El Sistema Nacional de Investigadores: pasado, presente y… ¿futuro?

El Sistema Nacional de Investigadores: pasado, presente y… ¿futuro?

 

Los esfuerzos de diversas administraciones del gobierno mexicano —que arrancaron en 1941— para impulsar la investigación científica y tecnológica en México han llevado a la consolidación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, dentro del cual se inserta el Sistema Nacional de Investigadores, como un instrumento para promover y fortalecer, a través de la evaluación, la calidad de la investigación científica y tecnológica, y la innovación que se produce en el país. Este reportaje nos ofrece un panorama general de dicho sistema.

   

La promoción por parte del Estado para impulsar la investigación científica y tecnológica en México ha tenido una historia discontinua, en el comienzo con varios intentos de corto alcance y con presupuestos insuficientes para impulsar y fortalecer una comunidad científica de alto nivel ya preexistente en el país, pero con pocos logros por la carencia de recursos, infraestructura e incentivos para alcanzar niveles óptimos de desarrollo. Ejemplo de lo anterior fueron, en su momento, la Dirección General de Educación Superior e Investigación Científica (1941), la Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación Científica (1942) y el Instituto Nacional de Investigación Científica (1943).

El Instituto Nacional de Investigación Científica (INIC) sufrió modificaciones en las décadas de 1950 y 1960, pero en 1969 el presidente Gustavo Díaz Ordaz propuso al INIC emprender un estudio sobre la realidad de la ciencia en el país, y después de realizado dicho estudio se propuso sustituir al INIC y crear en su lugar el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), proyecto que se volvió realidad cuando, el 29 de diciembre de 1970, ya siendo presidente, Luis Echeverría Álvarez firmó el decreto que lo creaba formal y legalmente.

Trece años después de creado el CONACyT, ante la crisis económica de la década de 1980, el presidente Miguel de la Madrid Hurtado solicitó a la Academia Mexicana de Investigación Científica —actualmente Academia Mexicana de Ciencias—, entonces presidida por José Sarukhán Kermez, una propuesta para atenuar la situación económica y el deterioro de las condiciones de trabajo de la comunidad científica, la cual estaba experimentando una paulatina desintegración por la llamada “fuga de cerebros”, pues con los efectos de la crisis económica de 1982 el presupuesto destinado a las actividades de investigación había caído aproximadamente 40%. En una encuesta de 1,000 investigadores entrevistados, de distintos campos del conocimiento científico, la Academia Mexicana de Investigación Científica presentó un proyecto ante Jesús Reyes Heroles, otrora secretario de Educación, quien, a su vez, después de dar el visto bueno, lo envió para su aprobación al presidente De la Madrid. Así, el 26 de julio de 1984 fue creado por decreto presidencial el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), con la finalidad de brindar a los investigadores, con base en su productividad, la posibilidad de mejorar sus ingresos económicos, por medio de incentivos, los cuales se otorgarían a partir de ciertos criterios normados por el SNI y asociados a la distinción que se otorgara al investigador beneficiado. De esta suerte, fueron dos las características que en este sentido se consideraron en la creación del SNI, de acuerdo con Carlos Erwin Rodríguez (2016):

1. Que los incentivos serían un complemento salarial. Este complemento se estipuló como beca y no como salario, lo que conllevaba exención de impuestos y supresión de demandas sindicales en pro de la homogenización de los ingresos académicos en general.

2. Que la beca sería de carácter transitorio, toda vez que surgió principalmente como medida para solventar un periodo de crisis. No obstante lo anterior, con el tiempo se volvió permanente.

Si bien en un principio se pensó que la Academia Mexicana de Ciencias operara el SNI, esta iniciativa fue rechazada, por lo que, en principio, el SNI se incorporó, primero, a la Secretaría de Educación Pública (SEP) y posteriormente se integró como un componente más del CONACyT. Asimismo, en sus comienzos la distinción a los investigadores se consideró sólo para los niveles I, II y III. Sin embargo, para facilitar el ingreso de los jóvenes investigadores se incluyó la categoría de candidato a investigador nacional”, y como reconocimiento a aquellos investigadores nacionales de nivel III, con al menos 65 años de edad, al menos con tres evaluaciones consecutivas en el máximo nivel y cumplidos 15 años de forma ininterrumpida con esa distinción, se creó la categoría de “investigador emérito”, nombramiento vitalicio que se otorgaría a solicitud del interesado y con la recomendación de la comisión evaluadora en estos casos.

 

El Sistema Nacional de Investigadores

Ya creado el SNI, el proceso a seguir consistiría en adscribir a los investigadores que quisieran pertenecer al sistema. En este sentido, se decidió que la manera como se valoraría la calidad y la productividad científica y tecnológica de los investigadores mexicanos que produjeran en el país o mexicanos en el extranjero, y que se postularan para ingresar, permanecer y promoverse en el SNI, estaría en función de varios indicadores, los cuales serían evaluados por miembros de la comunidad académica, científica y tecnológica. Para cumplir con lo anterior se establecieron comisiones dictaminadoras. Los primeros comités del SNI se integraron con miembros de El Colegio Nacional y acreedores al Premio Nacional de Ciencia. Se consideró que tanto su prestigio como su autoridad investigadora serían elementos suficientemente sólidos para evitar posibles cuestionamientos. En la actualidad, para ser miembro de una comisión dictaminadora se requiere contar con la distinción de investigador nacional de nivel III o emérito.

De 1984 a 2018, el número de investigadores que integran el SNI ha crecido exponencialmente, pues ha pasado de 1,396 a 27,186. De acuerdo con Carlos Rodríguez (2016), el incremento promedio anual ha sido de 650 investigadores, y aunque entre 1992 y 2002 fue lento e, incluso, entre 1992 a 1995 hubo una ligera caída, por incorporar la política de ingreso al sistema el requisito de contar con estudios de doctorado, a partir de 2002 la tendencia sigue al alza. En el caso de los investigadores eméritos, también se ha observado un crecimiento (véase cuadro 1), pues de los primeros 17 investigadores nombrados con esta categoría excepcional, para 2018, con los últimos siete nombramientos hechos en 2017, se reporta un total de 167 eméritos, pues algunos ya han fallecido. Los años en que hubo menos nombramientos fueron 2003 y 2004. Cuando más, 2012.

Cuadro 1ok

 

En la actualidad se tienen definidas siete áreas del conocimiento: I. Físico-matemáticas y ciencias de la tierra; II. Biología y química; III. Medicina y ciencias de la salud; IV. Humanidades y ciencias de la conducta; V. Ciencias sociales; VI. Biotecnología y ciencias agropecuarias; VII. Ingenierías. Esas comisiones se conforman, operan y funcionan en términos de los lineamientos que establece el Consejo de Aprobación, integrado por 10 personas, las cuales ocupan diferentes cargos directivos del CONACyT, de la Subsecretaría de Educación Superior y de la de Planeación, Evaluación y Coordinación de la SEP, de la Coordinación General del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, y tres integrantes del SNI, que formen parte de la mesa directiva de dicho foro, según se asienta en el Reglamento del Sistema Nacional de Investigadores (capítulo II, artículo 6, y capítulo IV, artículo 12). La clasificación de las áreas de conocimiento del SNI ha sufrido modificaciones. Según testimonios orales, como refiere Carlos Rodríguez (2016), en un inicio, como no se contaba con bases de datos del sistema sobre las áreas de conocimiento, se dice que sólo había tres. Posteriormente éstas se extendieron a cuatro entre 1991 y 1998: I. Físico-matemáticas; II. Biológicas, biomédicas y químicas; III. Ciencias sociales y humanidades; IV. Ingeniería y tecnología. Desde 1999 se establecieron las siete áreas mencionadas arriba.
 

Ahora bien, el proceso de ingreso y reingreso al SIN se realiza mediante una convocatoria, cuyos criterios de selección se encuentran en el reglamento vigente, el cual se publica cada año. De este modo, de manera general, para ser miembro del SNI se requiere que el/la investigador(a) (capítulo XI, artículo 26): I. Cuente con doctorado. II. Realice habitual y sistemáticamente actividades de investigación científica o tecnológica. III. Presente los productos del trabajo debidamente documentados, mediante el mecanismo que se indique en la convocatoria correspondiente. IV. Se desempeñe en México, cualquiera que sea su nacionalidad, o sea persona de nacionalidad mexicana que realice actividades de investigación en el extranjero. Y, de forma específica, lo que el reglamento establezca para cada área del conocimiento.

Entre los productos de investigación que se consideran fundamentalmente para decidir sobre el ingreso o reingreso al SNI están (capítulo XII, artículo 35): I. Investigación científica: a) artículos que hayan sido sujetos a un arbitraje riguroso por comités editoriales de reconocido prestigio académico, b) libros dictaminados y publicados por editoriales de reconocido prestigio académico, c) capítulos de libros dictaminados y publicados por editoriales de reconocido prestigio académico. II. Investigación tecnológica: a) propiedad intelectual concedida o transferida en México o en el extranjero, b) estudios y proyectos que generaron conocimiento novedoso, pagados por un tercero o implementados (distintos a la institución de los autores) y orientados a comprender o resolver problemas reales del usuario, c) desarrollos tecnológicos complementados y orientados a resolver problemas reales. La producción de investigación tecnológica deberá estar preferentemente vinculada con los productos de investigación científica. Para la permanencia o la promoción, además de estos criterios, se considera la participación en cuerpos colegiados de evaluación científica y tecnológica o cuerpos editoriales; la participación en comisiones dictaminadoras, particularmente las del CONACyT; la comunicación pública de la ciencia; la divulgación y la difusión del conocimiento científico o tecnológico; la vinculación de la investigación con los sectores público, social y privado; la participación en el desarrollo de la institución en que se presta sus servicios, y la creación, la actualización y el fortalecimiento de planes y programas de estudio (capítulo XII, artículo 36).

De manera específica, una vez cumplidas las condiciones para ingresar al sistema, los requisitos para obtener cada distinción se encuentran enlistados en el cuadro 2, según cada nombramiento.

Cuadro 2 

Los resultados de la evaluación positiva a quienes atienden a las convocatorias para el SNI se clasifican en las tres categorías ya explicadas: I. Candidato(a) a investigador(a) nacional; II. Investigador(a) nacional, con tres niveles, y III. Investigador(a) nacional emérito(a). En el caso de los investigadores eméritos, la distinción es vitalicia, y el resto de los nombramientos siguen los tiempos de vigencia normados en el reglamento. Ligado a las categorías y a los niveles señalados para las distinciones, el CONACyT otorga estímulos económicos (véase cuadro 3).


Cuadro 3 

 

Los investigadores pertenecientes al SNI (2018)

En 2018 se reportaron 27,186 integrantes del SNI vigentes, de los cuales 17,145 son hombres y 9,571 son mujeres (véase gráfica 1). Como se señala en el cuadro 4, en las categorías y los niveles descritos, la mayor concentración está en el nivel I, con 53.93%, y la menor, en el nivel III. En cuanto a los campos del conocimiento, es en el área V. Ciencias sociales, donde se concentra el mayor número de investigadores, con 15.82%, mientras que en el área VI. Biotecnología y ciencias agropecuarias, donde menos, con 11.63% (véase cuadro 5). Otro dato de gran interés es el tipo de adscripción de los investigadores, siendo, en este caso, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la que más cuenta con investigadores del SNI (3,256). De hecho, en las instituciones públicas de educación superior (IES) de la Ciudad de México se concentra más de 20% de los investigadores (véase gráfica 2). Este dato es una constante desde una perspectiva histórica, pues siempre ha habido una gran cantidad de investigadores ubicados en la Ciudad de México. Incluso en la década de 1990 más de la mitad de los investigadores del SNI se concentraba en la capital del país. Y aunque la centralización de la investigación sigue estando en la Ciudad de México, desde 1997 se aprecia una disminución gradual, al pasar de 56 a poco menos de 35% en 20 años, considerando en estos porcentajes no sólo a las IES públicas sino a otros tipos de adscripción, como los centros públicos de investigación, los centros CONACyT, el gobierno y salud pública, por ejemplo, como apunta Carlos E. Rodríguez (2015). Esta descentralización de la investigación se advierte gradualmente en un incremento en números absolutos de investigadores pertenecientes al SNI en el resto de las regiones y los estados del país, principalmente en la zona norte, siendo los investigadores del área de ingenierías quienes predominan en esta zona (Chihuahua, Coahuila, Nuevo León e incluso San Luis Potosí), mientras que en la zona sur (Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Tabasco) los investigadores con mayor peso son los de las áreas de biotecnología y ciencias agropecuarias, así como de biología y química (Rodríguez, 2015).

 

Gráfica 1 

Cuadro 4

Cuadro 5

Gráfica 2

 

El Sistema Nacional de Investigadores desde la perspectiva de género
En la evolución histórica del Sistema Nacional de Investigadores se ha visto la necesidad de construir espacios de oportunidad legítimos que promuevan la participación de las mujeres en el desarrollo de la ciencia y la innovación tecnológica mexicanas, como afirma Mendieta (2015). Si se revisan algunos datos, se concluye que en este sentido aún falta mucho camino por andar y mucha distancia que cerrar para hacer más equitativo el sistema.

Por ejemplo, en el primer año de funcionamiento del SNI, de los 1,396 investigadores que ingresaron al sistema 1,143 eran hombres y sólo 253 mujeres. Esto es, 81.9 contra 18.1. Si bien para 2018 el porcentaje de los investigadores no tiene una distancia tan desigual, siguen siendo más los investigadores (64%) que las investigadoras pertenecientes al sistema (36%). Esta distancia, además, es más notoria si la distinción se hace por categoría o por nivel. En los niveles II y III el número de investigadoras es menor a 20% respecto del número de los investigadores. En el caso de los eméritos, la distancia entre investigadores e investigadoras no se acorta, pues de los datos de los que se disponen de 1992, cuando se distinguieron 17 investigadores con esta categoría, 16 fueron hombres y una sola mujer, misma situación que se repite en 2018, pues de los ocho nombramientos del periodo 2017, siete fueron para investigadores y sólo uno para investigadora, por cierto, de la Facultad de Ciencias de la UNAM. No obstante lo anterior, cabe señalar que la única vez en que ha habido más mujeres nombradas que hombres fue en 2004, cuando de los dos nombramientos del año ambos fueron para mujeres (véase cuadro 1).

En cuanto a su distribución en las áreas de conocimiento, en 2018 se encuentra el mayor número de investigadoras SNI en las áreas IV. Humanidades y ciencias de la conducta y II. Medicina y ciencias de la salud. Donde menos, en las áreas VII. Ingenierías y VI. Físico-matemáticas y ciencias de la tierra. En una trayectoria de 1991 a la fecha hay un crecimiento en el área V. Biotecnología y ciencias agropecuarias, mientras que, en sentido opuesto, está el área III. Biología y química. Cabe decir también, empero lo dicho, que en todas las áreas del conocimiento se experimenta un crecimiento respecto de los años anteriores y que incluso en el caso del área IV. Humanidades y ciencias de la conducta, el porcentaje de mujeres y hombres prácticamente es el mismo: aproximadamente 50%, según señala Rodríguez (2016).

Para dar mayor visibilidad a la investigación realizada por mujeres pertenecientes al SNI, en el marco del 30 aniversario de la creación del SNI, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) realizó, en 2014, el Primer Congreso de Investigadoras SNI, con la finalidad de difundir el trabajo realizado por las mujeres en todas las áreas del conocimiento, así como de proponer estrategias y propuestas que permitieran concretar mayor participación de las mujeres en la ciencia. Un segundo evento, en 2015, en la Universidad de Guadalajara, dio continuidad a esa iniciativa. De ambas experiencias se publicaron sendos libros. Un tercer evento en Monterrey, en la Universidad Autónoma de Nuevo León, pretendió acercarse a un público no sólo nacional sino también iberoamericano, por lo cual el congreso se denominó Tercer Congreso de Investigadoras de Iberoamérica, donde se esperaba contar con la presencia de más de 600 investigadoras.

 

¿El futuro?

Poco puede decirse del futuro que le depara al SNI, pues apenas este 3 de diciembre de 2017 se produjo el cambio en la dirección general del CONACyT. La directora entrante, María Elena Álvarez-Buylla Roces, ha expresado su compromiso con la investigación científica, humanística y tecnológica para evitar la “fuga de talento”. Asimismo, dice que buscará la colaboración y la convergencia, más que la competencia en torno de temas estratégicos. Queda pendiente, entre otros muchos temas, saber si la nueva administración logrará la inversión de 1% del producto interno bruto (PIB) en ciencia y tecnología, que la gestión anterior, a cargo del director del consejo saliente, Enrique Cabrero Mendoza, dejó como el logro pendiente más importante de su mandato, según expresó él mismo en el evento de relevo de funciones, realizado el 4 de diciembre de 2018 en las instalaciones del CONACyT.

 


 

* Doctora en ciencias de la educación por la Universidad de Navarra, España, y profesora en Universidad Panamericana, México.

Fuentes

  

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