El fracaso escolar en Europa

El fracaso escolar en Europa

 

El grave problema de la deserción escolar y las múltiples consecuencias negativas que acarrea no es exclusivo de nuestras latitudes. En la Unión Europea más de seis millones de jóvenes abandonan el sistema escolar sin una cualificación relevante para el mercado laboral. ¿Qué se está haciendo en el Viejo Continente para combatir esta situación?

 

 

La Comisión de la Unión Europea (UE) ha decidido poner en marcha un plan de choque contra el fracaso escolar con el objetivo de ayudar a los Estados miembros a alcanzar el objetivo principal de Europa 2020 de reducirlo por debajo de 10%. Dos razones fundamentan esta decisión: la primera es el relativo fracaso de la Estrategia de Lisboa en Educación para 2010, que contenía ya una llamada de atención acerca de esta cuestión; la segunda, tanto o más importante, es el valor económico del fracaso escolar. En palabras de la comisaria europea de Educación, Androulla Vassiliou, en la presentación de esta estrategia “bastaría con reducir en un punto porcentual la proporción de personas que abandona prematuramente la escuela en Europa, para que se produjera un aumento de casi medio millón de jóvenes cualificados cada año. La mayoría de los países de la UE han avanzado en la reducción del número de jóvenes que abandonan los estudios con una baja cualificación, pero aún queda mucho por hacer”. En efecto, en la UE más de seis millones de jóvenes abandonan el sistema escolar sin una cualificación relevante para el mercado laboral. Estos jóvenes se enfrentan a graves dificultades para encontrar trabajo y tienen más posibilidades de estar desempleados y de depender de prestaciones sociales.

Las propuestas de la comisión en esencia implican tres ámbitos distintos de intervención:

  1. La prevención del abandono escolar prematuro, que debe empezar lo antes posible, ayudando a los niños en su aprendizaje y evitando las condiciones que pueden desencadenarlo, como la repetición de curso o la falta de apoyo a los niños que tienen una lengua materna distinta de la de la escuela.
  2. Las medidas de intervención dirigidas principalmente a combatir la falta de asistencia y los bajos niveles de rendimiento.
  3. Las medidas compensatorias destinadas a ofrecer "segundas oportunidades" de aprendizaje, como clases de apoyo en la escuela, y la posibilidad de que los adultos jóvenes reanuden sus estudios.

La actual media de la UE, de 14.4% de fracaso escolar, oculta notables diferencias entre los distintos países. Para empezar, ocho ya han alcanzado el valor de referencia de 10% previsto por la Estrategia de Lisboa para 2010: Austria, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Finlandia, Lituania, Luxemburgo y Polonia. En segundo lugar, algunos países que ya presentaban bajos índices de abandono escolar prematuro a principios de la década, como Lituania, Luxemburgo, Países Bajos y Polonia, también han realizado notables avances. En tercer lugar, más importante aún, algunos de los países que presentan un alto índice también han logrado reducciones importantes: Chipre, Italia, Malta, Portugal y Rumania. Finalmente, tres países siguen presentando índices superiores a 30%: Malta, Portugal y España.

A la vista de los datos, algunas autoridades han cuestionado la definición de fracaso escolar utilizada por Europa. En concreto, se ha oído en España que se trata simplemente de un problema conceptual, puesto que quienes no alcanzan los objetivos previstos para la enseñanza secundaria obligatoria en España no obtienen el título correspondiente, con lo que se crea una situación ficticia de fracaso escolar, porque en otros países quienes no logran los objetivos consiguen un título que acredita sus competencias. Por consiguiente, el culpable de las altas cifras españolas de fracaso escolar no sería otro que la legislación educativa: cambiando la normativa sobre la obtención del título de educación secundaria obligatoria las cifras de fracaso escolar mejorarían en términos comparativos. En realidad, todo se reduciría a un problema de falta de portabilidad del concepto de fracaso escolar entre países.

Pero, ¿cómo mide la Comisión Europea el fracaso escolar? Por desgracia para quienes pretenden matar al mensajero, la definición operativa de fracaso escolar que ha adoptado la comisión no admite dudas: no se trata de las tasas de graduación de la enseñanza secundaria obligatoria sino del porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años de edad que sólo cuentan, como máximo, con el título de enseñanza secundaria obligatoria y que no se encuentran estudiando. Por consiguiente, aunque la tasa de graduación en la enseñanza secundaria obligatoria fuera de 100%, el porcentaje de fracaso escolar en España, tal como lo mide la Comisión Europea, seguiría siendo el mismo, puesto que el cambio normativo no haría aumentar el número de jóvenes con un título pos enseñanza secundaria obligatoria.

Esta redefinición del fracaso escolar supone un cambio conceptual con importantes implicaciones políticas. La comisión está promoviendo una perspectiva económica, laboral y social del fracaso escolar en lugar de limitarse a una dimensión estrictamente educativa. Y este cambio de perspectiva tiene consecuencias muy importantes para el debate político. Ya no se trata de dirimir cuáles son las causas del fracaso escolar y qué políticas educativas y sociales pueden ayudar a reducirlo, sino más bien de identificar cuáles son las políticas que pueden ayudar a aumentar el volumen de jóvenes con una cualificación apropiada a las necesidades de los actuales mercados laborales europeos. La primera consecuencia inmediata es un reposicionamiento del papel de la escuela en un contexto más amplio de cualificación de los recursos humanos del país, con un mayor énfasis en las competencias escolares directamente relacionadas con la cualificación futura. La segunda consecuencia es que se centra la atención en la educación secundaria pos obligatoria y, más concretamente, en la formación profesional. Es un signo de los tiempos que los debates acerca de políticas educativas giran cada vez menos alrededor de aspectos estrictamente escolares o pedagógicos para centrarse más en los vinculados a los procesos de cualificación en relación con las nuevas necesidades de los mercados laborales.

 


 

* Director de asesoramiento en políticas educativas, UNESCO, París. Artículo publicado originalmente en Cuadernos de Pedagogía, núm. 411.

 

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