La educación superior en otros países**

La educación superior en otros países**

En los últimos 25 años las universidades han vivido transformaciones de todo tipo como resultado de los incesantes cambios que se experimentan en lo social, lo económico y lo tecnológico. Los datos presentados en este artículo nos permiten entender hacia dónde convergen los países miembros de la OCDE con relación a sus políticas en materia de educación superior.

 

En los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la media del porcentaje de población adulta con estudios superiores es de 30%, y la media del producto interior bruto invertido en estos estudios se sitúa en 1.5%. Entre las transformaciones experimentadas por las universidades destaca la búsqueda de unos objetivos comunes que avancen hacia la cultura de la excelencia y la implementación de prácticas y sinergias que acerquen las instituciones educativas a la sociedad, con el fin de contribuir al desarrollo de su entorno.

De acuerdo con la clasificación ISCED (International Standard Classification of Education), la educación superior o terciaria se inicia en el nivel 5, que sucede a la educación secundaria o a la vocacional no superior. En este nivel se encuentran principalmente dos tipos de formación (5A y 5B), definidos, entre otros, por criterios como la duración acumulada de los estudios en el nivel terciario, los requerimientos mínimos para el acceso a ellos y, finalmente, el título obtenido una vez finalizados los estudios en cuestión.

 

Comparativa en los países de la OCDE

En el siguiente cuadro se presenta el sistema de educación superior de una serie de países seleccionados. En todos los sistemas analizados la formación vocacional o superior no universitaria (nivel 5B) corresponde a estudios de corta duración, normalmente en instituciones educativas no universitarias y con un enfoque profesional muy específico. Ésta es una formación enfocada al mercado de trabajo exclusivamente y dirigida a empleos con cualificaciones menores que las que se obtienen tras una formación universitaria.

 

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Por otra parte, los estudios del nivel 5A corresponden a la formación universitaria y a sus variantes académicas según el sistema analizado. Por ejemplo, en Francia existen diversas instituciones que ofrecen estudios con este nivel de reconocimiento. En otros sistemas esta educación se limita a la universidad y a sus estudios de primer y segundo ciclos (los equivalentes a grado y máster).

El peso de cada nivel en el conjunto de su sistema de educación terciaria se observa en el cuadro siguiente.

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Con respecto a los estudios terciarios de carácter universitario, la mayoría de los sistemas ha convergido hacia una estructura basada en tres niveles: el grado, la maestría y el doctorado. De esta manera se facilita la comparabilidad y el reconocimiento de los estudios, con lo que se favorece una mayor movilidad de estudiantes y profesionales. La eliminación de barreras no ha significado la uniformidad de los sistemas universitarios.

La importancia de la enseñanza superior puede observarse en los datos de población adulta con estudios terciarios.

En el conjunto de los países de la OCDE, según el informe Education at a Glance, de 2011, la media del porcentaje de población adulta (de 25 a 64 años) con estudios terciarios es de 30%; la que corresponde a la formación 5A es 21%, y a la 5B, de 10%.

En la franja de los países con mayor porcentaje de población adulta con estudios terciarios están Canadá (50%), Israel (45%), Japón (44%), Estados Unidos (41%) y Nueva Zelanda (40%). Los primeros países europeos que aparecen en esta lista son Finlandia y el Reino Unido, ambos con 37 por ciento.

Por otra parte, el esfuerzo que realiza una sociedad en recursos invertidos en educación terciaria se mide a través del porcentaje del producto interior bruto (PIB) destinado a las instituciones de educación superior. Según datos de 2008, proporcionados por la OCDE, los países miembros invierten de media 1.5% de su PIB en dicho gasto, público y privado. En el rango superior de esta clasificación se encuentran Estados Unidos (2.7%), Corea (2.6%), Canadá (2.5%) y Chile (2.2%), y Noruega, Finlandia y Dinamarca con 1.7 por ciento.

Respecto del origen de los fondos, en la Europa continental y nórdica se observa un mayor esfuerzo del sector público en la financiación de sus instituciones de educación superior. Es el caso de Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia, que financian con fondos públicos casi la totalidad de este gasto: 96.9, 95.5, 95.4 y 92,2%, respectivamente. Por su parte, en la Europa continental el gasto público es muy superior a la media de la OCDE (68.9%): España (78.9%), Francia (81.7%) y Alemania (85.4%). En los países anglosajones la participación pública en el gasto en su mayoría es menor a la mitad: Reino Unido (34.5%), Estados Unidos (37.4%) y Australia (44.8%).

Finalmente, respecto de la evolución del servicio de educación superior a través de los indicadores de población adulta con estudios terciarios, la media de la OCDE pasó de 21% de la población de 25 a 64 años con estudios terciarios en 1997 a 30% en 2009.

En términos de variación, la totalidad de los países miembros de la OCDE presentan crecimientos anuales positivos. Algunos incluso han alcanzado tasas anuales de crecimiento superiores a 5%. 

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Tendencias de cambio de la educación superior en el mundo

En los últimos 25 años las universidades han vivido transformaciones de todo tipo como resultado de los incesantes cambios que se experimentan en lo social, lo económico y lo tecnológico.

El proceso de convergencia europea es una de las transformaciones que más destacan en la historia moderna de las universidades. Ha sido un gran proyecto que ha implicado a universidades, administraciones educativas, gobiernos, comunidad universitaria y sociedad en general, en la búsqueda de unos objetivos europeístas.

Por su impacto, los cambios más significativos experimentados en la enseñanza universitaria podrían agruparse en tres grandes apartados: el desarrollo de la cultura de la calidad; el reconocimiento de la tercera misión universitaria, la cual consiste en una relación de colaboración con la sociedad en que se insertan las universidades, y los procesos de internacionalización de dichas universidades.

Los procesos de evaluación y certificación de la calidad, iniciados en las universidades anglosajonas, se extendieron a todos los sistemas universitarios del mundo. La fuerte resistencia inicial por parte de la comunidad universitaria ha dado paso a la aceptación de esta cultura de la excelencia.

La actitud de las universidades públicas en relación con el contexto que las acoge fue, durante décadas, de distanciamiento y desinterés. No ha sido así en los sistemas universitarios del entorno anglosajón, que han visto las ventajas de la colaboración y el conocimiento entre universidad y sociedad, representada por los agentes sociales y productivos. Hay en el mundo un elevado número de buenas prácticas de trabajo en colaboración y sinergias entre universidades y sociedad, en las que las instituciones educativas se convierten en actores principales del desarrollo de su región.

Europa es un buen ejemplo de la incorporación de la educación superior a las estrategias de desarrollo. El enfoque del triángulo del conocimiento da muestra de lo anterior.

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De acuerdo con la Comisión Europea, "para ser verdaderamente competitiva, la economía del conocimiento debe mejorar su producción de conocimientos mediante la investigación, difundirlos a través de la educación y aplicarlos gracias a la innovación". No cabe duda de que en ello la universidad tiene un papel protagonista.

La tendencia universitaria es intensificar las relaciones con el entorno, desde las diferentes facetas de su actividad: la docencia, concentrando el proceso formativo en las personas y en los objetivos de empleabilidad y emprendimiento que requiere el modelo de sociedad al que se aspira en Europa; la investigación, creando conocimiento acorde a las necesidades del entorno y transfiriéndolo a la sociedad a través de mecanismos ágiles; la innovación, desarrollando una actitud innovadora en los miembros de su comunidad universitaria, que los capacite para la transformación de nuevos servicios y productos.

A pesar de esta tendencia, aún queda un largo camino por recorrer para alcanzar los niveles de transferencia y participación en el desarrollo que tienen otros sistemas universitarios. Son muchas las reformas pendientes, normativas y estructurales que faciliten el cumplimiento de esa misión de acercamiento a la sociedad por parte de las universidades.

En el apartado de la internacionalización, además de los procesos de integración, está la competencia entre universidades por captar los mejores estudiantes, los mejores profesores y la mayor cantidad posible de recursos para financiar sus actividades, principalmente de investigación. La apertura de las universidades, en este caso, se hace de cara a la búsqueda de una posición global, más allá de las fronteras.

Los flujos de estudiantes entre universidades de diferentes sistemas se han incrementado considerablemente en la última década. De acuerdo con los datos de la OCDE publicados en el informe Education at a Glance de 2011, el índice de cambio en el porcentaje de estudiantes internacionales matriculados en 2009, teniendo como año base 2004, ha sido de 289 para la OCDE.

Finalmente, en el ámbito de la internacionalización, la competencia entre instituciones es un asunto crucial y de gran calado entre las universidades. En la actualidad, éstas miran los rankings universitarios de forma abierta y no de reojo como antaño. Todas quieren aparecer en esas clasificaciones y desarrollan estrategias para llegar a determinadas posiciones. Pese a todos los defectos que puedan atribuirse a los rankings, éstos son una realidad y constituyen un instrumento más para la visibilidad de las instituciones, con fines de captación de estudiantes, docentes y recursos.

Parece que, al fin, las universidades han entendido que la internacionalización no consiste en incorporar contenidos en lenguas extranjeras o contar con profesores de otras nacionalidades. La internacionalización ha de ser vista como una estrategia institucional —más allá de la creación de una oficina— que implique a personas, procesos y contenidos.

 

Futuro: la agenda universitaria en tiempos de crisis

En 2006, la Comisión Europea emitió un comunicado en el que se instaba a cumplir con la agenda de modernización de las universidades. Entonces no se preveía vivir una crisis económica como la que en 2008 se desató en casi todo el mundo, ni la actual crisis de la deuda y la moneda única de la zona euro, que asola el continente europeo y una gran parte de América.

Algunos de los retos que entonces se incluían en dicha agenda, y que conservan mayor vigencia, son: garantizar que las universidades sean realmente autónomas y responsables; ofrecer incentivos para establecer asociaciones estructuradas con la comunidad empresarial; brindar la combinación adecuada de capacidades y competencias para el mercado de trabajo; reducir la brecha de financiación y mejorar la eficacia de la financiación en la educación y la investigación, y recompensar la excelencia al más alto nivel.

Quizás no sean tiempos adecuados para incluir nuevos retos que no cuenten con estrategias debidamente planificadas y financiadas, pero tampoco deberían ser tiempos para echar marcha atrás en las reformas emprendidas.

 

Para saber más

  • OCDE (2011), Education at a Glance.
  • http://www.oecd.org/document/2/0,3746,en_2649_39263238_48634114_1_1_1_1,00.html (diciembre de 2011).
  • Declaración de los ministros europeos de educación y formación profesionales y la Comisión Europea, reunidos en Copenhague los días 29 y 30 de noviembre del 2002, sobre una cooperación europea reforzada en materia de educación y formación profesionales.
  • http://europa.eu/legislation_summaries/education_training_youth/vocational_training/ef0018_es.htm (diciembre de 2011).
  • Building the ERA of Knowledge for Growth.
  • http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/site/en/com/2005/com2005_0118en01.pdf (diciembre de 2011) y http://www.educacion.gob.es/campus-excelencia.html (diciembre de 2011).
  • Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo, de 10 de mayo de 2006. Cumplir la agenda de modernización para las universidades: educación, investigación e innovación.
  • http://europa.eu/legislation_summaries/education_training_youth/lifelong_learning/c11089_es.htm (diciembre de 2011).
  • Estrategia Universidad 2015, http://www.educacion.gob.es/eu2015 (diciembre de 2015).

 


 

* Francisco Michavila es catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid y director de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria. Jorge Martínez es economista y subdirector de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria.

** Publicado originalmente en Cuadernos de Pedagogía, núm. 422, abril de 2012.

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