¿Qué harías en mi lugar?

¿Qué harías en mi lugar?

 

Ante conflictos de la vida cotidiana, este proyecto plantea al alumnado dilemas morales que debaten en grupo y plasman por escrito poniéndose en el lugar de sus protagonistas. Este método de discusión facilita el descubrimiento de valores y contribuye al desarrollo de las competencias lingüística, social y ciudadana.

  

Un alumno da un empujón a otro sin querer, pero éste piensa que ha sido intencionado. La tensión entre ambos sube de tono y cuando toca el timbre de final del recreo se citan para más tarde: “Te espero a la salida, y si no vienes, eres un gallina”. Éste es uno de los conflictos que se presentan al alumnado de secundaria del Instituto Padre Moret-Irubide, de Pamplona, para que reflexione sobre valores como la solidaridad, la empatía y la resolución pacífica de conflictos, a través del método de Kohlberg de discusión de dilemas morales, basado en distintas situaciones de la vida cotidiana. El propósito es favorecer el crecimiento moral y la práctica de la expresión oral y escrita, ya que, una vez discutido el dilema e identificados los valores, el alumnado reescribe el conflicto desde el punto de vista de uno de sus protagonistas.

A través de este proyecto, desarrollado con base en el Plan de Convivencia del instituto, se pretende enseñar esta técnica en tutoría y practicarla en el Grupo de Ayudantes del Plan de Convivencia, en mediaciones y en cualquier otra situación real que surja. También se plantea la posibilidad de que el profesorado la trabaje libremente en cualquier ocasión, cuando se presente una discusión moral, o a partir de películas, obras literarias, cuestiones científicas... Asimismo, se trata de una actividad de práctica de la lengua oral y escrita tanto en la asignatura de lengua castellana y literatura como en las de idiomas extranjeros.

Los objetivos del proyecto son reconocer y valorar la importancia del diálogo en la búsqueda de la verdad, en las relaciones interpersonales y en la resolución de conflictos; mejorar el desarrollo de la expresión oral a través del diálogo y el respeto de los turnos de la palabra, y reflexionar sobre la importancia de tener en cuenta el aspecto moral en todas las decisiones humanas.

 

Niveles del desarrollo moral

Desde un enfoque cognitivo constructivista, Lawrence Kohlberg, psicólogo de la Universidad de Harvard, discípulo de Piaget, considera que el desarrollo moral de una persona pasa por tres grandes niveles (el preconvencional, el convencional y el posconvencional), cada uno de los cuales con dos estadios o niveles de madurez creciente y con razonamientos morales distintos. El desarrollo moral se produce siempre pasando progresivamente por los diferentes estadios, sin ningún tipo de salto evolutivo y sin volver hacia atrás. Es un desarrollo que va vinculado al desarrollo psicológico de la persona.

Como bien recuerda Leonor Pérez Casajús, en el curso de formación “Competencias del profesorado para impulsar la convivencia”, organizado por el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra, el preconvencional es un nivel en el que no se ha entendido aún que las normas sociales son convenciones para un buen funcionamiento de la sociedad. Este nivel integra dos estadios: el primero, cuando se obedece por miedo al castigo, y el segundo, cuando se asumen las normas si favorecen los propios intereses.

En el nivel convencional las personas viven identificadas con el grupo; se clasifica como bueno o malo aquello que la sociedad considera así. Este nivel integra el tercer y cuarto estadios: expectativas interpersonales y normas sociales establecidas, respectivamente.

El nivel posconvencional es el de la comprensión y la aceptación de los principios morales generales que inspiran las normas. Lo componen otros dos estadios: el quinto, cuando se reconocen derechos prioritarios y se acepta el contrato social, y el sexto, cuando se toma conciencia de que hay principios éticos universales que se han de seguir y tienen prioridad sobre las obligaciones legales e institucionales convencionales.

Al final de la educación secundaria, los alumnos y las alumnas suelen estar entre los estadios segundo y tercero, y algunos están pasando al cuarto. La labor educativa debe procurar, por lo tanto, el ascenso de nivel. Además, teniendo en cuenta que los conflictos en esta etapa cada vez son más frecuentes en los institutos y que la solución a los mismos debe afrontarse a partir de los valores básicos de la convivencia, la acción educativa del profesorado no puede reducirse exclusivamente a la enseñanza de unos conocimientos científicos, sino que debe contribuir también al desarrollo moral del alumnado, a estimular el análisis crítico de los hechos, a reflexionar sobre sus consecuencias, y a debatir las razones de sus posturas y sus decisiones respecto de los valores.

En este sentido, la discusión de dilemas morales basados en situaciones conflictivas reales y la práctica de reescritura de los mismos, poniéndose en el lugar del otro, constituyen una poderosa herramienta educativa que facilita el descubrimiento de valores morales y, a su vez, contribuye al progreso de la competencia lingüística del alumnado.

 

Conflictos escolares y valores

Los dilemas morales escogidos para trabajar con el alumnado parten de los presentados en el Programa de Competencia Social desarrollado por Manuel Segura (2002), así como de algunos cuentos populares y de autor. Pero, sobre todo, la principal fuente de inspiración son conflictos escolares concretos, a los que nos enfrentamos habitualmente los profesores en el instituto, con el fin de ayudar al alumnado en la asimilación de los valores básicos de la convivencia, como son el rechazo de la violencia —tan arraigada en algunas culturas como único medio de resolución de conflictos—, el diálogo, la libertad, la solidaridad, la verdad, etcétera.

Los valores, es decir, los contenidos sobre los que se toman las decisiones con connotaciones éticas, los procedimientos y las actitudes implicados en el dilema “Te espero a la salida” son: la paz, el perdón, la comprensión; la producción de textos orales y escritos, narrativos y argumentativos, y el uso de las actividades propuestas para desarrollar la creatividad y la escucha; así como el respeto por la corrección en el empleo de la lengua y por las opiniones de los demás.

Ante ese dilema concreto, lo primero que se hace es poner en práctica el pensamiento causal, alternativo y consecuencial durante los dos primeros actos de la historia (véase el cuadro anexo), a través de la lectura comprensiva en gran grupo. Se discute sobre el conflicto respondiendo a dos cuestiones y a continuación se pregunta al alumnado qué haría si estuviera en el lugar de uno de los protagonistas. Ese es el dilema. Todos deben posicionarse por escrito. Sólo cabe responder “sí”, “no” o "dudo". Los que piensan lo mismo se agrupan de cinco en cinco y ponen en común las razones de su posicionamiento.

El profesor abre un turno libre de intervenciones y actúa como moderador; los alumnos y las alumnas explican qué harían en la situación planteada. Una vez discutido el dilema e identificados los valores implicados, en gran grupo se hace reflexionar a los alumnos sobre el estadio de razonamiento moral en el que se movieron durante la discusión y se lee el final del dilema.

Tras la lectura de este tercer acto se pone en práctica el pensamiento de perspectiva en pequeños grupos, a través de la reescritura de la historia, contada desde el punto de vista de uno de los personajes, que luego es leída por un portavoz.

El alumnado se muestra muy participativo y motivado en esta actividad, al tratarse de dilemas morales basados en situaciones conflictivas reales, cercanas a su experiencia personal. Además, aquellos cuyas respuestas corresponden a estadios morales más bajos se interesan en escuchar los planteamientos de los que presentan un desarrollo moral más elevado.

 

Para saber más

  • Banco de imágenes y sonidos: http://recursostic.educacion.es/bancoimagenes/web/.
  • Pérez Casajús, Leonor (2009), Mediación y resolución de conflictos. Cuaderno del alumno, Pamplona, Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra.
  • Segura, Manuel (2002), Ser persona y relacionarse, Madrid, Narcea.
  • ——— (2005), Enseñar a convivir no es tan difícil. Para quienes no saben qué hacer con sus hijos o con sus alumnos, Bilbao, Desclée de Brouwer.

 


 

* Profesora de enseñanza secundaria de lengua castellana y literatura, y coordinadora del Plan de Convivencia del IES Padre Moret-Irubide, de Pamplona. Artículo publicado originalmente en Cuadernos de Pedagogía, núm. 427, octubre de 2012.

  

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