; si una vez escuchadas incorporas la información a tu mapa mental y las dejas partir, las estarás gestionando ecológicamente y serán tus aliadas.

En la casa pueden estar prisioneras algunas emociones. Hay quien no se permite sentir el enfado y lo encierra en su interior. Y a fuerza de acumular ira y dejar pasar el tiempo sin gestionarla, ésta puede convertirse en rabia y rencor. Si sentimos estas emociones es el momento de “ventilar habitaciones”. Si dejamos encerradas algunas emociones desagradables —como la envidia, los celos, el resentimiento—, se convierten en tóxicos emocionales que nos dañarán a nosotros y a las personas que nos rodean.

Y no debemos prohibir que entren a nuestra casa determinadas emociones desagradables. Porque ellas nos informan de algo que es importante para reconducir nuestra vida. Como la tristeza, que nos indica que estamos viviendo algo como si fuera una pérdida. O la aversión, que demuestra que debemos apartarnos de una situación que es insana para nosotros. Y el miedo, que nos señala que intuimos un peligro y nos empuja a defendernos.

Tampoco es conveniente retener o evitar compartir emociones tan bellas como la alegría, el amor, la ternura y la gratitud. Cuando no expresamos estos sentimientos, evitamos que mejore el clima emocional y dejamos de dar vitaminas emocionales a nuestras relaciones. La naturaleza de las emociones es fluir. Sean agradables o desagradables de sentir, una vez cumplida su misión, debemos dejarlas partir.

 

Previsión emocional

Le dedicamos otras sesiones al clima emocional entendido como el resultado de las emociones que sentimos todas las personas que compartimos el ecosistema Tierra. Hay muchos y variados fenómenos en la meteorología emocional. Algunos son los siguientes:

  • Lluvia en el corazón: llueven tristezas, lágrimas o problemas, y tanta lluvia nos inunda por dentro.
  • Niebla emocional intensa: desapacible y gris; nos impide ver hacia dónde vamos, y nos sentimos perdidos y solos.
  • Vientos huracanados: todo era seguro, indestructible; de pronto, desaparece y nos sentimos impotentes y desconcertados.
  • Cielos despejados y soleados: hay que gozar estos momentos cuando todo parece estar en su lugar. A veces no los valoramos ni lo agradecemos lo suficiente.

¿Qué clima emocional prefieres que predomine en tu territorio interior? Y de vital importancia son las emociones que nos hacen felices:

  • El agradecimiento a todo lo bueno que nos da la vida.
  • La amistad, que nos acompaña y nos ayuda a crecer con los demás.
  • El amor, que es la energía más creativa y el mejor camino para el equilibrio y la felicidad.
  • La confianza, que es la llave de todas las relaciones personales.
  • La compasión, que nos permite ser solidarios y compartir el sufrimiento de los demás.
  • La felicidad, que surge del equilibrio interior.
  • La ternura, que extrae lo mejor de nosotros mismos, que respeta los ritmos de los demás y da calidez a nuestro mundo.

 

Reciclaje de emociones

Hay materiales que es preciso eliminar porque son tóxicos, pero en nuestras basuras hay otras cosas que pueden reciclarse y transformarse. Con nuestras emociones ocurre algo parecido. El reciclaje consiste en transformar positivamente las emociones dolorosas y desagradables.

Así, podemos aprender a convertir los celos en superación, el orgullo en humildad y solidaridad, la culpa en conciencia y responsabilidad, el remordimiento en perdón y reconciliación, la ira en reparación de una injusticia, la envidia en el cultivo de la generosidad hacia el otro y en un trabajo de confianza en nosotros mismos.

Así pues, otra metáfora son las basuras emocionales: en este caso, la propuesta es practicar la higiene emocional diaria para evitar acumular basuras y que éstas se conviertan en tóxicos emocionales peligrosos. Porque en determinados momentos de tensión uno puede acabar descargándola en forma de lluvia ácida sobre las personas que nos rodean. Y esto afecta negativamente nuestras relaciones. Los residuos emocionales deben eliminarse sin contaminar el medio relacional, sin intoxicar a los demás.

Introducimos entonces la metáfora de la lluvia ácida: en nuestro día a día, nosotros también lanzamos al medioambiente una gran cantidad de productos contaminantes, como quejas, victimismo, lamentos, juicios, insultos, descalificaciones, desprecios o mal humor, que no procesamos de manera correcta. Son fruto de nuestra incompetencia para gestionar nuestras emociones caóticas: celos, envidia, miedo, impotencia, frustración, soledad y tristeza.

Somos responsables de eliminar nuestras basuras emocionales sin dañar a los demás. Para hacerlo es conveniente dedicar cada día un rato a nuestra higiene emocional. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de utilizar a quienes nos rodean como contenedores y volcar en ellos nuestra tensión y nuestra toxicidad. Recibimos lo que lanzamos y, si no nos gusta lo que nos llega, conviene revisar lo que emitimos.

Plasmamos en un cartel todo este trabajo realizado y participamos en un concurso que organiza el ayuntamiento de Valencia cuyo eslogan es “Una ciudad ecológicamente emocional”. El cartel resultó premiado y sigue expuesto en un espacio publicitario en el centro de la ciudad.

Sentimos una gran satisfacción por ver que se va reconociendo la importancia de la gestión emocional en la escuela.

 

Para saber más

  • Conangla, Mercè y Jaume Soler (2007), La ecología emocional, Barcelona, RBA.
  • —— (2011), Ecología emocional para el nuevo milenio, Barcelona, Zenith.
  • —— (2013a), Exploradores emocionales, Barcelona, Parramón.
  • —— (2013b), ¡Cómo está el clima!, Barcelona, Parramón.
  • —— (2013c), Energías y relaciones para crecer, Barcelona, Parramón.
  • Conangla, Mercè, Jaume Soler y Laia Soler (2012), Emociones: las razones que la razón ignora, Barcelona, Obelisco.

  


 

* Licenciada en psicología, formadora de ecología emocional y profesora de pedagogía terapéutica. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Artículo publicado originalmente como “Ecología emocional: ¿qué tiempo hace en tu interior?”, en Cuadernos de Pedagogía, núm. 478, mayo de 2017.

  

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