Educar en el corazón de la selva maya

Educar en el corazón de la selva maya

 

La Cooperativa Ixcán Grande Prodessa, una organización no gubernamental guatemalteca con un sólido bagaje en el campo educativo, ha emprendido una serie de actuaciones relacionadas con la formación de maestros primarios y cooperativistas y la educación de los jóvenes. Así, se ha creado el Instituto Básico Maya Guillermo Woods, una singular experiencia de educación popular y participativa que alterna el estudio con la producción, y la enseñanza presencial con la educación a distancia. Todo ello, con el objetivo de fortalecer el desarrollo de la comunidad y la recuperación de la cultura maya.

 

 

Junto con Mayra, de la Oficina de Proyectos y Programas del Arzobispado de Guatemala, descendemos de la avioneta que nos traslada de la capital hasta el aeropuerto militar de Playa Grande, en el Ixcán, al norte del Departamento de Quiché, cerca de la frontera con México. Un par de soldados jovencísimos, que apenas sobrepasarán los 16 años de edad, se aprestan a identificarnos. En el estacionamiento nos aguarda Federico con su carro-camioneta, un profesor de enseñanza media, nieto de exiliados españoles y que ahora, como miembro de Prodessa, ejerce de director del Instituto Básico Maya Guillermo Woods. Tras cruzar la base militar, tristemente célebre al convertirse en uno de los mandos desde el que se fraguó una de las represiones más brutales de la historia guatemalteca y por su crematorio de cadáveres, rodamos por una pista no asfaltada, pero relativamente cómoda cuando no llueve torrencialmente, algo frecuente en esta época invernal y durante siete u ocho meses al año. Nos adentramos en un paisaje de un verdor soberbio y reluciente, con la vegetación variada y característica del bosque subtropical húmedo, sólo empañado por un puesto y dos destacamentos militares junto al camino. El Ixcán es todavía hoy —nos comenta Federico— una zona fuertemente militarizada y escenario de combates continuos entre el ejército y la guerrilla. Al cabo de hora y media llegamos a nuestro destino: Pueblo Nuevo, la más céntrica de las cinco comunidades cooperativas que forman la Cooperativa Ixcán Grande. El carro se atasca junto a la iglesia, pero los chicos del instituto acuden pronta y espontáneamente a rescatarlo.

 

Talleres de organización y producción

En una pequeña loma se encuentra la galera del instituto, un amplio salón de techo de lámina sostenido con palos, que también hace las veces de comedor. A pocos metros, no obstante, ya se han colocado las primeras piedras de las tres nuevas aulas, con ayuda de los miembros de la comunidad. Federico nos cuenta el origen de esta sólida aventura pedagógica: “El instituto nace de una solicitud de la comunidad tras un diagnóstico que hace Prodessa de las necesidades educativas. Hay que destacar que la población de la cooperativa, que estuvo refugiada en México, aprendió a darle gran importancia a la educación y tiene un concepto muy desarrollado de la misma. La prueba está en que una de las primeras construcciones que se hizo tras el retorno fue la escuela primaria. Y, poco después, nos pidieron que empezásemos cuanto antes el instituto”.

Éste se inauguró en febrero con 72 alumnos y alumnas de primero de secundaria, la mayoría de 13 a 17 años, aunque también hay quien ha cumplido los 20. Desde entonces, sólo cuatro han desertado, una cifra realmente baja si nos atenemos a las estadísticas nacionales de deserción, sobre todo en las áreas rurales. Hay 52 chicos y 16 chicas. “La idea del instituto es formar líderes [la noción de liderazgo es distinta y mucho más amplia que en nuestra cultura], que en el futuro puedan apoyar el proceso económico, social y político de las comunidades. Para ello, trabajamos distintos ejes: el productivo, el organizativo y el de la cultura maya. Y lo hacemos mediante una educación alterna, con una fase presencial y otra de educación a distancia.” Se trata, sin lugar a dudas, de una de las actuaciones más emblemáticas de Prodessa y tiene grandes coincidencias con otras de sus iniciativas.

Son las cuatro de la tarde y está concluyendo el taller de organización que se inició a las dos. Vemos cómo los estudiantes venden agua pura y gaseosas en una tienda escolar administrada por ellos mismos. Allí aprenden a hacer sus cuentas, a administrar el fondo inicial que se les concedió, a hacer los pedidos, y a enfrentarse y resolver diversos problemas. En definitiva, aprenden a organizarse, uno de los objetivos más preciados tanto para su propia formación como para el desarrollo de la comunidad. De ahí la importancia que se concede a la participación, a la dinámica grupal y al asociacionismo. “Se trata de adquirir ciertas habilidades para llegar a ser líderes: aprender a dirigir una reunión, a detectar las necesidades de una población, a plantear soluciones y alternativas. Y a tener realmente la convicción de servir a la comunidad.”

A continuación, el grupo se divide en dos: una parte hace educación física, y la otra asiste al taller de producción. Por el momento éste se centra, fundamentalmente, en la agricultura. Hoy emplean su tiempo en la cosecha del rábano. Tienen sólo un par de cerditos y, en el futuro, quieren consolidar el área pecuaria y abrir talleres de albañilería, sastrería y carpintería. “Nuestra idea es que el próximo año empiecen a trabajar en las actividades productivas de su comunidad, aplicando los conocimientos que aquí adquieren. Que saquen productos de sus propias parcelas. Algunos ya lo están haciendo, pero es un proceso lento y que trae sus problemas, ya que se trata de salir de lo tradicional y hacer cosas nuevas. Este eje productivo está muy relacionado con el futuro del instituto. Se pretende que, en algún momento, sea autofinanciable y que, mediante la producción agrícola, se obtenga la alimentación de los estudiantes. Prodessa tiene muy claro que no pretende quedarse siempre en el instituto. Es más, nos hemos fijado un plazo de tres a cinco años para entregárselo a la comunidad, con el fin de que sea ella quien lo administre y gestione.” Para acometer ese objetivo, se piensa involucrar también al Estado para que asuma parte del costo del instituto. Hay que tener en cuenta que el costo alimenticio del alumnado del instituto —así como de los maestros primarios y miembros de la comunidad que reciben capacitación los fines de semana— lo cubre casi enteramente Prodessa, con sólo dos ayudas: la de la FAO, que les regala aceite, frijoles y pescado enlatado, y los dos quetzales que trae el estudiante cada semana junto con sus 10 libras de maíz. Aunque, más adelante, cuando las parcelas sean más productivas, se prevé que podrán aportar otros productos, como frijolitos y bananos.

 

La capacitación de los promotores educativos

A la Escuela Oficial Rural Mixta de Pueblo Nuevo asisten 356 niños y niñas, de primero a sexto grado de primaria, que están distribuidos en seis aulas y en un doble turno de mañana —de 8:00 a 12.30— y tarde —de 13:00 a 17:00—. El edificio, nuevo y de corte funcional, fue construido con la ayuda de la organización no gubernamental internacional CECI. Mientras aguardamos el término de la reunión de maestros, nuestra vista se detiene en una cartulina pegada en la pared con los grafemas del idioma maya mam. Los tres círculos corresponden, respectivamente, a los grafemas que existen en el idioma castellano; a los que se utilizan igual en maya y castellano, y a los grafemas que se usan sólo en el idioma maya. Luego, Roderico, profesor de lingüística maya, nos contaría que, recientemente, la Academia de Lenguas Mayas ha unificado los grafemas de sus 21 idiomas, y que en este centro se hablan siete u ocho lenguas distintas. En la reunión se aborda el mantenimiento general de la escuela y de los pupitres por parte de cada alumno; la constitución y las funciones del gobierno escolar; el manejo de las guías; su propia capacitación, y otras cuestiones que serán tratadas mañana a mediodía, en una reunión de padres que justamente ahora están convocando por los altavoces. Hilario, como la cuarentena de promotores o maestros populares primarios de la Cooperativa Ixcán Grande que fueron elegidos por sus comunidades, sigue la capacitación, pero está preocupado porque las negociaciones con el ministerio para que le reconozca su puesto de trabajo fijo y con salario se alargan. “Ellos reconocen el trabajo que estamos haciendo, pero no reconocen que del aire no vivimos.” Hilario, al despedirnos, expresa un deseo de paz y una firme convicción de la validez de su labor educativa. “Nuestro objetivo es reconstruir la cooperativa, contribuir para que haya tranquilidad. La gente exige al gobierno que retire su ejército, porque es un estorbo, asusta y psicológicamente estamos afectados. Y la educación es una estrategia para formar ciudadanos. Queremos que la nueva planta dé frutos. Y si algún día estos niños llegan al poder, a ocupar cargos públicos, que ya sepan cómo dirigir y trabajar en justicia.” De la responsabilidad de capacitación pedagógica y nivelación de los promotores educativos se encarga Roderico. Al principio, iniciamos una capacitación mediante talleres pedagógicos. Y luego se planteó una profesionalización en tres etapas. En la primera, el curso pasado, se dio el nivel de primaria. Ahora, durante este año, estamos dando el nivel de secundaria. Y, finalmente, está prevista una fase de profesionalización. Así, ya podrían obtener el título y plaza oficial.” La metodología seguida se apoya en la educación popular, la investigación participativa, el contacto con la realidad y la recuperación de la cultura maya. Y la capacitación tiene lugar los fines de semana, desde el viernes por la mañana hasta el domingo a mediodía, quedando liberados los promotores de un día de clase.

Roderico tuvo un proceso de formación discontinuo y costoso. Su paso como estudiante por la Escuela Superior de Educación Integral Rural (ESEDIR) le abrió los ojos. “Aquello es lo que andaba buscando. Yo me sentía bien allí, porque se hablaba de la realidad, de lo que nos pasaba, de cómo vivíamos en nuestra familia, de cómo debíamos ser con nuestra gente. Era una educación popular y alternativa. Y lo que más me gustó es que respeta y fomenta la cultura maya.” Una de las actividades más novedosas que recuerda de ESEDIR es la confección de los textos paralelos. Cada alumno recibe un texto general estándar y, luego, al regresar a la comunidad, tiene que hacer un diagnóstico y una investigación de la misma para elaborar un nuevo texto de acuerdo con las características y las necesidades específicas de aquélla. “Recuerdo haber hecho un texto paralelo sobre la contabilidad popular en mi comunidad, en la aldea Chamil. Los hacíamos de todos los cursos. Una copia se quedaba allí, para compartir el trabajo con los otros socios de la cooperativa, y otra se enviaba a ESEDIR.”

 

Educación a distancia y cultura maya

Cenamos un plato de arroz con frijoles en la cocina, una pequeña estancia hecha de troncos y tejado de lámina. Aquí todo se cocina con leña. El agua la obtienen sólo de la lluvia, lo cual les acarrea serios problemas durante la época seca. Más, cuando el próximo curso se doble el número de estudiantes.

“Lo que más nos piden es capacitación sobre contabilidad y gestión de proyectos. Y también aprovechamos para trabajar en la elaboración de materiales y para tomar nuestra semana de vacaciones. Nosotros trabajamos 22 días seguidos y tomamos ocho de descanso. Aunque lo cierto es que, cuando bajamos a la capital, hay que hacer un montón de cosas: compras, trámites, reuniones, visitas...” Otro de los ejes prioritarios del instituto es la recuperación y potenciación de la cultura maya. “Sabemos que ahorita no estamos dando una educación maya, que aún nos falta mucho para llegar a ello. Pero a nivel nacional se están abriendo espacios. En estos momentos se está celebrando un Congreso de Educación Maya, en el que Prodessa participa activamente. Brenda, la única compañera del equipo, asiste a dicho congreso y por eso no está aquí, con nosotros. Al menos tenemos un currículo que permite introducir contenidos de cultura maya.”

El equipo docente es consciente de las relaciones de la cultura maya con la occidental y de la influencia mexicana de los campesinos del Ixcán, y tratan de avanzar hacia una escuela intercultural que garantice el intercambio de culturas en pie de igualdad. Pero igualmente son conscientes de que, para llegar a ello, los mayas antes deben recuperar su orgullo y su identidad cultural, masacrada por 500 años de conquista y represión, y menospreciada por la cultura dominante occidental.

 

La voz del alumnado

El silbato suena a las 5:30 de la mañana. Tras lavarse en un grifo en medio de un gran barrizal, chicos y chicas mezclados se distribuyen en diversas tareas. “Hay varias comisiones —interviene Juan—: unos traen leña; otros se quedan aquí a hacer la limpieza de los salones y dormitorios; otros ayudan en la cocina, y otros más limpian el terreno, porque hay mucho bosque.” Él mismo nos cuenta que esta noche se mojaron en las habitaciones, pues entró mucha agua. Y hace un par de días el viento arrancó la lámina del dormitorio. Ese espacio antes era el centro de salud, que el ejército destruyó con un bombazo. Aún puede apreciarse un gran boquete, que la comunidad no quiere reparar, argumentando que esto forma parte de su memoria histórica y que, como tal, debe llegar a las generaciones futuras. El desayuno consiste en unas tortillas, un plato de rábanos y un café muy rebajado. A las 7:30 empiezan las clases de 40 minutos cada una. A Juan Resino las áreas que más le gustan son las sociales y las matemáticas, “porque a través de la historia de la cultura y la lingüística estamos viendo el rescate de la cultura maya, que se ha venido perdiendo durante todo el refugio”. Este alumno de 20 años de edad, uno de los líderes naturales del grupo, tenía tan sólo siete cuando se refugió en México. Allí estudió la primaria, pero no tuvo posibilidad de seguir sus estudios. En su comunidad trabaja por la mañana en la milpa (cultivo de maíz) y por la tarde dedica dos horas a estudiar el folleto de educación a distancia. “Las dudas que tenemos las discutimos con el profesor que visita la comunidad. Nos reunimos todos y entonces vemos lo que no entendemos.” A Policarpio, el menor del grupo, lo que más le apasiona es la agropecuaria. “Cultivamos plantas, rábanos, repollos; pero no salen repollos, ni tomates ni zanahorias, porque tienen una enfermedad, una plaga. Con el profesor buscamos la solución y fumigamos las plantas para protegerlas.” El alumnado llega al instituto el domingo por la tarde y permanece allí hasta el viernes. Algunos tienen que andar un largo camino. Es el caso de Guillermo, de 16 años, que viene de Mayalán. “Tardamos cuatro horas en venir y llegamos cansados, porque el camino tiene muchas cuestas y hace mucho calor.” Y también el de Feliciano, de la Cooperativa de Los Ángeles, que anda cinco horas “por veredas que cruzan ríos sin puentes, mojándome hasta las rodillas”.

 

Estudios sociales y lingüística

La primera clase del día, de estudios sociales, la imparte Federico. Empieza comentando uno de los trabajos que realizaron sobre la vida en sus comunidades antes de la represión: los viajes fatigosos a la costa para ir a recoger café; la colonización del Ixcán, y la formación de las cooperativas. Luego tendrán que realizar una pequeña investigación de historia oral, buscando testigos de su propia comunidad que les cuenten cómo fue la represión. Y ahora, en grupos de cuatro, trabajan un guión sobre la época del refugio. La siguiente clase, la de idioma español, también la da Federico. “Cada persona preparó su cuento y ahorita vamos a anotar por grupos de cuatro el nombre del cuento, los personajes y el mensaje. Son cuentos inventados por ellos, escritos individual o colectivamente, que leen en voz alta y comentan. Y los cuentos más interesantes los vamos a publicar en fotocopias. ¡A ver qué hacen para que salgan bonitos!” Para trabajar esta área parten de la pedagogía del lenguaje total adaptado, donde se desarrolla el espíritu crítico y creativo del estudiante, tratando que los textos que escriban sean significativos para ellos y tengan que ver con su realidad. Pero en esta área, como en el conjunto del currículo, también están presentes las huellas de Freinet, Freire, Francisco Gutiérrez, Carlos Núñez y otros teóricos de la educación crítica y popular; de la metodología de la investigación participativa; de la corriente de la educación socialmente productiva; de algunas experiencias de educación comunitaria mexicana, y, ¡cómo no!, del pensamiento y la educación mayas.

Durante la clase de lingüística maya Juan Feliciano se afana por terminar el cuento, que me regala con caligrafía pulcra. Se trata de El cuento del compadre pobre y el compadre rico. Los alumnos se reúnen por grupos lingüísticos y escriben en un papel grande 15 palabras con el grafema a, que luego exponen en la pizarra y comentan con Roderico. En total, trabajan siete idiomas mayas: jakalteko, mam, q’anjob’al, chuj, kaqchiquel, k’iche’ y todosanto (dialecto del mam).

 

Una opción esperanzadora

A media mañana, otra vez con Mayra y Federico, dejamos la comunidad. El día ha amanecido radiante y no hace mucho calor. A pocos kilómetros vemos cómo el camión de la comunidad está hundido en el barro. A veces —comenta Federico—tardan hasta dos y tres días para rescatarlo. Por el camino hablamos de las dificultades económicas y cismáticas para llevar adelante un proyecto de esas características aquí en la selva. La falta de recursos para construir instalaciones adecuadas; el fortísimo calor que, entre otras cosas, limita la conservación de alimentos; el aislamiento del lugar, y las enfermedades. “Ahora mismo, cinco alumnos no vienen porque tienen paludismo.” Pero Federico está esperanzado, pese a los obstáculos —aquí no hay espacio para el pesimismo—. “La participación de las comunidades ha sido increíble, y vemos cómo los alumnos ya empiezan a asumir el rol de líderes. Ahora lo que debemos hacer es sistematizar la experiencia; elaborar una memoria con los principios teóricos y la metodología de trabajo. Y, luego, hay que ver si esta experiencia puede servir a otros institutos mayas y generalizarse. Eso es necesario para consolidar la experiencia.” Sin embargo, no oculta que les falta tiempo, sabe que el proyecto supone una dedicación muy intensa y una militancia religiosa o política, una opción personal que muchos profesores no están dispuestos a compartir. Ya dentro de la avioneta, mientras divisamos las últimas manchas de la selva, nos felicitamos por haber podido compartir ese sueño pedagógico apenas 24 horas. Un sueño que empieza a tomar forma dentro de una comunidad que sabe sobrevivir digna y solidariamente a las miserias y las masacres. En un país violentamente lindo.

 

Decálogo de la educación maya

 

1. La cosmovisión maya se basa en la realización armónica de todos los elementos del universo, en el que el ser humano sólo es uno más, la tierra es la madre que da la vida, y el maíz es un signo sagrado, eje de su cultura. Así, la cultura maya está íntimamente ligada a la naturaleza, vive en armonía con ella y se preocupa por mantenerla en equilibrio mediante un uso racional y limitado de los recursos humanos.

2. El arte, la ciencia y la religión forman un todo interdependiente. Para el maya, el arte existe en función de la ciencia y la religión, la religión en función de la ciencia, y ésta en función del arte y la religión.

3. La educación maya destaca la solidaridad por encima de la competitividad individualista. En cualquier caso, se estimula la competencia grupal, colectiva y cooperativa.

4. El proceso de socialización educativa se realiza en y con la comunidad familiar amplia. En este sentido, tiene un carácter altamente práctico, comunitario y participativo.

5. Los mayas guardan especial respeto a los ancianos, máxima expresión de la sabiduría de su tiempo y mediadores privilegiados de la vivencia y la tradición oral.

6. Se respeta el principio de igualdad entre hombres y mujeres, quienes ejercen la autoridad por igual y comparten idénticas responsabilidades y posibilidades.

7. Uno de los aspectos más emblemáticos de la organización comunitaria basada en la solidaridad y el respeto a sus semejantes es el hecho de que las decisiones se toman por consenso y no existe el método de votación entre los mayas. La comunidad de ancianos se reúne, discute, consulta y llega al consenso, aunque ello lleve su tiempo. Pero también la percepción maya del tiempo es bien distinta a la occidental.

8. El método científico maya prima estas cuatro secuencias: observación, fijación, repetición-aplicación y corrección. El maya tiene especial habilidad en la observación, que combina con la contemplación. La creación de los calendarios de 20 días fue, precisamente, resultado de muchos años de seguir meticulosa y pacientemente estos cuatro pasos metodológicos.

9. Una consecuencia lógica que se deriva de la cosmovisión maya es la globalización de las disciplinas científicas. Según ésta, ninguna disciplina puede hacer ciencia por sí sola; por el contrario, necesita el auxilio determinante de las demás. Tampoco se desliga lo material de lo espiritual. Esta no fragmentación del currículo hace que tampoco se acepte el tiempo escolar tal como está compartimentado en la educación occidental.

10. La educación maya es, por último, plurilingüe y pluricultural en razón de su diversidad étnica o idiomática.

 

 


 

 

* Profesor de sociología de la educación en la Facultad de Educación de la Universidad de Vic (Barcelona). Artículo publicado originalmente como “Ixcán, en el corazón de la selva maya” en Cuadernos de Pedagogía, núm. 241, noviembre de 1995.

 

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