Tiempo de crisálida: la crisis del Covid-19

Tiempo de crisálida: la crisis del Covid-19

 

Estimados y estimadas colegas:

 

Escribo estas líneas desde el confinamiento que, seguramente, de una manera o de otra, estamos compartiendo. Esta situación nos ha obligado a realizar un cambio radical, en toda la extensión de la palabra, en nuestra manera de ejercer la docencia, ya que ha sido un cambio muy rápido y extremo respecto de la manera habitual de impartir nuestras clases. En este sentido, a pesar del sinfín de incomodidades que nos ha supuesto esta crisis, creo sinceramente que debemos verla como una gran oportunidad profesional a nivel individual y colectivo.

Como humanidad, nos está dando la oportunidad de reflexionar acerca de nuestro tren de vida, de nuestras prioridades y del propio sistema en el que estamos inmersos todos. Considero que, colectivamente, si debemos evolucionar como seres humanos, estamos entrando en una especie de “crisálida”, una suerte de hibernación que nos permita transformarnos en algo mejor. Es un tiempo extraño y difícil (como supongo que vive un gusano de seda antes de convertirse en mariposa), pero puede ser la oportunidad que estábamos esperando. Ahora bien, creo que también como profesionales esta experiencia es como un gran experimento colectivo, a nivel mundial, para explorar otras formas de enseñanza-aprendizaje. Desde hace ya un tiempo a nivel internacional hemos ido experimentado y consolidando diferentes enfoques y metodologías activas como el aprendizaje cooperativo, el trabajo por proyectos o el aprendizaje basado en problemas. Hemos hecho caer diferentes “tótems” que parecían inamovibles, como los horarios rígidos o las clases con alumnos de la misma edad, o incluso las paredes y la configuración de las aulas, pero ¡quién nos iba a decir que tendríamos la oportunidad de experimentar la no presencialidad de forma generalizada! Hay que decir que en otros tiempos esta pandemia habría obligado a parar completamente la educación a nivel mundial con grandes consecuencias para toda una generación, pero en general no está siendo el caso en estos momentos. Me llegan comentarios de diferentes entornos, de diferentes países y de diferentes niveles educativos, sobre la lucha para seguir dando clases. Esta necesidad ha llevado a las entidades educativas a organizar, en pocos días, toda la enseñanza mediante el uso de tecnologías y otros medios que permitan mantener activo el proceso de aprendizaje de nuestros estudiantes. A pesar de las dificultades, ya hay grandes testimonios de éxito en esta organización, que no es de un docente con sus estudiantes, ¡sino de toda la escuela o de toda la universidad!, en coordinación con todos los docentes y todos sus estudiantes, utilizando tanto la formación on line asíncrona (actividades, proyectos, lecciones, ejercicios) como también la formación on line síncrona (sesiones presenciales con horarios establecidos, conferencias, explicaciones, debates, discusiones, presentaciones, etcétera, en tiempo real). Obviamente, todo esto no es la situación ideal, sobre todo en entornos de familias desfavorecidas, con poco o nulo acceso a internet y a dispositivos para estar conectados. No hay mayor igualador social que la escuela, pero desde casa la cosa cambia. Según un estudio hecho en España, un mes sin ir a la escuela puede suponer para niños y niñas de familias desfavorecidas una perdida con un equivalente cognitivo hasta de cuatro o cinco meses. Pero los esfuerzos se están haciendo en todos los entornos escolares, por parte de docentes con más o menos medios, para seguir llevando formación a los alumnos que hoy día se encuentran en sus hogares.

Por lo tanto, así como los profesionales de la salud están demostrando una gran fortaleza y una heroicidad sin precedentes para mantener a flote el sistema sanitario, la sociedad también sabrá reconocer a los profesionales de la educación nuestra lucha y capacidad para mantener a flote el sistema educativo y seguir ayudando a las nuevas generaciones en su formación y en su educación. Además, creo que desde el punto de vista profesional es una gran oportunidad para ver el lado positivo de las tecnologías en los procesos formativos, de comprobar que en realidad también pueden ser efectivas, de probar metodologías específicas, aplicaciones e instrumentos. En mi caso, estoy dando una clase en la universidad y además de haber reorganizado todas las actividades en la plataforma virtual, ya he dado mis primeras sesiones on line síncronas y, en verdad lo digo, me he sentido más cerca que nunca de mis estudiantes. He podido “entrar” a sus casas y a sus habitaciones; ellos también a la mía. Hemos hablado y reflexionado con una cercanía que era difícil conseguir en la clase habitual. Además, para mi sorpresa, ¡están trabajando como nunca! Están entregando trabajos de una calidad excelente, se autoorganizan en equipos que ellos mismos han conformado y me hacen preguntas interesantes que puedo contestar con tiempo (pues me llegan por correo).

Pero, además, para los responsables y los equipos directivos de las entidades educativas también hay una reflexión interesante que hay que realizar con toda esta experiencia: creo que debe ser una lección sobre la gestión de los espacios, de los tiempos de aprendizaje, de la metodología (de cómo enseñar) y de cómo utilizar los recursos tecnológicos para alcanzar las finalidades de aprendizaje que todos persiguen en su alumnado, así como también sobre el propio desarrollo profesional de sus docentes.

Por último, colegas, este tiempo nos puede servir para mejorar profesionalmente y salir más fuertes, individualmente hablando, cuando todo esto termine. Mientras dure este confinamiento/cuarentena tendremos una oportunidad muy buena para formarnos, para leer sobre didáctica, metodologías específicas, neurociencias, etcétera, y encontrar más fundamentación para nuestra práctica. A pesar de estar aislados, paradójicamente, puede ser el momento para conectarnos con otros docentes, en comunidad profesional de aprendizaje, a través de plataformas y comunidades on line para reflexionar conjuntamente, analizar otras experiencias y, en definitiva, ganar criterio profesional.

Desde aquí mi más sentido reconocimiento para todos y todas las docentes, para los equipos directivos de las entidades educativas, por los grandes esfuerzos realizados ante la contingencia sanitaria, asegurando a millones de alumnos, hasta donde sea posible, que esta crisis no signifique hipotecar de ninguna manera su futuro. Estamos a la altura de lo que pide la sociedad de nosotros en este momento y estamos demostrando lo que significa la educación en el siglo XXI. ¡Muchísimos ánimos ante esta circunstancia que nos ha tocado vivir, saldremos más fuertes cuando termine y más unidos como comunidad profesional! Un abrazo fuerte.

 

Federico Malpica Basurto

Profesor, asesor, investigador y especialista en procesos de calidad e innovación educativa. Cofundador y presidente del Instituto Escalae en Barcelona, España.

 

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