Alejandro Tiana

“Hay que hacer un esfuerzo por que la educación sea presencial”

Alejandro Tiana

 

¿Qué políticas educativas se están implementado en España en este regreso a clases, marcado por la pandemia de Covid-19, y cuáles son los puntos críticos que hay que vigilar? El secretario de Educación de dicho país aborda el tema en esta entrevista.

 

¿Qué hace que un profesor termine como secretario de Estado de Educación?

Empecé siendo profesor de educación general básica, en el curso 74-75. Desde entonces he ido transitando por distintos niveles del sistema educativo. Tuve la oportunidad de trabajar en el Ministerio de Educación en 1989, donde descubrí otras facetas que no eran sólo la docencia directa, sino el trabajo en la administración que es diferente y muy desafiante. Desde entonces mi vida profesional ha sido de ida y vuelta, de la docencia a la gestión o a la investigación, siempre en el mundo educativo. Me siento privilegiado de haber podido desarrollar esta trayectoria y este aprendizaje.

 

¿Comparando épocas, cuál te resulta más complicada? ¿Cuando desempeñaste el cargo de secretario general o el actual de secretario de Estado de Educación?

Creo que son diferentes. En el año 2004, mi tarea fundamental fue la elaboración de la Ley Orgánica de Educación (LOE). No fue la única, obviamente, pero fue la que se llevó la mayor parte de las energías. Llegamos al Ministerio en abril de 2004, y en septiembre de ese mismo año presentábamos ya el documento Educación de Calidad para todos y entre todos. Propuestas para el debate. En el verano de 2005 se aprobó el proyecto de ley por parte del Consejo de Ministros, se llevó al Parlamento y en mayo de 2006 se aprobaba la LOE. En noviembre/diciembre de ese mismo año se aprobaban los primeros decretos de desarrollo y así sucesivamente, hasta 2008, año en el que dejé mi cargo. Hubo muchas otras cosas, pero el grueso fue el debate, la elaboración y el desarrollo de la LOE.

En 2018 me incorporé al cargo y enseguida empezamos a trabajar en la modificación de la LOE, modificada por la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Todo esto, en un trabajo de este tipo, frena muchísimo porque primero el gobierno está en funciones y tiene limitado su campo de actuación, y luego porque no puede haber un desarrollo parlamentario normal.

Ahora nos encontramos con toda esta situación epidemiológica que altera lo que uno tenía previsto hacer para centrarse en otras cosas. Me resulta interesante, más allá de la dureza de esta situación, el modo de organizar un sistema educativo en un modelo político tan descentralizado como es el nuestro. Un Ministerio como el nuestro, que tiene buena de parte las competencias transferidas, tiene que trabajar para asegurar que el sistema educativo funciona. Debe basarse en la concertación, en la búsqueda de acuerdos territoriales, interautonómicos, etcétera. Esto no siempre es sencillo, y menos en una circunstancia como la actual que genera ansiedades y desvalimiento, y hace que aumenten, por ejemplo, las demandas de los que se ha dado en llamar el “mando único”. Creo que no se debería hacer, pero sería necesario que en algunas cosas hubiera una mayor coordinación para que sea fuera semejante; no idéntico, pero sí semejante. Es un desafío.

 

Quizás porque hay mucho nerviosismo... ¿Qué dirías a la comunidad educativa en estos tiempos?

Es normal que haya nervios porque se trata de una situación incierta. Además, en España, el inicio del curso nos ha pillado con un rebrote como el que está ocurriendo. ¿Qué hemos aprendido de este tiempo y qué dicen las Naciones Unidas y otros organismos? Que el sistema telemático o digital no presencial no es el más adecuado para un sistema educativo. Que debemos hacer un esfuerzo por tener educación presencial por lo menos en el alumnado de la etapa infantil y primaria. Debemos hacer este esfuerzo porque si no, estas generaciones van a tener unas limitaciones que van a notar. En una situación excepcional como la que vivimos actualmente, tenemos que organizar sistemas que permitan que las escuelas sean consideradas lugares seguros, entornos saludables. Teniendo en cuenta que en una pandemia como ésta la seguridad total no existe, se trata de que sea lo más seguro posible y de que establezcamos sistemas que permitan hacer un seguimiento, una trazabilidad y una contención lo más rápida posible de los casos que aparezcan, que seguro se darán.

Es verdad que los datos epidemiológicos dicen que, hasta ahora, los niños y las niñas, los más pequeños, no son los que transmiten el virus de manera más intensa, al contrario de lo que se creía al inicio de la pandemia, ni los que lo viven de una manera más dañina. Esto no quiere decir que no lo tengamos en cuenta o no lo valoremos. Creo que hay que aprender cómo hacerlo. Hay muchos países que tienen un ritmo escolar diferente al nuestro y que ya han empezado el curso escolar y, por lo tanto, tenemos la oportunidad de ir aprendiendo qué está pasando en otros lugares. Por ejemplo, los grupos de convivencia no son la panacea, pero ayudan a que determinadas situaciones se manejen mejor y se tracen mejor los casos. Ahora se ha puesto de manifiesto la transmisión a través de los aerosoles y por eso hay que reforzar las medidas de ventilación, hacer el mayor número de actividades al aire libre. Esto será más fácil en unas zonas de España que en otras.

Hay cosas que sabemos que hay que reforzar y es una responsabilidad de todas las administraciones educativas transmitir que se están poniendo medios para que todo se desarrolle con el mayor grado de seguridad posible. Sabemos que la seguridad absoluta no existe, pero es necesario que las escuelas funcionen y, sobre todo, que los más pequeños y los sectores más vulnerables tengan ese tipo de atención para evitar problemas para más adelante.

 

¿Qué pasa con las familias y con la voluntariedad o no de llevar a sus hijos a los centros educativos?

El derecho a la educación es un principio que debe prevalecer, por más temores que haya. El hecho de que los alumnos reciban educación es fundamental y el que puedan recibirla de manera telemática o a distancia es un sustituto, pero no es lo ideal. Creo que debe considerarse en una situación excepcional, pero no como regla general. Es un mensaje que hay que transmitir a las familias: vamos a asegurar esas condiciones, pero vamos también a correr un cierto riesgo, porque lo contrario es peor. Otro caso es el de aquellas personas vulnerables por enfermedad u otras situaciones. Aquí nuestro sistema ya ha tenido modos de atención, pero no debe ser una cuestión a la carta. Vamos a tener que hacer una tarea de convicción importante y poner condiciones para que eso sea viable.

 

Cada escuela es un mundo. ¿Es una oportunidad para la autonomía del centro, que tanto se reclama? ¿Va a haber flexibilidad? ¿El rol de la inspección va a hacer ese discernimiento flexible?

Tiene que haberlo. A veces se hace una crítica a las administraciones educativas que interpretan que al final se deja que sean los centros educativos los que resuelvan como cada uno de ellos crea. Esto no es así, pero sí depende de cómo es cada uno porque, por ejemplo, no es lo mismo un centro rural o, incluso, dos centros en la misma zona urbana que tengan diferentes condiciones arquitectónicas. Por lo tanto, es inevitable y lógico que sea así y que los centros tengan que adaptarse. Lo que no sería muy razonable es que las administraciones educativas quisieran ir en esto a una labor educativa de uniformización artificial, que no ayuda.

 

Has distinguido entre primaria y secundaria. Empieza a haber un rumor de que la educación secundaria se queda en casa...

Creo que se pueden buscar modos intermedios que aprovechen lo mejor de cada posibilidad. El sistema completamente a distancia no creo que sea el idóneo para los niños y adolescentes que están formándose. De hecho, se usa para circunstancias un poco excepcionales en las etapas de primaria y secundaria. Otro caso es el de la universidad. Además, si las circunstancias epidemiológicas son malas, puede haber momentos en los que los alumnos estén menos horas en un colegio recibiendo un tipo de apoyo, combinado con otro desde fuera. Y hay que concentrar el número de clases, ver cuáles son las mejores tareas irrenunciables. Incluso, se pueden habilitar lugares para aquellos que no pueden trabajar en casa. Las comunidades están trabajando en ello y algunas lo están haciendo bien.

 

Fuera del estado de alarma, nos preguntamos si realmente va a aumentar la seguridad.

En principio, la presencialidad debe ser el modelo a seguir tanto como sea posible. Cuando se limite, será porque las condiciones sanitarias lo aconsejen, porque si no habrá un problema desde muchos puntos de vista. Pero creo que la presencialidad debe ser la base.

 

Durante la pandemia, creo que todos los profesores reaccionaron con mucha generosidad, pero no todos teníamos, y me incluyo, la suficiente capacidad para responder a esa situación en términos de competencia digital y también en términos de pedagogía. ¿Cuáles son los caminos de futuro?

Es un ámbito que tenemos que abordar. Hay una tarea básica de formación. Tenemos ya una experiencia de lo que supone el modelo que hemos desarrollado con los títulos de grado, de magisterio, de máster del profesorado de secundaria, etcétera. Podemos mantenerlo con algunas modificaciones. Con base en el principio de autonomía universitaria, se ha llevado a cabo un desarrollo desigual de esos títulos y no quiero que se entienda que hay que acabar con esa autonomía universitaria, pero es necesario llegar a pactos. Estamos trabajando con las conferencias de decanos de las facultades de educación para llegar a ciertos acuerdos sobre qué cosas incluir. Las normas no llegan a tal grado de precisión y, sin embargo, los profesores nos dicen que no están preparados para la educación inclusiva, las nuevas metodologías o la digitalización. Habrá que incluirlo en los programas. Si no hay una norma que lo haga, lleguemos por la vía de los acuerdos, a que se incluya.

 


 

Alejandro Tiana Ferrer es doctor en filosofía y letras por la Universidad Complutense de Madrid, especializado en pedagogía, y catedrático de teoría e historia de la educación.

Se ha desempeñado, entre otros cargos, como secretario general de Educación, rector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y actual secretario de Estado de Educación de España.

 


 

* Directora de Cuadernos de Pedagogía. Extracto de la entrevista publicada originalmente en Cuadernos de Pedagogía, núm. 512, septiembre de 2020, Wolters Kluwer.

 

 

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